La hora de pactar

Los partidos tienen la obligación de dar una respuesta a los ciudadanos tras meses de incertidumbre

IDEALGranada

Pedro Sánchez comenzará esta próxima semana los contactos encaminados a conseguir ser investido presidente del Gobierno, para lo cual necesita mayoría absoluta en una primera votación o más síes que noes en la segunda. El Rey, que debería proponerlo, ya ha insinuado que no tomará iniciativa alguna hasta que decante una fórmula de gobernabilidad.Si no hubiera acuerdo el 23 de septiembre, se convocarían automáticamente elecciones generales que se celebrarían el 10 de noviembre. Sánchez puede viajar a Bilbao, a iniciar la ronda de contactos con el PNV, que ya ha afirmado su disposición a respaldar la investidura siempre que el PSOE y Unidas Podemos lleguen al acuerdo sin el cual no hay opción de lograr la necesaria mayoría. Posteriormente, los socialistas entablarán conversaciones con las minorías que podrían apoyarlos en ciertas condiciones: Adriana Lastra hablará con ERC, cuya abstención resolvería la investidura si PSOE y UP votan a favor, y que ya se ha mostrado partidaria de facilitar el gobierno de la izquierda para que no gobierne la derecha. Pero septiembre es un mes complicado: el 11 se celebra la Diada y en cualquier momento podría conocerse la sentencia del 1-O. La negociación medular será sin embargo la que Sánchez aborde con Iglesias. Fuentes cercanas al líder socialista afirman que la propuesta inicial será la de un pacto de legislatura no muy distinto del que ya firmaron las dos fuerzas sobre los fallidos Presupuestos de 2019, con la condición de que si se establece una relación franca de confianza y cooperación, Sánchez daría entrada en el Gobierno a ministros de Unidas Podemos durante la legislatura para transformar el pacto en verdadera coalición. No será fácil que Iglesias acepte esta gradualidad.

El dilema entre investidura y elecciones afecta a los intereses de partido: PP y PSOE podrían salir beneficiados de una nueva consulta, en detrimento de UP, Cs y Vox, supuestamente a la baja según las encuestas. Pero este cálculo ya no es legítimo porque, tras casi cuatro años de inestabilidad política, se avecina ahora una situación económica más deprimida, que de momento es de ralentización pero que podría llegar a ser previa a una verdadera recesión. Los ciudadanos ya se expresaron el 28-A y ahora son los partidos los que tienen que dar corporeidad al encargo. Y si no lo hacen, es muy posible que los electores realicen su particular ajuste de cuentas, por lo que nadie, ni siquiera el PSOE, debería confiarse.