¿Desde cuándo y cómo se ilumina la Alhambra?

La Alhambra iluminada en una imagen de los años sesenta /Torres Molina/Archivo de Ideal
La Alhambra iluminada en una imagen de los años sesenta / Torres Molina/Archivo de Ideal

Desde la llegada de la luz artificial a la ciudad se ha utilizado la iluminación para embellecer el monumento

AMANDA MARTÍNEZ

Visitar la Alhambra a la caída del sol es mágico. El bullicio del día da paso a una dulce calma. La delicada iluminación agudiza los sentidos. Se escucha el murmullo del agua brotando de las fuentes, se siente el ligero frescor de la brisa en los jardines y un abanico de olores que ha pasado desapercibido para el visitante matutino.

Hay quien piensa que verla por la noche puede resultar algo artificial, porque su diseño no estaba concebido para disfrutarse con luz eléctrica. Estas visitas nocturnas permiten contemplar los palacios o los jardines con otra mirada que merece la pena descubrir.

En torno a 1870 la Alhambra se convierte en un bien público y comienza a regularse su visita. El catálogo de la exposición 'Monumento y Modernidad' que, comisariada por Javier Píñar y Miguel Giménez Yanguas, pudo verse en el Palacio de Carlos V hasta hace unas semanas, reproduce la tarifa de precios para 1909 y, por 10 pesetas, el visitante podía disfrutar del palacio «a la luz de la luna». Antes también podía visitarse la Alhambra de noche pero, según un reglamento de 1872, que también recoge el catálogo de la muestra, «en el caso de que alguna persona desee visitar el palacio en horas extraordinarias, durante la noche, se le concederá solamente a juicio del Director y bajo la responsabilidad del dependiente que deba acompañarle».

Este alumbrado era necesario para facilitar la visita, pero los granadinos han asociado la iluminación del monumento a la celebración de sus fiestas y acontecimientos más importantes de la historia de la ciudad.

¿Desde cuándo se ilumina la Alhambra?

La muestra dedicó un capítulo especial al alumbrado del monumento. Píñar y Giménez Yanguas viajan por la historia hasta 1858 fecha en la que las calles de la Alhambra dispusieron del primer alumbrado público. La iluminación consistía en nueve farolas de reverbero, que utilizaban aceite como combustible, a las que se les acoplaban unos reflectores de latón para aumentar la intensidad y el alcance de la luz: «suspendidos entre los álamos a lo largo del Paseo central, entre la Puerta de las Granada y los Siete Suelos», explican los autores del artículo.

Aún no había llegado el gas a la ciudad, pero no tardaría. En 1866 M. Grenier en nombre de Charles Lebon, inaugura en el callejón de Gran Capitán, la Fábrica de Gas Lebón. El gas 'subió' la Cuesta de Gomérez en 1870, apuntan los autores, luz de gas que iluminaba los bombos de colores que alegraban las veladas festivas del Corpus en la plaza de los Aljibes. Toda una tradición de las fiestas granadinas.

Luces de fiesta

En 1934, IDEAL publica un artículo que titula 'Las iluminaciones, factor indispensable en los tradicionales festejos'. Firmado por Zirto, habla de los resplandores de llamas en las almenadas torres para celebrar fiestas y acontecimientos históricos durante los siglos XVII y XVIII. A partir de la década de los sententa del siglo XIX fue cuando se estableció esta iluminación integral en la Alhambra. Así describe el cartel anunciador de las fiestas del Corpus de 1875 el alumbrado que lució el castillo rojo: «en la noche de ese día, las calles que conducen a la Alhambra, por el centro de sus espesos bosques, estará iluminadas con gas fluido y, desde la última fuente, las galerías serán orladas de luces de colores que continuarán hasta el recinto árabe.

En el centro de la Plaza de los Aljibes se construirá un precioso templete, que también estará iluminado, a la veneciana. La Puerta de las Granadas ostentará una iluminación entrelazada del mejor gusto y variedad. Multitud de bengalas, quemadas en los bosques, darán mayor animación a la velada, que se anunciará al disparo de palmas reales desde la Torre de la Vela».

Belleza en la iluminación del Palacio de Carlos V
Belleza en la iluminación del Palacio de Carlos V / Torres Molina/Archivo de IDEAL

Con gas se iluminaron los primeros conciertos del Carlos V, el origen de los Festivales de Música y Danza, o el homenaje a Zorrilla en 1889. Se llegó a concebir y realizar mágicas combinaciones de maravillosa fantasía, «convirtiéndose los bosques en sueño delirante del poeta, en estampa rutilante y policromada, arrancada de 'Las Mil y una noches». Zirto cuenta que este despliegue de luces desapareció ante el peligro de incendios.

