El portazo de Trump

Donald Trump. /Reuters
Donald Trump. / Reuters

El mandatario se cabrea ante la amenaza de un 'impeachment' y despacha abruptamente a los líderes del Congreso, a los que había convocado para hablar de infraestructura, hasta que acepten aparcar las investigaciones

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

Entró en la sala como un huracán. La prensa de la Casa Blanca ya sabía que algo iba mal, porque a la hora en la que tenía que empezar la reunión con los líderes demócratas del Congreso para discutir la financiación del plan de infraestructura se les convocó agitadamente y sin explicación a un «impromptu» de conferencia de prensa. Como los humoristas de los cafés, que se suben al escenario a recitar de cabeza los chistes que se les van ocurriendo.

En el podium, un cartel anticipaba lo peor: «No collusion, no obstruction», el veredicto que Donald Trump se ha otorgado a sí mismo en la investigación de la trama rusa. De fondo, los semblantes preocupados de su hija Ivanka Trump, la asesora de comunicación Kellyanne Conway y el secretario del Tesoro Steve Mnuhchin, que debían de haber estado en la reunión a puerta cerrada que se iba a llevar a cabo, terminaban de dibujar el panorama de una mañana tormentosa en un día soleado de Washington.

La «conferencia de prensa» en la que solo aceptó dos preguntas era, en realidad, una oportunidad para desahogarse. Y empezó con superlativos, señal inequívoca de que el ego de Trump sangraba por falta de reconocimiento. «Creo que todos estaréis de acuerdo conmigo, probablemente soy el presidente más transparente de la historia de este país», afirmó ante quienes contenían la risa.

Trump había convocado la reunión sobre el plan de infraestructura porque quería apuntarse otra promesa cumplida de cara a las elecciones con algo que los demócratas estaban dispuestos a concederle. «Tenemos el mayor número de gente empleada que nunca haya habido en la historia de nuestro país, las empresas están volviendo, las cosas van bien, esto va a ser fácil», se dijo. Poco antes su fiscal general William Barr se había fumado la pipa de la paz con los legisladores demócratas al aceptar la entrega al Comité Judicial de algunos documentos censurados en el informe Mueller, a cambio de que aparque la votación en el pleno para enjuiciarlo por desacato. «Esto va a ser fácil», rumió el presidente ante la prensa, cuando ya estaba claro que la reunión tuvo lugar.

A primera hora la portavoz del Congreso Nancy Pelosi había sostenido un encuentro a puerta cerrada con su caucus legislativo, donde intentó calmar los ánimos de quienes buscan abrir un proceso de 'impeachment' para acabar con el obstruccionismo del mandatario, que prohíbe a sus asesores declarar ante el Comité Judicial e impide la entrega de sus documentos financieros. «Creen que el presidente de EE UU está encubriendo algo», dijo la líder demócrata en un intento conciliador de ganarse a los exaltados de su partido. «Creemos que es importante darle seguimiento a los hechos. Nadie está por encima de la ley, ni el presidente de EE UU».

Poco podía imaginar que esa declaración le costaría el portazo de Trump, convencido de que no quieren dejar correr la trama rusa «tanto si conlleva o no la gran 'i' (del impeachment) que ni se atreve a pronunciar ... Y en lugar de entrar contento a esa reunión tengo que vermelas con gente que dice que estoy encubriendo», bramó. Según el mandatario, «no se puede investigar y legislar a la vez», por lo que ha decidido aparcar cualquier negociación legislativa hasta que los comités que presiden los demócratas dejen de investigarle a él y a sus negocios, zanjó. «Con este presidente nunca se sabe», suspiró Pelosi al salir. «Rezo por el presidente de EE UU y por los Estados Unidos de América».