Un museo junto al Darro

Rincón de leyenda de la Casa de Castril. /TORRES MOLINA
Rincón de leyenda de la Casa de Castril. / TORRES MOLINA

Se ha reabierto el Arqueológico de Granada, cuya sede es uno de los edificios más bellos de la arquitectura local del siglo XVI

Amanda Martínez
AMANDA MARTÍNEZGRANADA

Los granadinos de verdad, escribe Marino Antequera, no hemos dudado nunca de que la Carrera del Darro es la calle más original, interesante y bella de Granada, sobre todo desde que dejó de ser la calle fúnebre por excelencia, desde que la Cuesta de los Chinos dejó de ser vía mortuoria y camino hacia la eternidad».

En su paseo por la vetusta y pintoresca calle, don Marino reconocía la casa señorial de los Herrasti y la de los condes del Arco, «el caserón del también saladísimo costumbrista Matías Méndez Vellido, llamado por sus paisanos, con notoria exageración, el Walter Scott granadino; los conventos de Zafra y de San Bernardo o el palacio de la Caja de Ahorros de Santa Ana». En este viaje al pasado de la ciudad, Antequera no se olvidó de la iglesia de San Pedro, «con su amplio compás, elevada torre y magna portada», ni de la antigua Casa de Castril.

La belleza de la calle también inspiró a Natalio Rivas: «el artista o viajero que ascienda por el río Darro, gozará más intensas emociones artísticas contemplando los pintorescos puentes del río, las ruinas de otro árabe o bien las altas torres que surgen del borde de la vecina Alhambra y de las estrechas y típicas callejas que desde la Carrera suben al Albaycín...», escribía en un artículo publicado en 'El Defensor de Granada' cuando, desde su puesto como subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública, medió para hacer efectiva la compra por parte del Estado de aquel caserón del siglo XVI que sería sede de los museos de la ciudad. Corría el año 1917.

La historia del Museo comenzó un poco antes, en noviembre de 1879 con la promulgación de la orden que creaba los Arqueológicos de Barcelona, Valladolid y Granada y encomendaba su organización al Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios, como explica Mar Villafranca en su libro 'Los Museos de Granada. Génesis y evolución histórica 1835-1975'.

El granadino, bajo la dirección de Francisco Góngora del Carpio, comenzó a alimentar sus fondos con los objetos reunidos por la Comisión de Monumentos de Granada, un grupo de intelectuales en los que se «unía el conocimiento de los valores artísticos de la ciudad y la preocupación por la época difícil que ésta atravesaba con la pérdida de monumentos de valor inestimable y el destrozo de lugares interesantes desde el punto de vista artístico y arqueológico», escribe en IDEAL Ángela Mendoza Eguaras, sobrina de Joaquina Eguaras y también directora del Museo. Aquel grupo, integrado entre otros por Manuel Gómez Moreno González, Manuel de Góngora, Leopoldo Eguilaz (último propietario de la casa de Castril), Fernández Guerra o Antonio Almagro Cárdenas, realizó una ardua labor de conservación, investigación y divulgación del arte granadino.

Excavaciones en Atarfe

Mendoza destaca, entre los fondos originarios de la colección, las excavaciones realizadas en Atarfe que sacaron a la luz las piezas de cerámica de Elvira, las aportaciones de Manuel Gómez-Moreno Martínez, hijo del anterior, eminente arqueólogo y mejor conocedor de la arqueología granadina de su tiempo, los trabajos de Luis Siret o Juan Cabré que realizó interesantes excavaciones en Gabia Grande, Monachil y Galera.

'Domus Antiqua. 100 años de la adquisición de la Casa de Castril para Museo', el catálogo de la exposición que conmemoró el centenario de la actual sede, hace un repaso de las vicisitudes por la que pasa el Museo hasta su ubicación definitiva: en 1839, se inaugura en el exconvento de Santa Cruz la Real el Museo de Bellas Artes donde se depositaron los fondos del Gabinete de Antigüedades, heredero de aquella Comisión de Monumentos. Cuando, en 1889, se destinó este edificio a cuartel militar, los fondos se trasladaron a los bajos del Ayuntamiento donde permanecieron en condiciones precarias hasta que en 1896, se alquiló el palacete del número 11 de la calle Arandas.

La adquisición de la casa de Castril, hace 101 años, acabó con el largo peregrinar de la colección. El 8 de julio de 1923, bajo la dirección de Antonio Gallego Burín, se inauguró el Museo.

La Casa de Castril

El edificio, construido por los herederos de Hernando de Zafra, secretario de los Reyes Católicos, tiene una de las fachadas «mas suntuosas de la ciudad» escribe Gómez Moreno en su 'Guía de Granada'. Se atribuyó a Siloé, aunque Gallego Burín lo descartara rotundamente «porque revela en lo arbitrario de su composición manos menos expertas». El historiador atribuye más bien su ejecución a Sebastián de Alcántara, «por los recuerdos de Jacobo Florentino que se observan, con quien Alcántara había trabajado en la Capilla Real».

A la derecha del cuarto superior resalta un balcón ciego construido haciendo esquina rematado por un lema, 'Esperando la del cielo'. Un misterio que ha suscitado leyendas y poemas, como la del paje que murió pidiendo una justicia que solo debe esperar del cielo, castigado por el delito de cortejar a la hija del ultrajado señor de Castril.

Para Gómez Moreno, teniendo en cuenta la religiosidad del tiempo en el que fue construida, no es más que una oración que pregona la vida eterna para los moradores de la casa. Vida eterna como la del molar de homínido hallado en Orce, la diadema de oro de la cueva de los Murciélagos, la coraza griega del Jarro, el mítico toro de Arjona, el astrolabio de Ibn Zawal o el perfil del Togado de Periate, piezas que lucen su inmortalidad, bien dispuestas , en las galerías de este viejo caserón junto al Darro.

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