Electricidad para el IV Centenario

Hoy sabemos que Granada fue marginada de los fastos de la celebración del IV Centenario del Descubrimiento. De aquellos días sólo nos queda el bello monumento de Mariano Benlliure y una polémica descomunal que hizo revelarse a la ciudadanía de Granada por tamaño desaire pero, en 1891, un año antes de la efeméride, la ciudad pensaba a lo grande y una de las muchas ideas que se barajaron fue la de la «electrificación de la Alhambra como espectáculo». Javier Píñar y Giménez Yanguas, recuperan un artículo publicado por Seco de Lucena en 'El Defensor' en el que propone que «el palacio árabe, la Torre de la Vela, toda la fortaleza y los bosques de la Alhambra serán iluminados con lámparas eléctricas incandescentes cubiertas de bombas de colores, en un número de treinta y cinco mil». En la velada en la que las bandas militares pondrán música y se «iluminarán con potentes focos eléctricos de arco voltaico, con hogueras, bengalas y farolillos a la veneciana, la cuesta de Gomérez, las alturas de San Miguel y San Cristóbal, los puntos culminantes del Albaicín, la ladera septentrional del cerro de San Pedro, las márgenes del río Dauro, Generalife y Valparaíso. La Vega se iluminará con fumarolas o nieblas artificiales de colores, produciéndose un efecto general de perspectiva que seguramente ha de superar a las más brillantes creaciones de la imaginación». Aquel 'videommapping' del siglo XIX se redujo a «400 bengalas destinadas a iluminar el recorrido que la reina habría de hacer desde su residencia en el Carmen de los Mártires a la Alhambra», aunque, finalmente, la reina tampoco vino.

La electricidad llegó a Granada en 1893. Para prestar este servicio, un año antes se constituyó la Compañía General de Electricidad que instaló una central térmica en el Paseo del Salón. No tardó en quedarse pequeña y de la mano del ingeniero Pedro Moreno Agrela la empresa encaminó sus esfuerzos a conseguir la concesión del aprovechamiento de las aguas del río Genil y estableció en Pinos la primera central hidroeléctrica de la capital que tuvo una espléndida presentación en la artística iluminación de las fiestas del Corpus de 1897.

De ahí en adelante la luz eléctrica acompañó, tanto en la delicada luz para el disfrute de los sentidos en las tranquilas visitas nocturnas, al espectáculo.

En 1924, continúa el artículo de Zirto, de nuevo sirvió la Alhambra para un intento de iluminación con reflectores. Desde la plataforma de la Torre de la Vela, la galería del Mirador de la Reina y los ajimeces centrales del Salón de Embajadores, surgieron ráfagas de luces de colores que, alternativamente, iluminaban el soberbio conjunto del palacio y parte de sus bosques. Al año siguiente, con rayos de reflejos rojos, verdes y azules, también se iluminó la torre de la Vela desde su base instalando reflectores ocultos entre la maleza del bosque.

Y una pantalla como la de la Expo

En su programa electoral para las últimas municipales, Sebastián Pérez incluyó un espectáculo de luz y sonido en la colina de la Alhambra. Su idea consiste en un juego de luces colocadas en diferentes puntos del monumento y de la colina e incluye instalaciones de 'videomapping' al son de los acordes de músicos tan vinculados a la ciudad como Manuel de Falla o Federico García Lorca. El objetivo de esta propuesta es, según Pérez «aumentar las pernoctaciones de los turistas», que se quedarían a dormir en la ciudad para no perdérselo.

No era la primera vez que se planteaba en estos términos. En 1996, el gobierno del PP presentó un espectáculo de luz y sonido en la Alhambra. El espectáculo tendría lugar frente a la colina, justo encima del Palacio de los Córdova, en unos terrenos municipales donde se instalaría una plataforma circular con capacidad para 300 butacas. Los espectadores dispondrían de auriculares para seguir el espectáculo en el que se contaría la historia de Granada con imágenes proyectadas sobre pantallas sólidas o de agua sobre la fachada del Palacio de los Córdova y la Alhambra. Le acompañaban juegos de luces, efectos especiales con rayos láser y una pantalla líquida como la de la Expo que levantaría una cortina de agua de 30 metros de alto sobre un gran estanque. Funcionaría todas las noches del año, tendría una duración de unos 40 minutos.