Dependientesde Ormuz

La sola hipótesis de que podríamos estar ante una guerra soterrada añade incertidumbre a la economía global

Los ataques sufridos esta semana por dos petroleros –uno japonés y el otro holandés– en el estrecho de Ormuz se sumaron a otros cuatro episodios que hace un mes recordaron que por ese punto geográfico transita buena parte del crudo que consume el mundo. Los dos últimos sabotajes explosivos han coincidido en un momento de especial tensión entre Washington y Teherán, y con la visita mediadora del primer ministro nipón, Shinzo Abe, a Irán. Sus efectos económicos fueron inmediatos, con la subida de un 4% en el precio del petróleo, que acabaría situándose en el 2%. Sin duda, ha sido una señal de advertencia; cuya autoría material resultará muy difícil de identificar con valor jurídico. Pero la sola hipótesis de que podríamos encontrarnos ante una guerra soterrada, que estaría en condiciones de recrudecerse en cualquier momento o de dar lugar a una sucesión de ataques que acabaran cerrando el estrecho de Ormuz, añade incertidumbre a los factores críticos que afectan a la economía global; cegando en el conflicto las expectativas que pudieran albergarse en las sociedades del Golfo Pérsico – de Arabia Saudí a Irán– para aspirar a futuros de mayor libertad. Es imprescindible que la clarificación de los hechos cuente con el reconocimiento del Consejo de Seguridad de la ONU para que pudieran avalarse intervenciones siempre sujetas al derecho internacional. Pero el problema estriba en la persistencia de un terrorismo anónimo que en este caso afecta a la distribución del petróleo, y que bien podría relacionarse con esa otra intervención al margen del derecho internacional que se desarrolla en una amplísima región del Planeta –entre Siria y Yemen– al margen y en contra de los fundamentos que recoge la Declaración de Derechos Humanos y el bagaje posterior de acuerdos internacionales. El gobierno de Ali Jamenei ha afirmado: «Estamos a cargo de mantener la seguridad en el Estrecho»; generando más inquietud que confianza. Queda por demostrar que patrullas de la Guardia Revolucionaria iraní hubieran participado en los ataques a los petroleros; aunque las imágenes ofrecidas por el Mando Central de las fuerzas armadas estadounidenses apuntan a ello. Es urgente que el estrecho de Ormaz quede fuera de peligro; lo que contribuiría a la distensión en la vida de millones de personas de su entorno. Es urgente que EE UU y sus países aliados impidan que la crisis regional dé cabida al desarrollo de una guerra soterrada, opaca al escrutinio mundial.