Nueve de cada diez calcetines de bebé contienen un químico dañino para la salud

Nueve de cada diez calcetines de bebé contienen un químico dañino para la salud

Científicos de la UGR demuestran que los calcetines comprados en tiendas de bajo precio contienen una cantidad de bisfenol-A 25 veces superior a la encontrada en los de franquicias y de marcas exclusivas

ANDREA G. PARRA

«No te comas los calcetines». Es mensaje es claro. Las familias deben asegurarse que sus bebés no se lleven el pie a la boca con el calcetín. Mejor sin esa prensa. Investigadores de la Universidad de Granada (UGR), el ibs.GRANADA, el Hospital Clínico San Cecilio y el CIBER de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) han concluido que nueve de cada diez calcetines para bebés de cero a cuatro años contienen restos de bisfenol-A y parabenos, dos disruptores endocrinos cuyas actividades hormonales están relacionadas con disfunciones que conducen a enfermedad tanto en el niño como en adultos. En definitiva, son sustancias químicas que dentro del organismo modifican las hormonas.

Es el primer estudio científico de estas características que se realiza en toda Europa y pone encima de la mesa que los textiles pueden ser fuente de exposición a contaminantes químicos disruptores endocrino -sustancia química ajena al cuerpo capaz de alterar el equilibrio hormonal-, una situación especialmente preocupante cuando se trata de la exposición de niños de corta edad.

Este trabajo ha sido coordinado por Nicolás Olea, médico en el Hospital Clínico San Cecilio, responsable del grupo de investigación de Oncología Básica y Clínica del iBS.Granada y catedrático del departamento de Radiología de la Facultad de Medicina de la Universidad granadina. Ha sido quien ha explicado en el Centro de Investigación Biomédica (CIBM) del Parque Tecnológico de Ciencias de la Salud (PTS) los resultados de esta última investigación, llevan más de treinta años investigando en esta área. Ha expuesto su «enorme preocupación» por los efectos en enfermedades relacionadas con el peso, tiroides, cáncer, entre otras.

El profesor Olea ha dicho que esto no debe estar ocurriendo. «La Unión Europea y España deben tomar cartas en el asunto». Asimismo, ha reivindicado que las prendas lleven en el etiquetado la información detallada del material con la que se confecciona. Por ejemplo, en algunos geles o cosméticos se consiguió que indiquen ya si están libres de parabenos.

En la investigación presentada a los medios de comunicación este martes, los investigadores han hallado importantes diferencias en la cantidad del producto tóxico detectada según el comercio donde se compran los calcetines. Analizaron muestras de 32 pares de calcetines para niños de entre 1 y 48 meses de edad, que fueron comprados en tres comercios locales distintos, clasificados según el precio de sus artículos: Tiendas de ropa de bajo precio (tres pares de 1.5-1.8 Euros), tiendas de ropa de franquicias (tres pares de 3.0 a 4.5 Euros) y tiendas de ropa de marcas exclusivas (tres pares de 6.95-7.95 Euros)

Los investigadores han estudiado, mediante técnicas de química analítica y complejos tests biológicos que cuantifican la actividad hormonal, la presencia del componente del plástico bisfenol-A y de los preservantes de la contaminación conocidos como parabenos. Y, las concentraciones encontradas en los calcetines de la tienda de bajo precio alcanzaron un máximo de 3.736 ng de bisfenol-A por gramo de calcetín, lo que significa una media de bisfenol-A algo más de 25 veces superior a la encontrada en los calcetines de las tiendas de franquicias y de marcas exclusivas. Los parabenos se encontraron en la totalidad de los calcetines estudiados, con especial presencia del etil-parabeno, seguido del metil-parabeno, pero en concentraciones medias inferiores al bisfenol-A y con menos diferencias entre comercios.

Así las cosas, por su alto contenido en bisfenol-A y la presencia de los parabenos, dos de cada diez calcetines del comercio de bajo precio presentaron actividad hormonal estrogénica, y uno de cada tres del mismo establecimiento presentaron actividad antiandrogénica en los tests biológicos adecuados. Es decir, los extractos de esas prendas textiles se comportan como la hormona femenina y antagonizan a las hormonas masculinas. Debido a esta actividad hormonal, bisfenoles y parabenos son disruptores endocrinos y sus actividades hormonales están relacionadas con disfunciones que conducen a enfermedad tanto en el niño como en adulto. El espectro de enfermedades asociadas a la exposición a disruptores endocrinos es amplio y cubre desde déficits de atención e hiperactividad, alteraciones genitourinarias, desarrollo sexual secundario prematuro y obesidad en los niños a hipotiroidismo, a infertilidad, diabetes y cánceres hormono-dependientes, como el de mama, en adultos.

