El día que las mujeres votaron por primera vez

Mujeres votan en un colegio electoral /Torres Molina/Archivo de Ideal
Mujeres votan en un colegio electoral / Torres Molina/Archivo de Ideal

En 1931 el parlamento español concedió el sufragio femenino.  El 19 de noviembre de 1933 pudieron acudir a las urnas por primera vez

AMANDA MARTÍNEZ

Aquel domingo de noviembre las calles de Granada amanecieron alfombradas de papelitos de colores lanzados desde un automóvil que circulaba sin rumbo. Después de danzar por el aire, los pasquines policromados cayeron al asfalto a la espera del desfile de ciudadanos que aquel día ejercían de soberanos del destino del país. Se celebraba la primera vuelta de las segundas elecciones generales de la Segunda República. Pero aquel día hay que recordarlo por algo más. Las mujeres no acudían a los colegios electorales como simples acompañantes, convidadas de piedra colgadas del brazo de un varón. Aquel día ellas también podían votar y lo hacían por primera vez en la historia de este país.

Se lo habían ganado unos años antes. El sufragio femenino lo reconoció como derecho la Constitución republicada de 1931: «Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes». Aquello supuso una gotita más de agua para el movimiento feminista en España, que estalló en forma de marea de color morado el pasado 8 de marzo. Una conquista con la que se escribía una de las páginas más importantes de la historia del país, pero también uno de los debates parlamentarios más complejos y encarnizados del siglo XX. Aquella Constitución dotó además a las mujeres de otra serie de derechos como el divorcio y el reconocimiento de la paternidad en caso de hijos fuera del matrimonio. De los 465 diputados del Parlamento, sólo tres eran mujeres, Margarita Nelken, del PSOE y las republicanas Clara Campoamor y Victoria Kent. «La 'clara' y la 'yema' como se las llamaba en los corrillos políticos pues a pesar de su ideología de izquierdas, ambas se enfrentaron en la defensa del voto femenino. Mientras que Campoamor la defendió a ultranza, pese al aislamiento a que fue sometida, Victoria Kent era partidaria de posponerla pues mantenía la teoría, compartida por otros muchos, que la mujer española estaba demasiado influenciada por la Iglesia y su voto favorecería a la derecha», explica la redactora Victoria Fernández en el artículo «Con faldas y a las urnas» publicado en Ideal con motivo del 75 aniversario de aquella efeméride. La primera vez que las mujeres pudieron ejercer su derecho al voto fue el 19 de noviembre de 1933.

¡Esto huele a incienso!

Aquel domingo amaneció lluvioso. López Mezquita abrió temprano su salón de té de la calle Zacatín; Paños Ramos lucía en sus escaparates de la plaza del Carmen la nueva colección de otoño invierno de «paños de lana pura, ligeros como pluma, para abrigos de caballero y niño a precios sin competencia» y la butaca en el Salón Nacional para ver 'Una morena y una rubia' costaba una peseta, veinticinco céntimos el anfiteatro. Granada estaba consternada por el accidente que costó la vida a veinticuatro militantes socialistas que volvían a Huéscar desde Castril donde habían participado en un mitin del partido. La camioneta en la que viajaban se despeñó por el puente de Duda y solo sobrevivió uno de sus ocupantes.

Desde primeras horas de la mañana «la ciudad adquirió una animación ciertamente desusada», cuenta la crónica de IDEAL. Ya había colas a las puertas de los colegios electorales antes de que abrieran sus puertas a las 8 de la mañana, a pesar de que los electores tenían hasta las 4 de la tarde para depositar su voto. «La mujer ha eclipsado al hombre en fervor y pasión política. Mujeres que han levantado a los hombres y los han empujado hasta las urnas», dice El Defensor de Granada. «Las mujeres acudieron a las urnas con mucho mayor entusiasmo que los hombres. Constituía una regla casi general la de que las colas de señoras triplicasen, cuadruplicasen y hasta quintuplicasen en número a las de los hombres», continúa IDEAL, «vimos colegios en los que había de ocho a diez mujeres por cada elector masculino». Cuenta el redactor en su artículo, que era frecuente ver a grupos de señoritas y señoras que marchaban en dirección a los colegios acompañadas «a lo sumo, por algún familiar masculino». Entre ellos le llamó la atención al periodista el constituido por más de una veintena de muchachas que prestaban sus servicios domésticos en la casa del Americano, que acudían juntas a votar al colegio de la calle de la Tinajilla. En las puertas de los colegios de San Isidro, Puentezuelas y San Diego, algunas muchachas repartían papeletas de sus candidaturas. «En otro colegio de la carrera del Genil llegaron a congregarse, en las primeras horas de la mañana, hasta un centenar de electores femeninos». Entre otras anécdotas cuenta el periódico que, al preguntar a un socialista acerca de la marcha de la jornada en un colegio de la Alcaicería, en el que en ese momento había muchas mujeres, contestó: «¿No ve usted la gente que hay en cola? Pues todos van a votar a la Compañía de Jesús ¡Esto huele a incienso!».

Varios candidatos recorrieron los colegios para tomar el pulso al rito electoral. Ramón Ruiz Alonso, candidato de Acción Obrerista, era uno de ellos, otro Fernando de los Ríos que protagonizó otra de las anécdotas del día. La crónica que este diario cuenta, es la de un grupo de izquierdas que estaba impidiendo la entrada de mujeres en su colegio de la calle Zafra. Cuando llegó el político se encaró a ellos y les increpó: «Pero, ¿dónde están vuestras mujeres? ¡Estamos destrozando la elección!»

Entre los diputados elegidos, también fue histórica la presencia de una mujer, María Lejárraga, que se convirtió, a sus 59 años, en la primera diputada por Granada al Congreso.

Con el paso del tiempo se dijo que fue el voto de la mujer el que dio la victoria a la derecha en aquellas elecciones. También votaron en el 36, y entonces ganó la izquierda.

Sin embargo el derecho conquistado no duraría mucho tiempo. Tras la Guerra Civil y la victoria de Franco todos, hombres y mujeres, perderían el derecho al voto durante cuarenta años.