Memoria del frío

Un guardia urbano camina bajo una intensa nevada en 1971 /Torres Molina
Un guardia urbano camina bajo una intensa nevada en 1971 / Torres Molina

Los charcos se helaban y salían sabañones, los típicos inviernos granadinos son gélidos

AMANDA MARTÍNEZ

Hablamos mucho de frío. Antes de que los informativos abrieran sus ediciones con enviados especiales al centro de la nevada, ya era una obsesión para nuestros padres y abuelos. Recuerden la ardua tarea que asumían las madres cada mañana para que sus hijos no pasaran frío. Los embutían en unos incómodos leotardos debajo del pantalón y les cubrían la cabeza con un horrible pasamontañas de lana que apena dejaba los ojos al descubierto. A su vez, ellas lo aprendieron de sus madres, que vivieron los ásperos y crudos fríos de la posguerra. Frío de pobres que apenas calentaba un brasero de picón.

Hacía frío, frío de verdad, un frío que llenaba los dedos de sabañones y complicaba la tarea de escribir con la tiza en la pequeña pizarra escolar. En Granada, los carámbanos que colgaban de la Fuente de las Batallas servían para calibrar las gélidas temperaturas y, algunos recordarán que no era tan extraño esquiar en la Gran Vía. Precisamente es esta calle la protagonista de una bonita portada publicada por IDEAL el 16 de noviembre de 1934.

Los árboles que bordean la calzada se doblaban bajo el peso de la nieve, que también había cubierto de blanco los cables del tranvía. No circula ninguno, porque la intensa nevada cortó el servicio y los vehículos circulaban con dificultad sobre las vías porque es el único espacio libre de nieve: «las calles de nuestra ciudad tornáronse albas; tejados, árboles, aceras, vehículos y jardines fueron blanqueados en pocas horas por un espeso manto de nieve y, con su blancura deslumbrante, completaron el espléndido cuadro de invierno», explica la crónica de IDEAL. Se vio patinar y esquinar en la céntrica avenida granadina, los niños se batieron en enconados combates con bolas de nieve. Los más jóvenes llenaron de vida y movimiento los bosques de la Alhambra y los miradores del Albaicín, y los fotógrafos ‘amateurs’ (así los define el redactor de este diario) «tuvieron ocasión de lucir sus habilidades captando las bellas panorámicas de Granada» (en esto no somos muy distintos a cómo lo eran nuestros abuelos).

En aquellos años, que nevara era lo habitual. Cuenta el periódico de aquel día del 34 que, desde el año 1903, solo habían faltado nevadas en los años 1919 y 1929 y en los años 1903, 16, 18 y 31 solo nevó un día. Lo extraño era que lo hiciera en noviembre y con la intensidad con la que lo hizo aquellos días desmintiendo aquello del ‘veranillo de San Martín’.

Los días más fríos

El seis de febrero de 1954, Granada registró uno de los días más fríos de su serie climática cuando los termómetros alcanzaron los 13, 4 grados bajo cero. Hubo que reforzar el personal del servicio de limpieza para ayudar a los bomberos en la retirada de la nieve acumulada en las calles. La recogían ayudados por cuatro camiones que había cedido el ejército, que no cabían por las estrechas y empinadas cuestas del Albaicín, por las que se arrojó el contenido de un camión de sal.

Pocas veces se han sufrido temperaturas tan bajas en la capital granadina. En la Nochebuena de 1970 los 8, 6 grados bajo cero helaron charcos, fuentes y tuberías y el 16 de enero de 1987 los granadinos soportaron catorce bajo cero y un niño de días murió congelado en Jérez del Marquesado. Todos los periódicos se hicieron eco de que Granada había registrado la mínima más baja de España y la ciudad tiritaba al no superar los cero grados durante el día. Otro 16 de enero, pero de 1985, se vivió una jornada polar al caer el termómetro hasta los 9,8 grados bajo cero. «Nuestra región tirita», publicaba el periódico el 22 de diciembre de 1979, cuando los termómetros cayeron hasta los -9,2 grados.

Históricas nevadas

Los libros de Historia recogen algunos de estos sucesos meteorológicos, sobre todo cuando han derivado en tragedia. Una de las heladas más crueles fue la que tuvo lugar tras el terremoto del 25 de diciembre de 1884, uno de los más dañinos de la historia de Granada. Murieron 690 personas y hubo miles de heridos, casas destruidas y cientos de familias se quedaron sin techo para guarecerse de los rigores del invierno recién estrenado. Para agravar el dantesco panorama, en la primera quincena de enero siguiente, el de 1885, nevó copiosamente en la capital y en su provincia, la mayoría de los pueblos de la zona norte estuvieron incomunicados durante bastantes días, intenso frío que los damnificados sufrieron viviendo en improvisados campamentos.

Juan Bustos recogió en una de sus crónicas algunas copiosas nevadas, reseñadas por Luis Morell y Terry en sus ‘Efemérides granadinas’, dignas de mención por su intensidad y consecuencias. Por ejemplo la del 8 de enero de 1694 en que nevó sin cesar en la capital y la provincia durante diez días consecutivos, llegando a helar la Acequia Gorda, con «lo que no pudieron andar los tornos de agua en que se tuerce la seda». El 3 de febrero de 1697 nevó intensamente hasta en la costa, donde el fenómeno suele ser más raro, llegando entonces a helarse la cosecha de limones, «siendo necesario traerlos de Italia al escandaloso precio de 2 reales cada uno». En la capital, descendió tanto la temperatura que se solidificó el agua en las botellas y el vino en los toneles.

Más de una semana permaneció incomunicada Granada con los pueblos del norte de la provincia, con la gran nevada de enero de 1891. En algunos de estos pueblos se helaron las acequias con el consiguiente perjuicio para los labradores.

El 16 de diciembre de 1946 comenzó a nevar en Granada y así estuvo varios días en la que se calificó como «la nevada más persistente de todo el siglo». El temporal dejó estampas bellísimas pero carreteras cortadas (tras dos días de nevada, solo había comunicación con Motril y Córdoba, por Loja), retrasos en trenes y tranvías, el vuelco del autobús de la línea de Jaén. La ciudad se paralizó y no hubo reparto ni de leche ni de pan «ha sido tan intenso el frío que reinó en la capital que en las paradas de tranvías de la Fuente de las Batallas, Humilladero y Triunfo, los viajeros y el personal del servicio encendieron grandes lumbres que no se extinguieron hasta bien entrada la noche».

Fotos

Vídeos