Los saudíes levantan el velo a la ciudad olvidada de Al Ula

Un hombre camina junto a las tumbas de Khuraiba. /FAYEZ NURELDINE (AFP)
Un hombre camina junto a las tumbas de Khuraiba. / FAYEZ NURELDINE (AFP)

Se creará un museo, un centro de investigación histórica y arqueológica

COLPISA / AFP

Los vestigios arqueológicos de Al Ula, en medio del inmenso desierto del noroeste de Arabia Saudita, están sumidos en un letargo del que saldrán gracias a un megaproyecto de desarrollo. Arabia Saudita y Francia firman este martes, con motivo de la visita a París del príncipe heredero Mohamed bin Salmán, un acuerdo para el desarrollo turístico y cultural de esta región, rica en ruinas nabateas y en paisajes de gran belleza.

Al Ula se considera un tesoro, especialmente ahora que el reino quiere conceder, por primera vez, visados turísticos con el objetivo de aumentar considerablemente el número de visitantes extranjeros. «Todo Al Ula es un museo a cielo abierto», explica el guía Bandar al Anazi, durante un viaje de prensa organizado para coincidir con la visita del príncipe heredero a Francia. «Hay tanta historia aquí esperando ser revelada», afirma mostrando tumbas talladas en la roca con nichos para los entierros.

Las tumbas, algunas de ellas con inscripciones preislámicas y dibujos como escenas de caza, son una herencia de la tradición artística nabatea. El arte rupestre tallado podría ayudar a dilucidar los misterios de casi 4.000 años de civilización en la península arábica.

La región, del tamaño de Bélgica, fue un lugar de paso para las caravanas y de abastecimiento de agua potable en la ruta comercial entre la península arábica, el norte de África e India. Alberga el primer yacimiento del reino incluido en el Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO: Madain Saleh, construido hace más de 2.000 años por los nabateos, un pueblo árabe dedicado al comercio y que vivió en el sur de Jordania y al norte de la actual Arabia. De hecho, se compara con las ruinas de Petra, en Jordania.

«Cada día descubrimos algo nuevo», afirma a la AFP Jamie Quartermaine, experto del grupo británico Oxford Archaeology. «El potencial es infinito».

Sobrevolando la zona en helicóptero, se ve un paisaje de montes, desfiladeros, laberintos rocosos y arena hasta donde alcanza la vista. La ciudad fortificada de Al Ula, con sus casas de adobe y piedra, será restaurada en colaboración con Francia y se registrarán todos sus tesoros arqueológicos, declaró Amr al Madani, director general de la Comisión real saudí para Al Ula.

Varias fotografías de la zona de Al Ula. / FAYEZ NURELDINE (AFP)

El acuerdo franco-saudí, de una duración de 10 años, prevé la creación de una agencia basada en el modelo de la que dirigió la creación del Louvre Abu Dabi inaugurado en noviembre, afirmó Gérard Mestrallet, presidente del consejo de administración del grupo energético Engie y enviado especial del presidente francés Emmanuel Macron para Al Ula. Según él, es un acuerdo «sin precedentes», que cubre numerosos ámbitos: arqueología, oferta cultural y artística, infraestructuras, energía, transporte, formación y «todo cuanto Francia puede ofrecer en términos de valorización del patrimonio». La agencia se financiará con capital saudí, pero se desconoce el importe.

En Al Ula, a 1.100 km de Riad, se creará un museo, un centro de investigación histórica y arqueológica. Un total de 150 estudiantes, la mitad de ellos mujeres, se formarán en turismo y cultura. Los primeros turistas podrían llegar a la región «dentro de 3 a 5 años», según Amr al Madani. Una vez equipada, la región, que ya dispone de aeropuerto, debería poder recibir a entre 1,5 y 2,5 millones de visitantes por año respetando el medio ambiente y las normas de desarrollo sostenible, según el responsable saudí.

El príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán fue fotografiado de vacaciones en Al Ula, que forma parte de los tesoros arqueológicos casi olvidados hasta el movimiento de apertura emprendido por él. El turismo es un eje central de un programa de reformas que aspira a reducir la dependencia saudí del petróleo.

Este programa va acompañado de una política aperturista lanzada por el príncipe, que otorga a las mujeres el derecho de conducir, autoriza los conciertos y los cines y afloja el cerco impuesto por los conservadores en numerosos aspectos de la vida cotidiana.

 

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