Historias bajo suelo y sobre el asfalto del Albaicín

El Carmen del Cenete en los años cuarenta /Cedida Javier de Pablos
El Carmen del Cenete en los años cuarenta / Cedida Javier de Pablos

Esta es la de los cármenes adquiridos por un particular para construir su casa. Una historia que empieza en Ilíberis y termina en Londres

AMANDA MARTÍNEZ

Al padre Juan de Flores se le turbó la mente cuando descubrió, bajo el suelo del Carmen de la Concepción, restos del foro del Municipium Florentinum Iliberritanum. Empeñado en demostrar sin lugar a dudas el pasado romano de la ciudad y de paso, que el primer concilio católico de la Península se celebró en la colina del Albaicín, introducía piezas falsas en las excavaciones arqueológicas que eran descubiertas al día siguiente por algún operario. Su loca carrera de falsificaciones, que se prolongó durante casi una década, minimizó el alcance de su descubrimiento y eclipsó la posibilidad de conocer el origen de Granada como ciudad inclinando la balanza hacia la teoría islámica. Descubierto el fraude, piezas auténticas volvieron a ser enterradas y muchos de sus relevantes hallazgos se reutilizaron en la construcción de viviendas en el barrio.

Casi tres siglos después, un hombre de negocios de la City londinense, ha elegido Gumiel de San José para construir su segunda residencia. Casado con una granadina y padres de cinco hijos, el matrimonio ha adquirido cuatro casas contiguas de esta calle, el conocido como Carmen del Cenete, en la esquina con Camino Nuevo de San Nicolás, la casa del Tinte, el Carmen del Gato y una más en la calle Aljibe del Gato, la 'Casa Madre'.

Obra en Gumiel de San José
Obra en Gumiel de San José / A.M.

La manzana es una 'zona caliente' desde el punto de vista arqueológico. Maribel Mancilla es la responsable de las excavaciones en el solar de Gumiel. Aún con el casco puesto, ultima su trabajo al pie de la obra antes de meterse en el archivo para documentar los hallazgos y elaborar sus conclusiones definitivas. Su descubrimiento, unido a los trabajos de colegas como Luisa Gámez Leyva, en Álamo del Marqués, o Ángel Rodríguez Aguilera, en María de la Miel, puede contribuir a entender mejor el pasado romano de la ciudad. Ha encontrado cinco galerías en 'opus caementicium', un material de construcción muy utilizado por los romanos, una mezcla de agua, cal, arena y piedras, parecido al hormigón, que pudieron formar parte de un criptopórtico, una especie de pasillo abovedado que solía construirse para soportar estructuras como un foro. También han aparecido restos de lo que podrían ser las termas de la ciudad y una cabeza laureada de un emperador romano que está depositada en el Museo Arqueológico.

La casa morisca

Sobre la ciudad romana, los árabes construyeron la Alcazaba Cadima, rodeada de barrios extramuros. En uno de ellos, el Rabad Aitunjar, el más populoso, se levantó un palacio nazarí en el que se dice que Boabdil fue reconocido por segunda vez rey de Granada en 1485. Tras la conquista de la ciudad, los Reyes Católicos se lo cedieron al Marqués del Cenete y su linaje lo conservó hasta que en el siglo XVII se fundó un hospital. El que hoy conocemos como Hospital de la Tiña, ocupa un espacio próximo a la calle Gumiel y es posible que la Casa del Cenete, cuyo origen se remonta al siglo XVI, recibiera este nombre por la proximidad a los dominios del Marqués, pero no se ha podido comprobar documentalmente que fuera así. Lo explica Javier de Pablos coautor junto a Manuel Peregrina del informe de afección al patrimonio, un estudio documental previo que es obligatorio para acometer cualquier intervención sobre un edificio catalogado. En el caso de Gumiel de San José, el historiador ha empleado dos años de trabajo en su elaboración: «no conozco una intervención de iniciativa privada más respetuosa con el patrimonio y con la documentación del patrimonio inmueble granadino que esta», puntualiza de Pablos, «hablamos de una metodología que solo se emplea en monumentos. Es un protocolo de trabajo que solo se da en edificios BIC, de máxima catalogación».