Los investigadores han estimado el riesgo de exposición de los bebés y los niños, a través de la piel, para cada uno de los compuestos químicos utilizando algoritmos complejos. La interpretación no es sencilla, ya que hay un gran desconocimiento de cómo y cuánto puede absorberse por la piel o cuanto puede liberarse durante el lavado con la consecuente contaminación del agua y del resto de la ropita del bebé.

Sin embargo, lo que más llama la atención a los investigadores es la posible exposición por vía digestiva de estos compuestos químicos contenidos en la ropa, dada la facilidad con la que los bebes chupan sus propios pies y sus calcetines. Por esta razón, el grupo de investigación ha añadido un slogan más a su campaña de sensibilización de la población frente a la exposición a disruptores endocrinos con una recomendación a los padres y madres: «¡no te comas los calcetines!», como se ha indicado.

El grupo de investigación de la Universidad granadina se propone informar a los padres y madres, formar a los sanitarios para que den recomendaciones oportunas, advertir a los productores/importadores sobre la calidad de sus productos y sensibilizar a la administración nacional y europea para que tome cartas en el asunto, siendo mucho más exigente en la regulación de los disruptores endocrinos en los textiles, ámbito de la actividad industrial y comercial realmente desatendido.

Los resultados de esta investigación acaban de publicarse en la revista Environmental International bajo el título: Concentrations of bisphenol A and parabens in socks for infants and young children and their hormone like activities.

El grupo interdisciplinar que dirige el profesor Olea, integrado por investigadores clínicos y básicos, continúa en su búsqueda de nuevas fuentes de exposición humana a compuestos químicos que modifican el equilibrio hormonal, suplantando o «hackeando» la señal que las hormonas transmiten a los diferentes órganos y sistemas y que son conocidos como disruptores endocrinos.

«No es normal mear plástico», crítica Nicolás Olea

Por su parte, Vicente Mustieles, del grupo de investigación e investigador del departamento de Radiología y Medicina Física de la UGR, ha explicado que han realizado otra investigación en la que analizan la presencia de bisfenol-A con la obesidad y el sobrepeso. Explicó que en los estudios han comprobado como nueve de cada diez personas al analizar la orina comprobaron que había presencia de bisfenol-A.

El estudio lo han hecho en niños de nueve a once años. Han analizado los niveles de bisfenol-A en la orina. Han comprobado como a mayores niveles de bisfenolA mayor riesgo de obesidad, sobrepeso y especialmente grasa abdominal. Sobre los niveles que puede ser peligroso, apuntó que en Granada la media era de cinco nanogramos por mililitro. En otros países está en un nanogramo.

Olea apuntó que corresponde a la Administración regularlo y determinar todas las variables incluso reivindicó que se incluya el denominado 'efecto cóctel'. «No es normal mear plástico», denuncia Olea, que fue muy crítico y pidió medidas.

Hace unas semanas, este mismo grupo de investigación de la UGR denunciaba la exposición al disruptor endocrino conocido como bisfenol-A, presente en los tickets y recibos de caja de papel térmico, de especial preocupación para las mujeres jóvenes, en edad de procrear que profesionalmente manipulan cientos de metros de este papel. En este caso se ha determinado que se regule en 2020, Olea se pregunta por qué no se han tomado medidas antes. En Francia se hizo en 2014.

Nicolás Olea que ha participado y participa en reuniones de primer nivel en diferentes organismos lamenta que se tenga en cuenta la opinión de la industria antes que la de los científicos. «Dicen que se pierde en competitividad, pero es que a lo mejor se gana en salud», denuncia mientras agrega que es «penoso». Aboga por el principio de cautela.

Vicente Mustieles advierte que en el tema del bisfenol-A advierte que «el vaso está medio lleno». En las latas de conserva la presencia del bisfenol-A también ha suscitado importantes debates.