Enredo preelectoral

La eventual abstención del PP y Ciudadanos para investir a Pedro Sánchez abre un nuevo escenario, aunque es improbable que evite nuevos comicios

La iniciativa de Albert Rivera de compartir con Pablo Casado la oferta dirigida a Pedro Sánchez para abstenerse en una posible votación de investidura puede responder a la necesidad partidaria de Ciudadanos de resituarse políticamente ante la previsible repetición de las elecciones generales el 10 de noviembre. Pero incluso en ese caso introduce un cambio de escenario porque da verosimilitud a una eventualidad que parece improbable en esta ocasión y que, sin embargo, podría hacerse valer tras unos nuevos comicios, lo que la volvería omnipresente durante la campaña electoral. Rivera limitó su propuesta a la negociación sobre los supuestos que obligarían a la aplicación del 155 en Cataluña, a que Navarra Suma gobierne la comunidad foral en coalición con el PSN y a que no se incremente la presión fiscal sobre las familias y los autónomos. En una réplica propia de quien ya está en campaña, Pedro Sánchez contestó que la oferta demuestra que Ciudadanos y PP no tienen razón alguna para brindarle la abstención en la investidura, dando a entender que tales condiciones carecen de valor político. Como si las cuestiones planteadas por el líder de Ciudadanos estuvieran amortizadas por la propia acción de su Gobierno. La mera hipótesis de que PP y Ciudadanos optaran por facilitarle la investidura ahora, sin necesidad de unas nuevas elecciones, o después del 10 de noviembre invita a pensar que sus hasta ahora «socios preferentes» se inclinarían hacia el voto en contra. Porque del mismo modo que el presidente en funciones no concibe un apoyo gratis de Unidas Podemos a su investidura que deje la gobernación a la intemperie, tampoco puede imaginar que la eventual abstención de PP y Ciudadanos sea inocua para la legislatura a cuyo inicio pudiera dar lugar. Llegados a este punto, a las últimas consultas del Rey para ver si cabe gobernar el país a partir del escrutinio del 28 de abril, es imprescindible que los principales dirigentes y partidos se guarden de enredar las vertientes más sensibles para la convivencia en clave electoralista. Hoy es imprescindible que Iglesias, Rivera, Casado y Sánchez se expresen con absoluta franqueza ante Felipe VI. Una responsabilidad que atañe especialmente al líder socialista porque corresponde a él, como aspirante con más posibilidades para ser propuesto a la investidura, informar al jefe del Estado sobre si cuenta o no con los apoyos parlamentarios precisos.