Debacle electoral independentista en las municipales de Taiwán

La mandataria Tsai Ying-wen abandona la sala en la que anunció su renuncia./AFP
La mandataria Tsai Ying-wen abandona la sala en la que anunció su renuncia. / AFP

La presidenta Tsai dimite para tratar de contener una sangría en su partido que podría continuar hasta las presidenciales de 2020

ZIGOR ALDAMACorresponsal. Shangái

 Las elecciones en Taiwán suelen ser siempre agitadas, pero las municipales de ayer se cuentan entre las más polémicas en su historia. No en vano, tras una agria campaña entre los dos principales partidos -el Partido Demócrata Progresista (DPP) y el Kuomintang-, los votantes acudieron en masa a las urnas para encontrarse con colas kilométricas y un sistema de voto farragoso. Además de elegir a los alcaldes y gobernadores de veintidós ciudades y condados, estaban también llamados a dar su opinión en nada menos que diez referéndums, una combinación que ha sido criticada por muchos tanto fuera como dentro del Gobierno.

Asimismo, todos estos votos se consideran un anticipo de lo que se espera en las elecciones presidenciales de 2020. Y no han podido ser más demoledores para el DPP. La tortilla ha dado la vuelta y el partido en el poder perdió ayer siete de las trece municipalidades que controlaba; por su parte, trece serán las que ahora gobernará el Kuomintang, que ha salido vencedor incluso en el bastión del DPP, la ciudad de Kaohsiung.

Nada más conocer los primeros resultados electorales, la mandataria del país, Tsai Ying-wen, anunció su dimisión como presidenta del DPP. «Acepto mi responsabilidad. Hoy la democracia nos ha dado una lección y debemos reflexionar. Las elecciones son la vía para que los ciudadanos valoren el trabajo del Gobierno y es evidente que no están satisfechos», afirmó en una conferencia de prensa. El primer ministro, William Lai, también presentó su dimisión, pero Tsai le ha pedido que continúe al frente de su gabinete.

Satisfacción en Pekín

Al otro lado del Estrecho, en Pekín, los líderes chinos pueden estar satisfechos. La derrota del DPP, favorable a la independencia de la isla, y el rechazo en referéndum a que la antigua Formosa trate de cambiar su denominación en los próximos Juegos Olímpicos de Tokio para participar como Taiwán y no como 'Taipei China', suponen un alivio para el Partido Comunista. No en vano, en los últimos meses ha endurecido su posición hacia la isla, cuyo territorio considera parte de la República Popular a pesar de que funciona como un estado independiente, y ha conseguido que varios países que reconocían la soberanía de Taiwán le den la espalda.

No obstante, aunque algunos analizan los resultados como una muestra del interés de los taiwaneses por acercarse a China -el Kuomintang aboga por mantener unas relaciones más cordiales con el gigante asiático- el varapalo parece más propiciado por cuestiones internas. La economía de Taiwán no luce como la del tigre que fue, y, a juzgar por el resultado de los referéndums, una parte importante de la población tampoco ve con buenos ojos las propuestas progresistas de Tsai.

Muestra de ello es el rechazo al matrimonio homosexual, que el Tribunal Supremo legalizó hace unos meses. A la pregunta ¿está de acuerdo con que el Código Civil restrinja el matrimonio a la unión de un hombre y de una mujer? la mayoría votó que sí. Por el contrario, dijo no a la cuestión ¿cree que la normativa que regula el matrimonio en el Código Civil debería otorgar los mismos derechos a las parejas del mismo sexo? Habrá que ver qué hace ahora el Gobierno, porque el referéndum no es vinculante en nueve de sus preguntas. Sí lo es la que inquiere sobre si se debe permitir que las centrales nucleares operen a partir de 2025, y los taiwaneses votaron a favor.

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