Cuando Granada no quiso ser andaluza

Manifestación de militantes del Partido Andalucista por las calles granadinas para festejar el resultado que ha obtenido en la región en las generales del 79 /Torres Molina/Archivo de Ideal
Manifestación de militantes del Partido Andalucista por las calles granadinas para festejar el resultado que ha obtenido en la región en las generales del 79 / Torres Molina/Archivo de Ideal

Hace 85 años almerienses, jienenses y granadinos defendieron una región constituida por las tres provincias

AMANDA MARTÍNEZ

Tenía ‘El Defensor de Granada’ una sección que llamaba ‘Postales desde Barcelona’. El 27 de abril de 1932, la postal aludía al desafío de los partidos políticos catalanes en defensa de la integridad de su Estatuto: «Andalucía, en cambio, no siente el regionalismo», decía aquel artículo. Ese mismo día, en Granada, Jesús Yoldi, fue nombrado alcalde. Las aspiraciones autonómicas estaban reflejadas en la Constitución del 31 y en Andalucía había grupos regionalistas que trabajaban en un proyecto de autogobierno. Para ratificarlo, habían convocado a las ocho provincias en Córdoba.

Yoldi encargó a tres concejales, Carlos Morenilla, de Acción Granadina (un partido de derechas), Luis Fajardo, de Izquierda Republicana, y Manuel Fernández Montesinos, del PSOE, la elaboración de una ponencia que definiera la posición de Granada ante el Estatuto andaluz que se debatiría en aquella reunión: «En Andalucía no se siente y concibe el espíritu regional con las características diferenciales requeridas para poder constituir una sola región», dice el texto que, en cambio, aludía a la existencia de una Región Andaluza Oriental, «como realidad histórica, geográfica y administrativa», formada por las provincias que constituían el antiguo Reino de Granada.

A los tres concejales se les unió Ricardo Corro para representar al ayuntamiento de Granada en la Asamblea Regionalista que se celebró en Córdoba durante los días 29 al 31 de enero de 1933. Fue una reunión histórica para el autonomismo andaluz porque de ella salió el anteproyecto de Estatuto, que luego sería el definitivo, pero que se aprobó en un ambiente crispado y sin consenso.

Andalucía Oriental

«Entre grandes escándalos se celebra la Asamblea de Córdoba», dice el titular de IDEAL, «En la Asamblea Regional de Córdoba se manifiesta general oposición al proyecto de Estatuto Andaluz», dice ‘Abc’; «La Asamblea Regional de Córdoba ha fracasado por falta de ambiente», titula ‘El Defensor’.

La posición granadina, que secunda Jaén, Almería y Huelva, partía de la base de que no se sentía «con igual intensidad, ni con caracteres idénticos el problema regionalista en las ocho provincias andaluzas» y que el hecho de que cuatro de ellas no quisieran el Estatuto, era un síntoma de que «nace muerto». Al pueblo andaluz no le interesaba el regionalismo y no era el momento de plantearlo por eso, propone Morenilla, que fue el encargado de la defensa de la proposición de Granada, antes había de despertar el sentimiento regional: «no somos contrarios al Estatuto, pero creemos que antes hay que hacer una intensa propaganda por los campos, por las ciudades y por las aldeas y, después, pedir el Estatuto al poder central». En su exposición se suavizó la idea de crear una Andalucía Oriental con capital en Granada e integrada por Jaén y Almería y expuso que, «llegado el momento, la región podría constituirse con Andalucía entera, o podrían formarse dos regiones, o mancomunidades circunstanciales de diversas provincias y ayuntamientos para determinadas obras y servicios».

Los regionalistas, por su parte, insistían en que el Estatuto era la solución a los graves problemas y las desigualdades sociales de la región. Andalucía está preparada para ello, insistían, y «puede pedir su libertad y su autonomía. Es el momento en que debe enterrarse la pandereta, dando un mentís al mundo, demostrando la capacidad de los andaluces para poderse gobernar».

El ambiente se tensaba por momentos. Los recelos mutuos evitaban cualquier acuerdo. Blas Infante pedía «residenciar a las provincias disidentes» y, entre gritos de «fascistas» y «burgueses», la mayoría de los delegados de la Andalucía Oriental, además de los de Huelva, abandonaron la reunión. Hay una anécdota, que contó en un artículo publicado en IDEAL Enrique Iniesta Coullaut-Valera (biógrafo de Blas Infante). Al parecer, el alcalde de Guájar Alto envió un telegrama urgiendo al sentido de responsabilidad, que fue secundado por veintidós ayuntamientos. Los delegados granadinos no volvieron a sus asientos pero el proyecto de Estatuto Andaluz salió adelante.

En noviembre de 1933, el triunfo de la CEDA supondría la paralización de las iniciativas autonómicas en todo el país. En 1936 llegó la Guerra Civil y un destino trágico que compartieron algunos protagonistas de esta historia.

Cuando la dictadura franquista agonizaba, la Asamblea de Córdoba, que permanece en la memoria del movimiento andalucista, vuelve como un referente político y se construye una identidad andaluza, esta vez, con mayor consenso.

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