Ségolène y los machos blancos

Ségolène Royal, en una imagen de archivo./AFP
Ségolène Royal, en una imagen de archivo. / AFP

Royal ajusta cuentas feministas con el sexismo de la política francesa mediante un #metoo en el que no salva ni el adulterio de Hollande

FERNANDO ITURRIBARRÍAParís

Ségolène Royal ajusta cuentas feministas con «el club de los hombres blancos heterosexuales». Así denomina a los viejos elefantes socialistas de su partido que la combatieron a trompazos machistas en un libro de memorias puesto este miércoles a la venta en Francia. La primera mujer finalista en la carrera al Elíseo no salva ni a su ex adúltero François Hollande en un ejercicio de liberación de la palabra femenina en la política inspirado en el movimiento #metoo. 'Lo que puedo por fin decirles' es un grito contra el sexismo de quienes la han considerado una «intrusa e ilegítima en esos lugares donde amenazamos sus plazas y su dominio».

'Sobrevivir en un mundo de hombres', título del primer capítulo, es toda una declaración de intenciones en el zoo de los machos alfa. «El sexismo es un racismo, se nutre del mismo oscurantismo», reflexiona acerca de esos camaradas masculinos que hablan de sus consejeras como «úteros con patas». Seis páginas ocupa la lista de injurias, insultos e impertinencias recopilados por Royal a sus 65 años, 38 de ellos en la política activa.

«En pelotas» le gritaron desde un escaño a la joven diputada debutante en 1988. Un presidente de comisión parlamentaria se felicitó en 2000 de que participara una «vaca loca» en sus trabajos sobre las harinas animales. «He pensado que cuatro hijos podrías ser una buena ministra de la Familia», le argumentó aquel año el jefe del Gobierno Lionel Jospin. «¿Quién va a cuidar a los niños?», preguntó Laurent Fabius cuando se presentó candidata a las primarias de 2016.

No es de extrañar que de Emmanuel Macron le parezca «muy simpático y respetable que haya osado casarse con una mujer con veinte años más que él». «Lo comprendía más aún cuando, como todo el mundo sabe ahora, yo había sido cruelmente traicionada antes y durante la campaña de 2007 por una mujer diez años más joven, ella misma luego engañada por una mujer diez años más joven. Diez más diez también suma veinte, pero en el otro sentido», calcula en alusión a la periodista Valérie Trierweiler y la actriz Julie Gayet, amantes sucesivas de Hollande. «Es evidente con la distancia que debería haber puesto fin a esa situación desde el comienzo de la campaña y haberme separado», reconoce.

Ministra entonces de Ecología, Royal cuenta una anécdota reveladora de la testiculina en la rivalidad en 2016 entre el jefe del Gobierno, Manuel Valls, y el titular de Economía, Macron. El ahora presidente había declarado que el crecimiento económico estaba a media asta. Por la tarde, sentada entre los dos hombres en el hemiciclo, escucha «estupefacta y divertida» que Valls le lanza a Macron: «Y tu rabo ¿también está a media asta?». «Observo con el rabillo del ojo a Emmanuel Macron no sabiendo si yo debía fingir que no había oído nada. Le noto vejado y le oigo decir: «Si quiere guerra, la tendrá». Ya se sabe el desenlace de la batalla de mástiles. Uno en el Elíseo. El otro en Barcelona.

El libro relanza las ambiciones de una veterana política que es en la actualidad embajadora encargada de las negociaciones internacionales para los polos Artico y Antártico. Este apartado puesto le ha costado el sarcasmo misógino de ser la diplomática bipolar de los pingüinos. Desde las menguadas filas socialistas la tientan para que acepte ser cabeza de lista en las europeas de mayo. Pero ella aplaza a enero su respuesta. De mientras suelta todo lo que por fin puede contar.

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