Trump se enfrenta a Irán

Trump se enfrenta a Irán

El mandatario estadounidense intenta repetir la página de la retórica bélica que tan bien le funcionó para doblegar a Corea del Norte

MERCEDES GALLEGONueva York

Desde que John McCain le cambió el estribillo al 'Barbara Ann' de los Beach Boys en abril de 2007, el 'Bomb, Bomb Irán' está destinado a ser un gran éxito del verano. Donald Trump lo subió ayer a los primeros puestos de la parrilla con un tweet superlativo en puras mayúsculas que amenaza al régimen de los ayatolás con consecuencias «como pocos han sufrido a lo largo de la historia».

Era su respuesta a «la madre de todas las guerras» con que amenazó a EE UU el presidente iraní Hassan Rouhani si «juega con la cola del león». La inquietud ante esa retórica bélica fue general. No parecía el típico exabrupto del amanecer tras oír a los comentaristas de 'Fox & Friends', sino más bien la continuación de un plan de acción que ha puesto a Irán en la mira militar. El domingo su secretario de Estado Mike Pompeo expuso ante los invitados de la Fundación Reagan las bases que justifican la política de atacar al país con el que Barack Obama y las potencias mundiales negociaron un pacto antinuclear.

Los halcones de Trump argumentan que el régimen ha aprovechado los fondos descongelados con ese acuerdo para pagar a los combatientes de Hezbolá «dos o tres veces lo que gana un bombero en las calles de Irán», dijo Pompeo. Persuadido por Israel y los lobbies judíos, el asesor de Seguridad Nacional John Bolton y el ala dura que ha incorporado a la Casa Blanca cree que es posible desmantelar el programa de energía nuclear que la comunidad internacional le ha permitido mantener con ataques quirúrgicos que destruyan «eslabones clave del ciclo de energía nuclear», escribió en 2015 en el New York Times. Fordow, Natanz y Arak son algunas de las instalaciones de conversión de uranio que proponía.

Ahora que tiene el oído del presidente es fácil convencerle. Trump aplica a Irán la fórmula de bravucón que tan bien le funcionó con el líder norcoreano Kim Jong-un. Después de medirse en Twitter hasta el tamaño de sus misiles y responder a cada insinuación del «hombre cohete» con la amenaza de «fuego y furia como el mundo no haya visto antes», la nuevo versión contra Irán sube la apuesta hasta lo peor de la historia. «¡Sé cauto! Ya no somos un país que aguantará vuestras dementes palabras de violencia y muerte», le advirtió al presidente iraní Hassan Rouhani.

Cuenta con que ser duro con Irán fue defendido hasta por Hillary Clinton en la campaña de primarias de 2007 en la que McCain bailó al ritmo del 'Bomb, Bom Irán', pero ignora diferencias sustanciales con el guión norcoreano. Rouhani no concentra en Teherán toda la estructura de poder, como hace Kim, sino que es sólo la cabeza visible de una cadena de ayatolás que acaba en el líder supremo. En palabras de Pompeo, el «pulido testaferro» que da la cara y hace creer al mundo que ha encontrado el moderado que buscaban.

Tampoco su régimen está aislado ni sediento de atención. Para anular por completo las importaciones de petróleo iraní antes de 4 de noviembre como pretende tendrá que sancionar no sólo a las empresas europeas que comercian con él, sino a potencias como China e India. La productividad con la que Arabia Saudí piensa combatir la subida del crudo puede no ser suficiente. Además, Irán controla el Estrecho de Ormuz, por el que pasa el 30% del petróleo que consume el mundo y puede cerrarlo a placer para privar del tráfico de hidrocarburos.

La flota iraní es significativamente inferior a la estadounidense, pero tiene centenares de barcos rápidos que ganan en maniobrabilidad a los navíos del Pentágono. En cualquier caso, un enfrentamiento que el mundo no quiere ver ni ahora ni nunca en la historia.

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