La inauguración del edificio de Correos de Puerta Real

Solar reservado para la Casa de Correos. Al fondo, la calle Ganivet y la Manigua en plena reforma /Archivo de Ideal
Solar reservado para la Casa de Correos. Al fondo, la calle Ganivet y la Manigua en plena reforma / Archivo de Ideal

En 1958 abrió sus puertas el que era uno de los más bonitos palacios de comunicaciones de España

AMANDA MARTÍNEZ

Fue una aspiración de la ciudad durante décadas que por fin se hizo realidad el 15 de junio de hace sesenta años. Hasta entonces los granadinos había resuelto sus trámites de correos y telégrafos en el domicilio particular de Vicente de Arteaga, un acaudalado hombre de negocios granadino que había arrendado varias plantas de su vetusto caserón de la calle Reyes Católicos al servicio de comunicaciones. Pero este espacio hacía años que se había quedado pequeño. Crecía la población, aumentaban las relaciones mercantiles, se establecían nuevas industrias... Juan Bustos cita en su artículo 'El edificio de Correos' ('Andar y Ver'. IDEAL 14 de septiembre de 1998) unos datos reflejados por José Antonio Mesa en la 'Hoja del Lunes' referidos al ejercicio de 1952. Cuenta que en aquel año se recibieron en Granada diariamente unas 8.500 cartas, se enviaron unas 15.000, se gastaron en sellos 50.000 duros al mes y se movieron, en giros postales y telegráficos, casi un millón de pesetas diarias.

Ante la falta de espacio los servicios se habían dispersado: en un local de la plaza de los Tiros se realizaban los envíos de paquetes postales, certificados-impresos y paquetes muestra, mientras giro postal y caja postal estaban en unas oficias de la Gran Vía.

Punto neurálgico

El 10 de mayo de 1943 Francisco Franco se bajaba de su coche oficial en la plaza de la Mariana para recorrer a pie la nueva calle Ángel Ganivet e inaugurar la reforma del barrio de La Manigua. Solo unos días más tarde, el 14 de mayo, los arquitectos Joaquín Otamendi y Luis Lozano Losilla presentaron su proyecto para la construcción del edificio que albergaría la nueva casa de Correos. Ocuparía un valioso solar en el corazón de la ciudad, el punto neurálgico de su transformación urbana.

El edificio, de estilo neoclásico, acabaría por definir el perfil de Puerta Real. Si en aquel paseo el jefe del Estado se hubiera asomado al final de la calle, habría encontrado el hotel Victoria en obras para elevar en dos pisos más su planta, la casa de la esquina de Costales a prácticamente terminada en el solar que ocupó el antiguo café Colón, y acababa de estrenarse el edificio Olmedo (lo hizo en 1942).

El futuro palacio de Comunicaciones iba a ocupar uno de los solares más caros de Granada. Se valoró en un millón trescientas mil pesetas, precio al que hubo que añadir los cuatro millones por la construcción del inmueble que pagaron a partes iguales el Estado y el Ayuntamiento. Finalmente el precio, ante los continuos aplazamientos de la obra, fue aumentando.

Hasta octubre de 1948 el Consejo de Ministro no aprobó definitivamente el presupuesto del que sería «uno de los mejores edificios de Correos de España». Los trabajos comenzaron en julio de 1949, aunque su construcción fue lenta y no estuvo exenta de complicaciones.

Poco antes del inicio de la obra una tapia del solar se desplomó sobre un niño que paseaba con su madre por la calle Ganivet. El pequeño de cuatro años, hijo de un conductor de la Alsina, murió poco después en la Casa de Socorro.

También se paralizó la obra por defectos de cimentación, a los que se unió la falta de presupuesto para seguir excavando. Los edificios colindantes, que podían sufrir perjuicios por la enorme profundidad de las excavaciones fueron apuntalados e incluso se informó de que podrían correr peligro debido a las filtraciones por la lluvia y no solo las más antiguas construcciones que daban a la Acera del Casino. La obra dejó al descubierto los cimientos de edificios más modernos y los afectados denunciaron en varias ocasiones lo que podría haber sido una catástrofe anunciada.

Solventados los problemas, un domingo de mediados de junio, el último día de las fiestas del Corpus, a las nueve de la mañana, la nueva Casa de Correos abría sus puertas.

Comunicaciones modernas

El mismo día de su apertura aún se trabajaba en la mudanza del material desde el desvencijado local de la calle Reyes Católicos, incluso de madrugada continuaron los camiones transportando cajas y paquetes.

Cuenta la 'Hola del Lunes' que la primera carta que se certificó fue expedida con dirección a Juan Molina Marín en Sevilla remitida por Antonio M. Villegas, hijo político del destinatario. Aquel primer usuario accedería desde Puerta Real al amplísimo hall iluminado por una lucerna por una escalinata y una puerta giratoria. En esta amplia dependencia se instalaron las seis ventanillas y escritorios para la venta de sellos, preparación y lacrado de paquetes, lista de correos y otros servicios de atención al público. En el primer piso se encontraban los aparatos telegráficos y los despachos de dirección de servicios, así como una sala de cartería. El edificio, dedicado en exclusiva a Correos y Telégrafos, reservaba el tercer piso para viviendas de jefes y el cuarto para viviendas de empleados subalternos y se comentaba en su inauguración la posibilidad de una eventual emisora de radio. En el semisótano se situaron las cuatrocientas casillas del apartado de correos y, en los soportales de la calle Ganivet, se colocaron los buzones para la recogida de cartas, cada uno para un destino diferente, según se dirigiera el mensaje al interior de la población, al resto de provincias españolas o al extranjero. El edificio tenía accesos por Puerta Real, Ganivet y Acera del Casino.

El nuevo edificio supuso un impulso en las modernización de las comunicaciones en la ciudad. En el mes de julio de aquel 1958 Correos presentaba orgulloso los primeros buzones que se instalaron en las calles de Granada. Para empezar se colocaron 17 en puntos estratégicos y la empresa estatal estaba en negociaciones con el municipio para montar 10 más que irían sustituyendo, poco a poco, al servicio de recogida de cartas que había en los estancos a fin de imprimir al servicio de recogida la mayor rapidez y seguridad.

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