Lo que se juega cada partido el 10-N

Los candidatos de PP, PSOE, Cs y UP /R.C.
Los candidatos de PP, PSOE, Cs y UP / R.C.

PSOE y PP aspiran a reforzar sus posiciones en los bloques de izquierda y derecha a costa de Unidas Podemos, Ciudadanos y Vox, cuyas perspectivas electorales no son demasiado halagüeñas

PAULA DE LAS HERAS , NURIA VEGA , RAMÓN GORRIARÁN y MIGUEL ÁNGEL ALFONSOMadrid

Unos y otros repiten en público que el peor escenario posible es la repetición electoral. Pero desde el 28 de abril, salvo el frustrado acuerdo PSOE-Unidas Podemos de formar un gobierno en coalición, que naufragó en la fallida sesión de investidura de finales de julio, todo apuntaba a que tendrían que ser las urnas las encargadas, si dan los números, de cuadrar las cuentas de una nueva legislatura. Algunos, metidos en precampaña desde hace ya semanas, se las prometen felices por los vaticinios de los sondeos. Otros temen un castigo electoral el 10-N.

PSOE

Sánchez aspira a salir reforzado y restar influencia a las fuerzas independentistas

El PSOE no tiene en estos momentos, con las encuestas en la mano, ninguna razón para temer por su primacía ni tampoco para pensar que el próximo 10 de noviembre pueda producirse un vuelco a favor del bloque de la derecha representado por el Partido Popular, Ciudadanos y Vox. Sin embargo, en el partido, y especialmente en los aparatos territoriales encargados de engrasar de nuevo la maquinaria electoral, se respira una enorme inquietud. Los más optimistas piensan que, en el mejor de los casos, la situación puede acabar exactamente como está. Los más pesimistas recuerdan aquellos sondeos que animaron a Susana Díaz a adelantar elecciones el pasado invierno, en la sorpresa de Vox y en la traumática pérdida de un feudo histórico que los socialistas llevaban gobernando más de 36 años.

Pedro Sánchez, sin embargo, cree que los comicios son a estas alturas el «mal menor». En el entorno del secretario general aseguran que se ha convencido de que formar un Gobierno de coalición con Unidas Podemos, cuando hay sobre la mesa retos importantes en los que mantienen posturas muy dispares como la crisis catalana o las eventuales respuestas a una situación de desaceleración económica, habría sido muy negativo y habría acabado abocando a elecciones igualmente en un plazo no muy largo de tiempo. Pero además, el presidente del Gobierno cree que tiene una oportunidad real de generar un resultado más sencillo de gestionar y que, además, le permita no tener que hacer descansar la gobernabilidad en los independentistas.

Algunas fuentes aseguran que en Moncloa manejan sondeos que catapultarían al PSOE hasta los 140 escaños. Es una cifra que sigue estando muy lejos de la mayoría absoluta (176), pero los socialistas creen que, como ocurrió tras la repetición electoral de 2016, cuando el electorado reforzó a Mariano Rajoy, el resto de actores se verán impelidos a mantener una actitud conciliadora y más generosa. Eso explica que, en los últimos días, Sánchez haya machacado una y otra vez la idea de que su principal preocupación es alumbrar un Ejecutivo estable. Con esa llamada, aspira a arañar votos a su izquierda pero también a su derecha.

El hecho de que Ciudadanos abriera este martes por primera vez la puerta a una abstención, después de meses de rechazo a cualquier maniobra que pudiera allanar el camino al «plan» de Sánchez y su «banda», es para los socialistas una señal de que van por el buen camino.

Partido Popular

Casado busca reforzarse como líder de la oposición a costa de Ciudadanos

El PP es, probablemente, el partido que menos se juega en la repetición electoral. Tras tocar su suelo el 28 de abril al descender hasta los 66 escaños, los populares confían en que los pronósticos se cumplan y puedan superar, esta vez, los 80 diputados. Un resultado muy alejado de las marcas tradicionales de la formación conservadora y que supondría la segunda derrota de Pablo Casado en apenas siete meses, pero que podría venderse desde la dirección en términos de crecimiento y servir para ampliar la distancia respecto a Ciudadanos.

