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El grafiti que no podemos perder(nos)

El Niño de las Pinturas observa su mural en la Cuesta de Escoriaza/RAMÓN L. PÉREZ
El Niño de las Pinturas observa su mural en la Cuesta de Escoriaza / RAMÓN L. PÉREZ
FERNANDO FEDRIANIGranada

Hace pocos minutos he firmado una petición en Change.org para solicitarle al Ayuntamiento de Granada que le conceda a Raúl la posibilidad de restaurar, como él desea, uno de sus primeros murales. Si hace unos años me hubiesen dicho que me pronunciaría a favor de un grafiti, no me lo hubiese creído. Él me enseñó a amarlos. Sin embargo, lo más increíble de todo es que ya ha llegado a la mayoría de edad una mirada tan tierna. Hace casi dos décadas se alzó una nueva presencia en el Barranco del Abogado. No se trata de un grafiti más, quizá porque hemos compartido muchos momentos relevantes a su lado. Para muchos simboliza una época, nuestra visión primera de nuestra ciudad, pues lleva muchos giros dándonos la entrada en el Realejo al sortear La Escoriaza. Ese niño, creado por El Niño de las Pinturas, ha ido perdiendo color y brío, aunque su mirada cabizbaja no ha claudicado, no ha soltado ni un ápice de su expresividad.

 

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