El PP vira hacia la derecha con la elección de Casado

Casado, ayer, entre su esposa, Isabel Torres, y su antecesor, Mariano Rajoy, después de ser proclamado nuevo presidente del PP. / AFP

El nuevo presidente del partido derrota con facilidad a Sáenz de Santamaría, 57% frente a 42%, con un discurso que tildó de renovador, pero bañado en las esencias aznaristas

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

El XIX congreso extraordinario del PP certificó el volantazo a la derecha con la elección de Pablo Casado como nuevo presidente del partido. Con un discurso basado en la unidad de España, defensa de la familia y dureza contra los nacionalistas, derrotó con comodidad a Soraya Sáenz de Santamaría, la ganadora de la primera vuelta con los militantes y la derrotada por los compromisarios. «El PP ha vuelto», proclamó el vencedor, una frase muy del gusto de José María Aznar, que se ha quejado estos años de la indefinición y poca consistencia del partido.

Los delegados del congreso escogieron ayer a «uno de los nuestros», un joven 'pata negra' del partido, para que sea su líder, y no se dejaron seducir por una exvicepresidenta que hasta estas primarias apenas había pisado las sedes ni se había mezclado con la militancia. Donde uno puso ilusión y corazón, la otra puso continuidad y gestión. Pudo más el discurso encendido desde las vísceras de Casado que la fría lectura de Sáenz de Santamaría de su informe. El PP se encamina hacia una nueva etapa sin atisbos del 'marianismo'.

Casualidades del calendario, Rajoy cerró ayer un ciclo de 14 años al frente del partido, de 2004 a 2018, el mismo tiempo que estuvo Aznar al timón, de 1990 a 2004, y dicen que no hay dos sin tres. Aunque su llegada a la presidencia haya sido más convulsa que las plácidas proclamaciones de sus antecesores.

El gran temor de la dirección del partido en esta ocasión era que el filtro de los compromisarios revocara la decisión de la militancia. Y así ha sucedido. Sáenz de Santamaría ganó el 5 de julio con el 36,9% de los votos de los afiliados por el 34,3% de Casado. Pero ayer el 57% de los compromisarios dio su respaldo al nuevo presidente por el 42% que apostó por la exvicepresidenta. La razón del vuelco hay que buscarla en los delegados de las cuatro candidaturas derrotadas en la primera vuelta. El exportavoz del PP logró hacerse con la mayoría y su respaldo subió 23 puntos respecto a la primera votación, mientras Sáenz de Santamaría tuvo que conformarse con migajas, apenas creció cinco.

El aparato del partido ha hecho valer su poder, y los compromisarios, en su gran mayoría cargos de mayor o menor nivel en el PP, siguieron las instrucciones de sus líderes territoriales. Un terreno en el que Casado, al fin y al cabo un hombre de partido, aventajaba con diferencia a Sáenz de Santamaría, una advenediza para los usos y costumbres de los populares. Se ha producido una inversión de apoyos que hace albergar los peores temores a muchos dirigentes, máxime cuando la candidata perdedora se declaró ayer depositaria de la voluntad de la militancia. Si hay tormenta o reina la calmachicha se verá en las próximas horas. De momento, todo eran abrazos y apelaciones a la unidad sin ninguna palabra disonante.

Pero por si acaso, Casado intentó taponar las heridas antes de que sangren y en su discurso de clausura declaró que «nadie ha perdido. Solo ha ganado el PP. Salimos más fuertes y más unidos». Tendió la mano a la derrotada para que ella o miembros de su equipo se integren en su comité ejecutivo. Sáenz de Santamaría respondió que aún no había recibido ninguna invitación del ganador, pero se mostró dispuesta a «trabajar juntos». Casado, después de la clausura, apuntó que la confluencia será «fácil» aunque dijo no tener prisa por hablar con la exvicepresidenta. No ha designado ni secretario o secretaria general ni ha distribuido las vicesecretarías.

«No os voy a defraudar»

El exportavoz del partido defiende un planteamiento en teoría antitético, avanzar con un proyecto «renovador» pero retornar a las esencias del PP, a su entender desdibujadas en los últimos años. No mencionó a Aznar, pero su discurso guardó similitudes con el de aquellos años. Compromiso inquebrantable con la Monarquía; unidad de España a toda costa, cuyo mejor exponente es «la España de los balcones y las banderas»; defensa de la familia con rechazo a la ley del aborto, la eutanasia y nuevas políticas de natalidad; combate a los nacionalistas para minimizar su influencia en la política nacional con cambios en la legislación electoral; reformas del Código Penal para endurecer los castigos a las intentonas independentistas, aunque en esta ocasión no habló de ilegalizar partidos independentistas; y bajadas de impuestos. Un ideario que podría llevar la firma de Aznar, y que formará el 'corpus' ideológico del «nuevo PP».

Casado echó mano también de una frase de José Luis Rodríguez Zapatero para pedir un voto de confianza a los suyos. «No os voy a defraudar», prometió como hizo el líder del PSOE la última vez que fue reelegido secretario general. «Hemos vuelto», anunció a voz en grito como si Rajoy y su dirección del partido se hubieran tomado siete años de vacaciones en el Gobierno.

El hasta ayer líder del partido escuchó con rostro inexpresivo el repaso al pasado reciente de su sucesor, al que saludó con un abrazo de compromiso y sonrisa de circunstancias. No se le veía contento y ni siquiera las lisonjas que le dedicó Casado en su primer discurso como presidente del PP hicieron que cambiara su rostro.

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