En las últimas semanas, los populares han sido intencionadamente precavidos, procurando no trasladar la imagen de un partido que, situado al margen de las negociaciones de la investidura, ve en los comicios una segunda oportunidad. Pero eso no significa que el PP no haya comenzado a prepararse para la nueva contienda.

La cúpula se ha volcado en perfilar una imagen más institucional de Casado, que, si bien no ha variado el enfoque y el fondo de su discurso, ha contenido el número de intervenciones públicas tras repartir juego entre sus portavoces. Además, los populares han ensayado desde agosto una nueva forma de apelar a la unidad de voto en el centro derecha: España Suma. Como coalición para concurrir al Congreso con Ciudadanos, tiene pocos visos -o ninguno- de prosperar. Pero el PP ve en su oferta una manera de presentarse ante el electorado como el único que rema contra la fragmentación para desbancar al PSOE.

Ese argumento y el de la responsabilidad de Sánchez en el fracaso de la legislatura serán ejes de una campaña que los populares no creen, a día de hoy, que vaya a servir para dar el vuelco a los resultados del 28-A. Pese a que se ha publicado alguna prospección que baraja que la suma de la derecha pueda llegar incluso a la mayoría absoluta, fuentes del PP cuestionan que eso sea probable, aunque siempre exista el factor incertidumbre y la abstención no se pueda calcular a día de hoy.

También en las filas populares piensan en el día después del 10-N y en si la presión por facilitar la investidura recaerá en el PP. Por ahora, entienden que, al menos en primer lugar, las miradas virarán hacia Ciudadanos, pero no descartan que aumente el volumen de las voces internas partidarias de ejercer como garantía de gobernabilidad.

Ciudadanos

Rivera se mueve en el terreno adverso de las encuestas

Ninguna de las encuestas concede a Ciudadanos motivos para la tranquilidad en la precampaña. Si los sondeos, aun prematuros, van bien encaminados, el partido de Albert Rivera, que logró alcanzar los 57 escaños el 28-A, perderá el 10 de noviembre buena parte de su musculatura. Entre 4 y 22 diputados. Una horquilla amplísima, según qué estudio se lea desde la investidura fallida de julio, que advierte, en todo caso, de que los liberales parten en situación de desventaja.

La demoscopia sirve, desde luego, para entender el contexto en el que Ciudadanos introdujo este lunes, en el tiempo de descuento, una corrección en su discurso de los últimos meses. Tras haber calificado al PSOE y sus potenciales socios en el Congreso de «banda» y haber negado, en consecuencia, sus votos para facilitar la reelección de Pedro Sánchez, Albert Rivera ofreció al presidente del Gobierno en funciones una abstención condicionada. El cambio supone una enmienda a la posición sostenida durante el verano y los liberales, que no ignoran las encuestas, podrían intentar combatir así la narrativa que les sitúa en el lado del bloqueo político.

En realidad, ni tan siquiera en plena crisis interna, Ciudadanos pensó en revisar su estrategia. Fue en junio cuando los críticos con el viraje de Rivera a la derecha comenzaron a abandonar el partido. El portazo al entendimiento con el PSOE sembró el terreno para que Toni Roldán y, más tarde, entre otros, Francisco de la Torre anunciaran su marcha. Pero la decisión de pugnar con el PP por el liderazgo de su espacio electoral estaba tomada.

Ese será, de hecho, el terreno en el que se mueva Ciudadanos en las próximas semanas. Y las condiciones son adversas. La repetición electoral, al menos según los pronósticos realizados hasta el momento, podría acabar premiando al bipartidismo en detrimento del resto de formaciones. De ser así, Rivera vería cómo se aleja la posibilidad de adelantar al PP en las urnas, aunque en el partido liberal relativizan los sondeos.

De momento, Ciudadanos ha puesto freno a la propuesta de los populares de concurrir juntos en las elecciones ante el riesgo de que su proyecto quede desdibujado. La dirección de Rivera ha rechazado la oferta de coalición con el PP bajo la marca España Suma. También ha cuestionado esta fórmula como mecanismo para multiplicar las opciones de la derecha en el Senado, aunque en el partido de Pablo Casado no dan ninguna puerta por cerrada.

