El Día de la Toma: una cita con la Historia de Granada

Ambiente en la plaza del Carmen mientras se tremola el pendón en el balcón del Ayuntamiento. Año 1966 /Torres Molina/Archivo de IDEAL
Ambiente en la plaza del Carmen mientras se tremola el pendón en el balcón del Ayuntamiento. Año 1966 / Torres Molina/Archivo de IDEAL

El día 2 de enero se conmemora un acontecimiento que marcó un punto de inflexión en la historia de Granada y del mundo

Amanda Martínez
AMANDA MARTÍNEZ

Todo quedó pactado el 25 de noviembre de 1491 en Santa Fe: las condiciones de la rendición, la entrega de la fortaleza, el futuro del rey… El día 1 de enero, el pueblo se inquietó cuando vio salir al medio millar de rehenes cristianos que Boabdil se había comprometido a entregar como garantía de que cumpliría con su parte del trato. Esa misma noche llegaron a la Alhambra los primeros soldados del ejército de Castilla al mando del comendador mayor de León, Gutierre de Cárdenas. A él le entregó Boabdil, en la torre de Comares, las llaves de su palacio.

A la fortaleza nazarí subió un destacamento cristiano escoltando al cardenal Pedro González de Mendoza y al Obispo de Ávila, fray Hernando de Talavera, que desde la torre más alta de la Alcazaba, la que llamamos de la Vela, alzaron la cruz de plata del rey Fernando y ondearon victoriosos el pendón de Santiago.

Esta es la historia y desde entonces, sin interrupción conocida, la ciudad ha conmemorado cada 2 de enero la Rendición, o la Toma, o la Entrega de Granada, como prefieran, con una ceremonia sencilla en torno a la tremolación del pendón que Fernando el Católico entregó a la Capilla Real que, en contra de lo que se piensa, no es el que desfila en la procesión cívica (que se conserva), sino una copia del siglo XVII.

En el balcón del Ayuntamiento tiene lugar el momento más importante del ceremonial, cuando uno de los ediles de la Corporación lo tremola ante los granadinos a los que se dirige con las tres conocidas llamadas:

-¡Granada!

-¿Qué?

-¡Granada!

-¿Qué!

-¡Granada!

-¡Qué?

-Por los ínclitos Reyes Católicos, don Fernando V de Aragón y doña Isabel de Castilla. ¡Viva España! ¡Viva el Rey!¡Viva Andalucía!¡Viva Granada!

Antonio Joaquín Afán de Ribera escribió un bonito libro en torno a las 'Fiestas Populares de Granada'. Más allá de los actos oficiales, cuenta la costumbre de los granadinos de visitar este día la Alhambra: «la numerosa concurrencia que desde la calle de Gomérez atraviesa la célebre Puerta de las Granadas, unida a la que llega desde Peña Partida al Campo de los Mártires, cruza las puertas de la Justicia y de Hierro, e inunda la placeta de los Aljibes, descansando en los jardines que rodean la fachada del palacio de cesáreo Emperador».

La historia se mezcla con la tradición cuando tañen la campana de la Vela en señal de júbilo, con tanto ímpetu, que en ocasiones llegó a quebrarse. Ya conocen la leyenda: «los sencillos labriegos son los más fieles guardadores de las tradiciones», continúan Afán de Rivera, a ellos sus antepasados le revelaron la virtud especial de esta campana «y no olvidan ponerla en práctica en fecha tan memorable. Así es que agarran con las suyas las manos más o menos blandas de sus prometidas y en esta unión tiran con toda su fuerza de la maroma, para que las vibraciones lleguen hasta los espacios más remotos». Porque cumplida esta costumbre, tienen por seguro casarse el año que empieza.

Otra de las tradiciones era acudir al teatro la tarde del 2 de enero. Los granadinos agotaban las localidades del teatro Isabel la Católica o el Cervantes para ver 'La Toma de Granada o el triunfo del Ave María', una obra que más de uno sabía recitar de memoria.

Una fiesta con polémica

Desde hace más de dos décadas, el debate sobre la conmemoración de este día ha acompañado a su celebración. Grupos 'ultras' de derechas e izquierdas, han intentado apropiarse de una fiesta tradicional granadina para sus propios intereses políticos. Hay ciudadanos, plataformas o asociaciones que hablan de su abolición porque consideran que celebra la intolerancia y que no es propia de una sociedad democrática. Desde hace algunos años, en ocasiones por iniciativa municipal, para quitarse el sambenito reaccionario de la Toma, y otras veces organizadas por diferentes colectivos, se han programado actividades con el fin de integrar todas las culturas.

La ermita de San Sebastián

La leyenda cuenta que aún cuando dentro de los muros de la Alhambra se lloraba la pérdida de la ciudad, Boabdil salió por callejas apartadas hasta el pequeño morabito que hay junto al Genil. Allí le esperaban los Reyes Católicos de los que se despidió para continuar su destierro a la Alpujarra. Este lugar, al final del Paseo del Violón, está junto a la ermita de San Sebastián, donde una placa de mármol «plagada de graves errores», decía Gómez Moreno en su 'Guía' (que se conserva en el Museo Arqueológico) recordaba el histórico episodio.

A parte de los oratorios de la Alhambra, la ermita es el único edificio de esta clase que se conserva en Granada. Esta rábita musulmana estaba situada en una de las entradas a la capital y era la primera mezquita a donde se dirigían los viajeros para pedir a Alá que se resolviesen las gestiones que venían a hacer a la ciudad. Tras la reconquista, muchos de estos morabitos fueron abandonados pero este corrió mejor suerte al utilizarse para el culto cristiano consagrándose a los santos Sebastián y Fabián.

Gallego Burín en su 'Guía' describe su cúpula esférica, típica de estas construcciones islámicas, con nervios de enlace geométrico con forma de estrella, visible desde el exterior hasta el s. XIX pero hoy oculta por un tejado, con su espadaña para la campana y la puerta en arco de herradura. Se restauró en 1615, como reza una inscripción que recorre el anillo de la cúpula y de nuevo en 1844 por el Ayuntamiento que la restituyó al culto y le agregó una porción de terreno con un coqueto empedrado.

4 de junio de 1931, se declaró Monumento Histórico Nacional y de nuevo fue sometida a una pequeña restauración en 1932. Cuenta IDEAL que Torres Balbás consiguió del Estado un crédito de 1.500 pesetas para la obra que se centró en la armadura de la cúpula.

En 1999, cuando crecía la polémica en torno a la celebración del día de la Toma, el Ayuntamiento rindió un homenaje a Boabdil con la inauguración de una estatua cerca de aquí, en el lugar por donde salió de su ciudad para no volver.