Una romería cerca del cielo

Romería en el Veleta en 1952 /Torres Molina
Romería en el Veleta en 1952 / Torres Molina

Las veredas de Sierra Nevada acogen en el amanecer del día 5 de agosto el desfile de devotos que acompañan a la Virgen de las Nieves hasta la cima más alta de la península

AMANDA MARTÍNEZ

Cuenta la leyenda que el día 5 de agosto de 1717 Martín de Mérida, beneficiado de Válor, recorría el camino de la Alpujarra a Granada junto a su criado, Martín de Soto, cuando les sorprendió una tormenta: «oscurecióse el cielo –la describe Asclepios en sus Antiguallas– cubriéndose con negros nubarrones. Bramó la tempestad en los abismos del Guarnón. Saltaban rayos de todas las crestas y picachos. Espesa manta de nieve hizo impracticables los pasos del Camino de los Neveros» (IDEAL, 4 de agosto de 1935). Ante tal panorama, cuando creían que había llegado el fin de sus días, protegidos en el socavón de una roca, se pusieron a rezar y se encomendaron a la Virgen. Aseguran que Nuestra Señora de las Nieves atendió a sus plegarias, que se iluminó «con radiaciones sobrenaturales la superficie de la nieve; cesó bruscamente la tormenta; un suave calor, esparcido por el aire, trajo la reacción a los ya casi helados pasajeros que, guiados por una luz impalpable, pudieron cruzar sanos y salvos el Collado y bajar a la Laguna de las Yeguas» desde donde reanudaron el camino.

Un año después, en el Collado del Veleta, Martín de Mérida mandó levantar una ermita que recordara el milagro. Allí se inició el culto a la Virgen de las Nieves.

Cuatro ermitas

Sin embargo el acceso a aquella capilla era complicado y parece que la construcción, difícil de mantener, no aguantó los rigores de la meteorología en una zona cubierta de nieve casi nueve meses al año. Poco después, en 1724, se construyó una segunda iglesia en los Prados del Borreguil o de la Ermita, como se conoce en la actualidad, una zona más accesible.

El historiador Manuel Titos, en su libro 'Las cuatro ermitas de Sierra Nevada' (editorial Atrio, 2017), documenta los restos de estos santuarios e investiga en archivos de la parroquia de Dílar y la Hermandad en busca de los orígenes de leyenda y la historia de esta tradición.

¿Cómo llegaban hasta esta capilla los romeros de Dílar, un recorrido para el que tendrían que emplear unas diez o doce horas?, se pregunta Titos, «la mayor parte la harían a lomos de caballerías el día anterior a la celebración para estar en la ermita al despuntar los primeros rayos del sol».

Tampoco esta iglesia resistiría la crudeza del tiempo y hubo que alzar una tercera en el año 1745, esta vez en el Pico del Savial, en lo que hoy conocemos como Ermita Vieja. Titos apunta que allí continuó el culto hasta que, en 1796, se levantó una nueva capilla en las proximidades del pueblo, el santuario que actualmente alberga la imagen de la Virgen de las Nieves, una ermita blanca con el fondo de una crestería de montañas.

El culto a la virgen blanca se extendió a un lado y a otro de Sierra Nevada. Los vecinos de Trevélez rindieron honores a su patrona con una misa en el Mulhacén que se ofició, apunta Titos, el 22 de julio de 1912. Fue tal éxito de aquella peregrinación que decidieron construir un santuario aprovechando los restos de las construcciones que dejara, en 1879, la comisión científica que realizó el enlace geodésico entre Europa y África. El 5 de agosto de 1913 se ofició la primera misa en esta ermita, iniciándose una tradición romera que año tras año, solo interrumpida por la Guerra Civil, se ha venido repitiendo. De aquella ermita no queda más que restos.

Peregrinos en Sierra Nevada

El 5 de agosto de 1939, el Club Penibético celebró una misa junto al albergue universitario «al cobijo de la mole inmensa del Veleta», describe IDEAL, en la que participó una compañía de esquiadores del Grupo Alpino. Se instaló un pequeño altar, cubierto por jarapas alpujarreñas, con un fondo de verdes ramas arrancadas de la ladera y delante de banderas de España que se agitaban al viento duro y frío de la montaña.

Unos años más tarde, en 1945, el picacho del Veleta fue lugar elegido por el grupo sindical Educación y Descanso para recuperar la tradición. No solo honraban a la Virgen. Acampados en torno a la Laguna de las Yeguas se vivían jornadas de convivencia con pruebas de natación, lanzamiento de globos y fantoches, senderismo...

Aquel año, los vecinos de Trevélez también volvieron a peregrinar al Mulhacén.

La devoción ha continuado a lo largo de estos años en los que no se ha faltado a la cita en el amanecer del 5 de agosto. También se ha mostrado en diferentes ocasiones el fervor de las gentes de esta provicnia por Nuestra Señora de las Nieves. En 1969 se instaló en el Mojón del Trigo la escultura de Francisco López Burgos y, en aquel año, incluso hubo un intento de declararla «Patrona Nacional del Turismo» y al templo de Dílar, «Santuario Nacional».

Estas romerías también han dejado algunas anécdotas: en 1982, por ejemplo, un grupo de guardias civiles del Grupo de Rescate de Montaña y la 'Peña de los Nueve' llevaron desde Granada hasta el Mulhacén, caminando durante tres jornadas, una imagen de la Virgen del Pilar que fue bendecida y colocada en una hornacina. Aquel mismo día, Encarna Ibáñez y Miguel Peregrina contrajeron matrimonio.

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