El Carmen del Cenete tiene su origen en varias casas moriscas del siglo XVI, «es una casa pintoresca, que forma parte del paisaje del Albaicín, pero que ha sufrido diferentes transformaciones a lo largo del tiempo que han desdibujado su fisonomía original, explica de Pablos. De la casa morisca original queda poco, apenas un tramo de muro en el interior de un patio. El resto es consecuencia de intervenciones posteriores».

El historiador trabaja en contacto directo con el arquitecto encargado del proyecto, Ignacio Quemada, que tiene estudio en San Sebastián y que ha trabajado, entre otros, con Moneo en la ampliación del Kursaal: «nunca se va a desdibujar la imagen ni el paisaje del Carmen del Cenete, al contrario hay un empeño por recuperar su imagen original», explica de Pablos.

Hasta finales del siglo XVIII la casa fue residencia de personalidades de la aristocracia granadina como el Conde de Gabia e incluso hay documentos que la relacionan con los Moctezuma. Ya en el siglo XX el edificio se convirtió en una casa de vecinos, hubo una carbonería en el sótano y en la segunda planta funcionó una peluquería. A finales de los años 70 el carmen pasa a manos del inspector de educación Víctor Burgos y su familia, últimos inquilinos del inmueble.

La casa del Tinte

Es el único edificio del proyecto que ha sido demolido. Tenía un nivel de protección 4 y estaba declarado en ruinas. Utilizado como granero o almacén de la casa principal, en el siglo XX se aísla y se instala en ella un taller de tintado. Antonio Ballesteros, conocido como Antonio 'el del Tinte', fue un personaje muy popular en el Albaicín y los vecinos aún recuerdan ver pasar los fardos de lana traídos de los telares que había en la vecina calle de Pilar Seco en los años de auge de la industria textil granadina.

Aún se conservaban las máquinas del tinte cuando el directivo londinense adquirió la propiedad. Había dos calderas de vapor, una centrifugadora y una devanadora para hacer madejas de lana. Fue el mismo propietario el que pidió que se cediera de forma gratuita a quien pudiera interesarle y llamaron a Miguel Giménez Yanguas, una persona indispensable si hablamos de patrimonio industrial, para que encontrara acomodo para las máquinas. Las calderas de vapor se las ha quedado la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Edificación de Granada. Son de hierro fundido con elementos decorativos en bronce. «Se van a someter a un proceso de limpieza, un tratamiento de chorro de arena para quitar el óxido y un protector de pintura tipo oxiron antes de colocarlos en los jardines del centro,» explica Juan Manuel Santiago, director de la Escuela.

Máquinas en el jardín de la ETSIE a la espera de su ubicación definitiva
Máquinas en el jardín de la ETSIE a la espera de su ubicación definitiva / A.M

Por la devanadora, de los años cuarenta construida en Tarrasa, y la centrifugadora, se interesó el Museo Textil de Antequera, sin embargo, aunque estaba en relativo buen estado, era muy difícil sacarlas de la vivienda. Se intentó desmantelando el tejado y de ahí se iría avanzado hacia la planta baja. Pero en un momento, una parte del forjado que había sobre el telar se hundió y lo destrozó. Quedó para chatarra.

El nuevo vecino del Albaicín

Todas las personas consultadas para la realización de este reportaje coinciden en que el propietario es muy escrupuloso en el cumplimiento de la normativa en materia de patrimonio y que no ha escatimado ni tiempo, ni dinero, en hacer las cosas bien.

Socio de una firma de capital privado, es una persona de exquisito gusto a la hora de elegir viviendas. En Londres, reside en el exclusivo barrio de Hampstead en una casa del siglo XVIII que había pertenecido al premio Nobel de Literatura John Gaslworthy y que ha sido inmortalizada por el pintor John Constable. En 2015, las obras de remodelación de esta vivienda para adaptarla a las necesidades de su familia saltaron a las páginas de la prensa local. Varios vecinos protestaron por el interés del directivo en construir un gimnasio y habitaciones de juego para sus hijos en el sótano de la casa que está catalogada, además de por el ruido y las molestias que la obra pudiera ocasionar. La reforma contaba con todos los permisos municipales y, finalmente, siguió adelante