Boicot del partido de Lula y seguridad extrema en la investidura de Bolsonaro

Varios miembros de la Policía Militar en Río de Janeiro. /Reuters
Varios miembros de la Policía Militar en Río de Janeiro. / Reuters

El presidente brasileño saliente autoriza derribar en todo el espacio aéreo del país durante la toma de posesión aeronaves que infundan sospechas

MARCELA VALENTEBuenos Aires (Argentinas)

El Partido de los Trabajadores (PT) anunció ayer que sus diputados y senadores no irán el 1 de enero a la ceremonia de asunción del presidente electo, Jair Bolsonaro. Más tarde el izquierdista Partido Socialismo y Libertad (PSOL) se adhirió al boicot y anunció que «la resistencia ya comenzó».

     En un comunicado suscrito por la presidenta del PT, senadora Gleisi Hoffmann, y otros dirigentes, la formación fundada por el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva -preso desde abril- se manifestó respetuosa del resultado electoral pero advirtió de que eso «no representa un aval a un Gobierno autoritario, antipopular y antipatriótico, marcado por abiertas posiciones racistas y misóginas y declaradamente vinculado a un programa de retroceso civilizatorio».

     El texto denuncia que la integridad del proceso electoral estuvo viciada por el previo 'impeachment' de la expresidenta Dilma Rousseff (2011-2016), la «prohibición ilegal» de la candidatura de Lula y la supuesta difusión de mentiras en redes sociales contra el candidato del PT, Fernando Haddad, que perdió frente a Bolsonaro.

     Para el PT, el futuro Ejecutivo «amenaza con destruir por completo el orden democrático y el Estado de Derecho en Brasil». «No aceptamos que el odio, la intolerancia y la discriminación sean naturalizados como instrumentos de la disputa política», remarcaron los firmantes al fundamentar su posición.

     El PT será la primera minoría en la Cámara de Diputados y la quinta fuerza en el Senado. Sus dirigentes aún no decidieron si además de ausentarse del acto en Brasilia el partido se sumará a la convocatoria popular a manifestarse el 1° de enero en Curitiba, cerca del lugar de reclusión de Lula.

     El PSOL, cercano al PT pero que se presentó con candidato propio en las presidenciales, anunció que tampoco será de la partida. «No hay nada que festejar» el día de la investidura, según el comunicado firmado por su presidente, Juliano Medeiros. Bolsonaro promueve «el odio, el prejuicio, la intolerancia y la violencia».

     El acto de toma de posesión de Bolsonaro en Brasilia estará rodeado de un operativo de máxima seguridad con zonas restringidas, detectores de metales y francotiradores. El presidente Michel Temer firmó un decreto en el que autoriza el derribo de aeronaves en todo el espacio aéreo -no sólo en el área de la ceremonia- en caso de que no respondan a los requerimientos desde tierra, sean sospechosas u hostiles o puedan presentar una amenaza.

     La medida es inédita para un acto de estas características. Pero Bolsonaro sufrió un atentado el 6 de septiembre en plena campaña en una ciudad del Estado de Minas Gerais. La puñalada que recibió en el abdomen exigió dos intervenciones quirúrgicas y el presidente electo aún porta una bolsa de colostomía que obligará a otra operación después de asumir la presidencia.

     

     Artefacto junto a una iglesia

     

     Pero hay más razones para el temor. La Policía informó esta semana de un potente artefacto explosivo que debió ser desactivado el día 25 junto a una iglesia en Brazilandia, un suburbio de Brasilia. El ataque fallido fue reivindicado por el desconocido grupo terrorista 'Maldición Ancestral', que asegura tener «armas y explosivos almacenados» en la capital brasileña. «Si el cuchillo no fue suficiente para matar a Bolsonaro, tal vez tendrá más sorpresas en algún otro momento», advirtieron desde su sitio en Internet.

     En este contexto, ayer llegó a Río de Janeiro el primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, para reunirse con Bolsonaro. En contra de la tradición diplomática brasileña, el mandatario ultraderechista prometió a Israel que ordenará trasladar la Embajada de Brasil en Tel Aviv a Jerusalén, como quiere el Gobierno de ese país. Netanyahu declaró que espera «un giro de las relaciones israelíes con el mayor país de Latinoamérica». «Es un enorme país, con enorme potencial económico, diplomático y en relación a la seguridad», manifestó antes de su encuentro con el presidente electo.