Tras las huellas del tranvía de la Sierra

El tranvía, a su paso por el túnel nº8 de los Pollos de Canalero, cerca de la Cañada de Nítar. Año 1943. /Fundación Sancho el Sabio Vitoria Gasteiz
El tranvía, a su paso por el túnel nº8 de los Pollos de Canalero, cerca de la Cañada de Nítar. Año 1943. / Fundación Sancho el Sabio Vitoria Gasteiz

Cenes, Pinos Genil, Canales, el Charcón... son los nombres de las estaciones grabados en la memoria de las generaciones que disfrutaron del añorado tren

AMANDA MARTÍNEZGRANADA

«Una de las rutas más bellas de Granada murió ayer. Fue sacrificada en aras de un progreso que convence a muchos y gusta a muy pocos. Nuestro tranvía de la Sierra, ese que tan bellos parajes nos iba mostrando en su cansino andar, se ha muerto para siempre». El 19 de enero de 1974, el redactor de IDEAL Santi Lozano subió al tranvía para acompañarlo en su último viaje y escribió una crónica cargada de emoción y nostalgia.

Los granadinos, que en los últimos años no le habían hecho mucho caso, le decían adiós, con pena y entre aplausos. «Lo triste de esta retirada, escribía José Sánchez Ubric en IDEAL, no es que el ferrocarril desaparezca, sino que los paisajes de tantos admirados una y otra vez quedarán en la memoria de todos».

El tranvía de la Sierra fue un proyecto del Duque de San Pedro de Galatino, un visionario, un hombre adelantado a su tiempo que, al comienzo de los dorados años 20, quiso convertir Sierra Nevada en la Suiza del sur. Pensó en la blanca montaña granadina como una nueva fuente de riqueza y, conocedor de las ideas previas del tranvía minero, construyó el Hotel Sierra Nevada con la intención de unirlo a otro de los establecimientos de su propiedad, el Alhambra Palace, y atraer a un turismo de calidad. El 21 de febrero de 1925, el tranvía de la Sierra hizo su primer viaje, un recorrido agreste de poco más de 19 kilómetros en el que atravesaba 14 túneles y 21 puentes de insuperable belleza. El día del estreno, el Duque preparó un ágape en la impresionante cueva del Diablo, hoy bajo las aguas del Embalse de Canales. Allí los invitados brindaron con champagne y fumaron con habanos: «Por Granada y por España», levantó el empresario su copa, «y que nos veamos aquí dentro de muchos tiempo».

Durante casi cincuenta años, su monótono traqueteo salía cada mañana de las cocheras del Paseo de la Bomba, y paraba en la Lancha de Cenes, Cenes de la Vega, los Pinillos, la fábrica de 'El Blanqueo', Pinos Genil, Canales, cruzaba el río hasta Güéjar Sierra, se adentraba por las cañadas de Vaciacostales, la Carihuela y del Peregrino hasta Maitena y de ahí hasta el apeadero del Charcón, donde lujosos coches de caballos trasladaban a los clientes hasta el hotel del Duque. Más tarde se ampliaría el trayecto hasta el barranco de San Juan para cargar la serpentina de la mina de la Estrella.

Pero la línea nunca fue rentable. La construcción del pantano de Canales fue sólo una excusa para justificar su cierre. Sin embalse, el 14 de febrero de aquel mismo año dejaron de funcionar las dos últimas líneas que quedaban en Granada, la de La Zubia y Fuente Vaqueros. «Teníamos asumido que desaparecería el tranvía y no se luchó por él», recuerda Gabriel Gómez Mesa, alcalde de Pinos Genil. «El autobús a Granada costaba 6.50 pesetas y el tranvía 5. Los estudiantes, que teníamos menos dinero, nos íbamos en tranvía, aunque tardáramos un poco más. Pero la gente prefería irse en la Alsina, que era más rápido. Es cierto que no era rentable en el negocio del transporte, pero este fue el error, que se hablaba de viajeros y no de turistas», explica.

La ruta del tranvía

El tranvía fue desmantelado, parte del material se vendió como chatarra y su patrimonio permaneció ignorado en las cocheras del Paseo de la Bomba. Poco quedaba, a parte de los imborrables recuerdos de los que viajaron en él.

Pero la ruta del tranvía no ha desaparecido. Las estaciones, pintorescas construcciones en perfecta armonía con el entorno, junto a parte de su trazado, son huellas del añorado tren que cualquiera puede recorrer.

En Cenes de la Vega, la remodelada estación del tranvía acoge en la actualidad el juzgado de paz. La de Pinos Genil está cerrada y vacía, pero hay un proyecto sobre la mesa que pretende convertirla en un pequeño museo de este medio de transporte, con una gran maqueta que ocuparía la nave central, fotografías y audiovisuales que cuenten su historia. También en Pinos, junto a la central hidroeléctrica, puede aún sentirse el encanto de atravesar el primer puente del tranvía y cruzar uno de sus túneles, que posee una gran abertura lateral al valle. El ayuntamiento trabaja en la recuperación de este sendero del que una parte transcurre en terrenos de Endesa.

Dicen quienes lo conocieron que los seis kilómetros más espectaculares del recorrido jamás podrán volver a ser visitados. Son los que discurren bajo las aguas del pantano de Canales, que quedan a la luz cuando la sequía baja el nivel del embalse.

Ya en Güéjar Sierra, a partir de la Fabriquilla, el sendero es una vía verde que recuerda el pasado del tranvía con paneles informativos, restos de vías y catenarias que discurren entre castaños hasta llegar a la estación de Maitena, en la actualidad un agradable restaurante junto al que los granadinos, como lo hicieron sus abuelos, se bañan en las pozas frescas del río.

Esta es la ruta más popular. Es sencilla, accesible y permite hacernos una idea de la belleza de aquellos viajes. Desde Maitena, atraviesa túneles hasta llegar al Charcón. Hay un proyecto del Ayuntamiento de Güéjar Sierra para rehabilitar y panelar este apeadero, en la actualidad lleno de basura, víctima de la mala educación de unos pocos.

Al otro lado del río, frente a la parada, aún se conserva el edificio del restaurante que el Duque construyó para los clientes de su hotel. «Para nosotros, el recorrido del tranvía es muy sentimental», dice Elisabeth García, concejala de Turismo de Güéjar. Su familia era de Pinos Genil. «Mi abuelo me hablaba del puente de las Veguetas y mi abuela llevaba la carne de los chotos a las casas de los señoritos de Granada en las que trabajaba». El ayuntamiento también trabaja en la recuperación del camino de la Estación, la calle que utilizaban los güejareños para ir a la parada del viejo tranvía.

«Su desmantelamiento demostró la falta de sensibilidad de la época», reconoce Agustín Castillo Vergara, autor del libro 'Los Tranvías históricos de Granada'. Siempre he defendido que hoy hay medios para que hubiera perdurado este tranvía, que podía haber empalmado con otros proyectos, como el del teleférico». Un deseo llamado tranvía.