Unidas Podemos

El liderazgo de Iglesias puede ponerse a prueba con otro retroceso en las urnas

Unidas Podemos, como otras fuerzas políticas, teme la cita electoral del 10 de noviembre. Sus expectativas no son buenas y todo apunta a otro retroceso en las urnas. Pablo Iglesias y su equipo son conscientes de que pueden pintar bastos porque sus votantes, al igual que los socialistas, tampoco alcanzan a entender por qué no se ha llegado a un acuerdo después de haberlo tocado en julio con la punta de los dedos.

Aquella oferta de Pedro Sánchez de una vicepresidencia y tres ministerios en un gobierno de coalición, entonces despachada con cajas destempladas con el argumento de su vacuidad, se convirtió en el objeto del deseo en las negociaciones retomadas y frustradas a la vuelta del verano. Podemos quiso dar marcha atrás pero no encontró espacio para hacer la maniobra.

Así como el fracaso de 2016 pasó factura a los morados, que pasaron de 72 escaños a 42 en las elecciones del pasado 28 de abril, el escenario puede volver a reeditarse el próximo 10 de noviembre, y colocaría en una precaria situación a Iglesias al frente de su organización. Algunos apuntan incluso a que podría desembocar en una nueva asamblea ciudadana para renovar los órganos de dirección. La última, la de Vistalegre en febrero de 2017, fue traumática. Iglesias se hizo con el control absoluto del partido pero el precio de la división fue muy elevado.

Pero los problemas no serían exclusivos de Iglesias. Izquierda Unida se enfrentará a una difícil renovación del acuerdo electoral con Podemos, tarea que ya supuso un gran esfuerzo para Alberto Garzón la última vez. El sector crítico arguyó que el pacto iba a conducir a la disolución de su organización en las aguas moradas, un argumento que cobrará más fuerza en esta ocasión. También Catalunya En Comú tendrá dificultades para reafirmar la confluencia electoral. Durante las últimas negociaciones, Iglesias se mostró dispuesto a renunciar por escrito a la demanda de un referéndum en Cataluña, y eso fue cruzar una línea roja.

La dirección de Podemos, sin embargo, no ve tan oscuro el cuadro. Recuerda que en todas las convocatorias electorales las encuestas arrojan negros presagios que luego no se confirman en las urnas. Pero admite que en esta ocasión hay un factor nuevo, la desmovilización del electorado de izquierda, frustrado por el tercer fracaso para llegar a un acuerdo entre PSOE y Podemos.

Vox

Los de Abascal aspiran a recuperar el protagonismo perdido este verano

Los últimos sondeos del CIS no son muy halagüeños para el partido liderado por Santiago Abascal. El barómetro de julio otorgó a Vox el 4,6% de los votos, una cifra bastante inferior al 10,26% del total de las papeletas que recibieron en las generales del pasado 28 de abril. Además, las negociaciones de este verano les han quitado el protagonismo mediático con el que irrumpieron en la escena política preelectoral.

Sin embargo, los de Abascal siguen renunciado categoricamente a la posibilidad de coaligarse en algunas circunscripciones con el Partido Popular o Ciudadanos en las que La Ley D'Hont provocó un reparto de votos que causo una auténtica sangría de escaños en la derecha. De hecho, el portavoz de la formación en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros, ya dejó claro durante la ronda de contactos de esta semana que ni siquiera abogaba por sumarse a una eventual abstención junto a ambos partidos, a los que bautizó como «el tricentrito progre -junto al PSOE-».

Por tanto, Vox volverá a depender de los golpes de efecto y las declaraciones altisonantes para hacerse oír en una campaña en la que concurrirán en solitario, aunque esta vez con la duda de si muchos de sus votantes volveran a introducir en las urnas las papeletas de los partidos tradicionales, sobre todo si formaciones como el PP apelan al voto útil.

Si aquellos 24 escaños con los que irrumpió en el Congreso supieron a poco a los de Abascal en Abril, ya que las encuestas les otorgaban entre 29 y 37 diputados, quizá el 10 de noviembre sean recibidos como un éxito.