La foto robada del 'alzamiento'

Franco, subido a un escabel, saluda a la multitud desde una balconada del Palacio de Oriente. /Daniel Ortiz
Franco, subido a un escabel, saluda a la multitud desde una balconada del Palacio de Oriente. / Daniel Ortiz

Franco, acomplejado por su baja estatura, cuidaba mucho su imagen. Cuando accedió al poder olvidó sus traumas y se presentó como redentor de España

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUAMadrid

Al principio, Francisco Franco no asustaba a nadie. Su voz aflautada y su corta estatura (1,64 metros) le hicieron blanco de las mofas de sus compañeros de la Academia Militar de Toledo, que le empezaron a llamar 'Franquito' y 'Cerillita', dado que el Franco adolescente era extremadamente delgado. Su propia hija Carmen confesó a los historiadores Stanley G. Payne y Jesús Palacios que en el centro de instrucción «no lo pasó demasiado bien, porque era muy pequeñajo». El que luego sería general y jefe de Estado, de cuya muerte se cumplen este martes 43 años, ingresó en la Academia a los 14 o 15. A esa corta edad a los críos no les dejaban portar un verdadero mosquetón, de manera que se debían contentar con llevar uno de madera, lo cual avergonzaba al niño, que lo sintió siempre como una «humillación horrorosa». «Los que eran muy altos podían tener para desfilar el mosquetón de verdad, pero a los que eran bajitos les daban uno como de juguete», explica su hija en el libro 'Franco, mi padre'. Quienes le conocen de aquella época lo pintan como un cadete introvertido, taciturno y nada brillante.

Para llegar a la presente foto han tenido que transcurrir muchos años. En ese tiempo, Franco ya se había dotado de una nueva identidad. A partir de la victoria de 1939, le gusta figurar como una especie de redentor de España.

Esta imagen, en la que el dictador saluda a la muchedumbre reunida en la madrileña Plaza de Oriente, muestra que de no haberse subido al escabel de 25 centímetros que le sostiene, los congregados solo habrían visto un busto parlante, una estampa poco heroica y carente de carisma. El autor de la instantánea, que seguramente se hizo un 1 de octubre, fecha en que se celebraba el Anuario de la Exaltación de la Jefatura del Estado, fue el fotógrafo Daniel Ortiz. La agencia Efe dispone de otra muy similar de Franco encaramado a un cajón y que es obra de Miguel Cortés. La de este último data de 1953 y en Efe aseguran que nunca vio la luz. Jamás hubiera pasado el filtro de la censura. «De haber sido publicada, seguramente los pies habrán sido recortados», sostienen en el archivo de la agencia.

Manuel Escalera, que empezó trabajando en 'Nuevo Diario' y 'Diario 16', asegura que eran muy pocos los fotógrafos que tenían acceso al autoproclamado Generalísimo. «Las agencias y diarios de entonces, como 'Abc', 'Ya', 'Arriba', 'Pueblo' o la agencia Efe, tenían sus reporteros gráficos acreditados en el Pardo, que se afanaban gastando carretes cuando se celebraban audiencias o los embajadores presentaban sus cartas credenciales». En alguna ocasión, algún profesional ajeno al círculo de fotógrafos que frecuentaban los despachos oficiales lograba traspasar las puertas de la residencia oficial. «Una vez, los viejos guerreros de la época me pudieron colocar. Pero parecía un mueble más que otra cosa. 'De aquí ni te muevas', me ordenaron. Salí alucinando de cómo funcionaban las cosas», apunta Escalera, de 59 años.

Desde la entrada de las tropas nacionales en Madrid, en 1939, se asoció la figura del general victorioso con las grandilocuentes escenografías fascistas que tanto gustaban a Adolf Hitler y Benito Mussolini. Todo ello con reminiscencias medievales, hasta el punto de intentar vincular a Franco con el Cid. Terminada la contienda, Franco siguió vistiendo su uniforme militar. También exhibía la camisa azul de la Falange y la boina roja de los carlistas, un atuendo que abandonó y fue criando polvo en cuanto se produjo el triunfo de los aliados en la II Guerra Mundial.

Periodistas a toque de silbato

Su primer jefe de Prensa y Propaganda fue el general José Millán-Astray, quien dirigió el departamento con mano de hierro, como si fuera un cuartel militar. No en balde, obligaba a los periodistas a alinearse cuando tocaba el silbato y les hacía escuchar sus inflamadas arengas que le habían hecho famoso en la Legión.

Sin embargo, el ascenso de los 'católicos' a las esferas del poder y el apartamiento de los falangistas fue despojando de aditamentos fascistas la figura de Franco. Así, quedó suprimido por decreto el saludo romano y, en las ceremonias oficiales, progresivamente Franco fue abandonando el uniforme de Falange. En cambio, a partir de 1947, la leyenda 'Francisco Franco, Caudillo de España por la gracia de Dios' rodeó la efigie del dictador grabada en las monedas.

A César Lucas, autor de las famosas fotos del desnudo de Pepa Flores y las del Che Guevara en Madrid, le tocó cubrir la agonía de Franco y su entierro en el Valle de los Caídos. «Estaba al borde la cripta, con un compañero de 'Pueblo', cuidando ambos de que no nos empujara nadie porque podíamos haber caído dentro».

 

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