Un retiro para el comandante Daniel Ortega

Daniel Ortega, presidente de Nicaragua./Marvin Recinos (Afp)
Daniel Ortega, presidente de Nicaragua. / Marvin Recinos (Afp)

Nicaragua busca una salida negociada que permita gobernar el país sin los Ortega Murillo ni derramar más sangre

MERCEDES GALLEGOEnviada especial a Managua

¿Qué se hace con un dictador? Daniel Ortega tuvo en las primeras semanas de la crisis muchas ofertas para una salida airosa del poder, pero con cada asesinato se le fueron cerrando puertas. Tras esa huida hacia adelante ya no es sólo un gobernante corrupto que busca disfrutar de su fortuna en un retiro dorado, sino un tirano atrincherado sobre el que pesan potencialmente unos 400 crímenes contra la humanidad.

Pudiera parecer patológico, «pero es muy normal en cualquiera que tema un castigo por sus crímenes», le concede Roberto Courtey, director ejecutivo de Etica y Transparencia. El gran reto del Diálogo Nacional será ofrecerle concesiones en materia de justicia para seguir avanzando en el proceso democrático garantizándole su seguridad. Un delicado hilván con el que el movimiento de protesta estaría traicionando la indignación moral que se agrava estos días al enjuiciar a los manifestantes por terrorismo a puerta cerrada y sin derecho a más abogado que el de oficio.

El peregrinaje tipo Noriega o Gadaffi no están sus planes. Venezuela o Bolivia, los dos países que se le ha ofrecido, no son lugares en los que la pareja Ortega y Murillo, su esposa y vicepresidenta, quieran pasar su vejez. «Una de las razones por las que se reciben a viejos dictadores es para evitar un derramamiento de sangre, pero también porque llegan con mucha plata y dinamizan la economía local», explica el experto en elecciones y gobernabilidad. Cuba, a pesar de su apoyo moral y material, no parece lo suficiente seguro tras la apertura que inició Obama. «Digamos que mañana se lo pueden vender a los gringos».

El comandante de la revolución sandinista se ha convertido en un monstruo de mucho rédito cuyo derrocamiento satisfaría a todos los sectores sociales de EEUU. Para el exilio cubano y venezolano representa la cabeza de sus propias bestias negras. Para la izquierda, un descrédito.

Su única negociación posible irá por la vía de unas elecciones en las que pueda colocar a uno de sus delfines que garantice su inmunidad y, según cree el excomandante de la revolución Víctor Hugo Tinoco, «una sucesión dinástica» a lo Somoza. Con un sistema electoral en el que la fundación Etica y Transparencia ya detectó en 2008 más votos que votantes, la vía de las elecciones amañadas con un barniz reformista puede ser la preferida del viejo comandante. Para cualquier intento de cortar sus hilos con el poder «el pueblo nicaragüense tiene que estar dispuesto a derramar mucha más sangre», advierte. El corrido «Daniel se queda» que cantaban sus bases el jueves durante el aniversario de la revolución será la canción del verano, frente a la llama del «Vivirás Monimbó» de Carlos Mejía Godoy que ha resucitado en el revival de la revolución.

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