La mafia de siempre

«Murió con el estómago vacío», tituló The New York Post la noticiadel asesinato de Castellano cuando entraba a cenar

Operación de la policía italiana contra la Mafia de Palermo/AFP
Operación de la policía italiana contra la Mafia de Palermo / AFP
DIEGO CARCEDO

La mafia siciliana existe y persiste más allá de las producciones cinematográficas que inspira. Existe en Sicilia y sobre todo se mantiene viva y activa con sus métodos habituales en los Estados Unidos. Estos días ha sido noticia el asesinato de Frank Cali ('Frank Boy' entre los suyos), el padrino de la familia Gambino, la que acumula más poder, a la puerta de su ostentoso domicilio en Sataten Island, un lugar tradicional de residencia de los jerifaltes de la Cossa Nostra.

Cali, a sus 53 años, era considerado como un sujeto peligroso y despiadado. Varios de los asesinatos cometidos por la organización en los últimos años le eran atribuidos, aunque nunca probados. Hacía más de treinta años que un capo de su nivel no era víctima de una vendetta al estilo clásico de la mafia. Como jefe de la familia Gambino controlaba múltiples negocios y decidía sobre la suerte y la vida de muchas personas.

Las férreas medidas de seguridad que le protegían resultaron insuficientes para librarse del ajuste de cuentas que le dejó tendido en la calle con seis tiros en el cuerpo y aplastado por el coche de sus verdugos. Era el sucesor del temible John Gotti, muerto en la cárcel, quien en 1985 ordenó y presenció cómo sus sicarios disparaban a Paul Castellano, el padrino de la familia en esos momentos. El asesinato se produjo a la entrada del restaurante en que iban a cenar juntos.

Ocurrió en el centro de Manhattan, muy cerca de mi oficina, y tuve la oportunidad de llegar pocos minutos más tarde. Todavía Castellano estaba tendido en el suelo rodeado de un charco de sangre. El restaurante era una brasserie que además de servir carne excelente era famosa por tener la mejor carta de vinos de Nueva Yor, y una de las pocas que incluía una página de marcas españolas.

Las sospechas de que se trataba de una ejecución decretada por Gotti, estuvieron en los titulares de la prensa local desde el primer momento, pero convertido en sucesor, permaneció en libertad varios años hasta que uno de sus guardaespaldas acabó denunciándolo. En los Estados Unidos fue un suceso sobre el que se especuló mucho tiempo. Hubo quien pensó que con aquel escandaloso asesinato, presenciado por decenas de personas, la mafia renunciaría a su recurso a la pistola.

Craso error: la mafia es una organización centenaria que inviste la delincuencia en una mística de corte religioso. Por mucho que sufren persecuciones, sus sucesivas generaciones no renuncian a ser una secta que se aferra a sus principios y a sus métodos con la muerte en juego. En sus redes nadie está seguro, pero son pocos los que renuncian a ser miembros. En los Estados Unidos los medios hablan de la mafia y de sus capos con mucha normalidad y a veces hasta con humor. «Murió con el estómago vacío», tituló The New York Post la noticia del asesinato de Castellano cuando entraba a cenar.