Un Trump despechado por quedarse sin cámaras arrebata el avión a la portavoz del Congreso

Un autobús de la Fuerza Aérea de los EE. UU. se encuentra estacionado en el frente este del Capitolio./Efe
Un autobús de la Fuerza Aérea de los EE. UU. se encuentra estacionado en el frente este del Capitolio. / Efe

La Casa Blanca mantiene que el presidente sólo intentaba forzarla a quedarse en Washington

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

Sin preámbulos. El contragolpe de Trump tardó 24 horas en llegar pero fue rotundo e infantil: «Debido al cierre de gobierno, siento informarle de que su viaje a Bruselas, Egipto y Afganistán se ha pospuesto. Volveremos a programar esta excursión de siete días cuando se reabra el gobierno».

La 'excursión' de la portavoz del Congreso Nancy Pelosi a una zona de guerra requería de un avión militar, al tratarse de la segunda en línea de sucesión a la presidencia. «Negarle el avión para visitar a nuestras tropas en Afganistán, a nuestros aliados en Egipto y en la OTAN es inapropiado», le criticó su amigo y senador Lindsey Graham, presidente del Comité de Relaciones Exteriores. Con su acidez habitual, Trump observaba en su carta: «Si quiere hacer el viaje en vuelo comercial, obviamente esa es su prerrogativa».

La oficina de Pelosi sostiene que Egipto no estaba contemplado en la gira de este fin de semana, sólo la visita a las tropas y una reunión en Bruselas para tranquilizar a los aliados de la OTAN, inquietos por las amenazas del presidente de sacar a EE UU de la organización clave para la seguridad mundial. El Congreso tendría un año para abortar esa maniobra si llegara a ocurrir.

Pelosi y la comisión bipartidista del Congreso que la acompañaba ya habían partido hacia la base aérea de Andrews cuando llegó la carta de la Casa Blanca. Por motivos de seguridad los detalles del viaje se habían mantenido en secreto, pero todo el mundo pudo observar a través de las cámaras cómo el autobús que transportaba a la delegación volvía a Capitolio, tras conocerse la intempestiva decisión del presidente de quitarle el avión.

Trump intentaba castigarla con todo el poder a su alcance por el golpe de efecto que la astuta portavoz del Congreso dio la víspera al sugerirle que postergase o enviase por escrito su discurso sobre el estado de la Unión, que habitualmente retransmiten todas las televisiones en directo. «Nunca se ha dado un discurso sobre el Estado de la Unión durante un cierre de gobierno», observaba. De hecho, la Constitución pide que el presidente informe al Congreso «de vez en cuando», recordaba, «hasta la presidencia de Woodrow Wilson se hacía por escrito».

Reunir a las dos cámaras legislativas, al gabinete en pleno y hasta a los miembros del Supremo requiere un despliegue logístico de seguridad que según Pelosi comprometería indebidamente la labor de la policía y los servicios secretos, afectados por la baja forzada de 800.000 funcionarios a los que el gobierno no puede pagar mientras no haya un nuevo acuerdo presupuestario.

A nadie se le escapa, sin embargo, que Trump adora las cámaras y la atención del público más que ninguna otra cosa en el mundo. La maniobra de Pelosi era sin duda política, pero la respuesta del mandatario, infantil e irresponsable. «Una respuesta inmadura no merece ser contestada con otra», tuiteó Graham.

La Casa Blanca mantiene que el presidente sólo intentaba forzarla a quedarse en Washington «negociando« con él, pese a que no hay negociación alguna en marcha. El cierre de gobierno no tiene final a la vista. Trump ha dicho que no aceptará nada menos que los 5.700 millones de dólares que ha pedido para financiar el muro en la frontera y de hecho acabó la última reunión con un golpe en la mesa a los pocos minutos de empezar. Como parte de su estrategia pretende mantener la imagen de que son los demócratas los que no quieren negociar la seguridad en la frontera y pone como prueba de su disposición la cancelación de sus vacaciones navideñas a Palm Beach (Florida) y de su asistencia a la cumbre de Davos.