La gran noche del Rey Chico

El empresario Virginio Sánchez pasa revista a sus empleados la noche que el Rey Chico abrió como restaurante /Juan Ortiz
El empresario Virginio Sánchez pasa revista a sus empleados la noche que el Rey Chico abrió como restaurante / Juan Ortiz

Hace 20 años el edificio se abrió como restaurante solo por una noche antes de su demolición que, finalmente, no se llevaría a cabo

AMANDA MARTÍNEZ

A lo largo de su historia el Rey Chico ha sido muchas cosas: venta mañanera donde los señoritos de la posguerra terminaban la juerga al amanecer, la sala de fiestas más visitada de Granada, tablao flamenco con algo de alterne, restaurante de lujo, solo por una noche y, hasta convertirse en el Centro Municipal de Arte Joven que es en la actualidad, objeto de otra de las largas y agrias polémicas que han jalonado la historia de esta ciudad.

El Rey Chico fue también el sueño de la familia de Virginio Sánchez: «yo compré un edificio antiguo, que llevaba ahí desde siempre, explica el empresario, y quise construir un local a la altura de las grandes ciudades con un restaurante de categoría y una sala de espectáculos donde el cliente disfrutara de una actuación mientras cenaba a los pies de la Alhambra. Granada no tiene ningún local de este tipo y ese era el sueño de nuestra vida, nuestra lucha, pero… no pudimos llevarlo a cabo».

En 1990 adquirió el edificio. La polémica, sin embargo, no surgió hasta que el local estuvo prácticamente terminado y cuando había superados todos los trámites administrativos. Entonces, plataformas ciudadanas y partidos políticos exigieron su derribo. El asunto llegó a la prensa nacional, se pronunció el Ministerio de Cultura y hasta la Unesco emitió un dictamen en contra de su demolición, pero también del uso proyectado y sugirió dedicarlo a equipamiento cultural.

En vísperas de Semana Santa de 1998 el alcalde Díaz Berbel y el empresario se estrecharon la mano. La adquisición del Rey Chico por parte del municipio para su derribo se iba a pagar en dinero y en especie. Se habló de que el propietario recibiría a cambio el solar del Carmen de las Palmas y los derechos de explotación de la Chumbera durante un tiempo: «finalmente fue solo un acuerdo económico, nuestra empresa explota actualmente La Chumbera, pero porque fuimos los únicos que nos presentamos al concurso público. No perdimos dinero, perdimos el tener nuestro negocio soñado», se lamenta el empresario que considera que hubo intereses personales en que su empresa no se hiciera realidad: «la competencia la teníamos más arriba», dice.

Virginio Sánchez abrió su restaurante solo por una noche, la del 4 de abril de hace 20 años. «Yo le dije a Berbel: mira, la ilusión de mi vida, la lucha de mi familia, usted no me la va a quitar, yo inauguro mi negocio porque tengo que tener esta satisfacción y luego, pues lo cerramos si hay que cerrarlo». La fiesta reunió a varios cientos de personas: «invitamos a todo el mundo de Granada, también a políticos, pero muchos no vinieron porque nadie quiso hacerse la foto en la inauguración del Rey Chico. Fue una fiesta muy bonita y allí se terminó todo».

Sin embargo el edificio no se derribó. Tras años abandonado, de expolios y reformas para atenuar el impacto visual del inmueble, ejecutadas por Rafael Soler el arquitecto que lo proyectó, en 2004 abrió sus puertas reconvertido en Escuela de Artes Escénicas y Centro Municipal de Arte Joven. «Un día fui con mi mujer y pedimos permiso para pasar. Había una exposición... nos dio un poco de pena porque se creó para alojar una sala de fiestas y un restaurante, y su uso actual no tiene una repercusión importante en la ciudad. Yo quise hacer algo emblemático».

Virginio Sánchez siguió trabajando. Creó el grupo La Mamunia que tiene los derechos de explotación de La Chumbera y son responsables de varios restaurantes como el Club de Campo de Granada, el complejo La Mamunia o La Pataleta «no hay que mirar atrás», explica, mientras el edificio que construyó, sigue ahí.

El último cabaret

El antiguo Rey Chico fue una verdadera institución en Granada. Su historia estaba escrita a base de curiosas anécdotas y recuerdos entrañables que contaba con orgullo el que fue su propietario, Manolo Gómez, un hombre del espectáculo, que en 1966 transformó una antigua venta que pasaría a formar parte de la historia de esta ciudad.

Abrió un Sábado de Gloria con el show de Conchita Cano. Desde entonces Mario Maya, Marifé de Triana, 'La Porrona', Juanito Valderrama, Estrellita Castro, Juanita Reina, Bambino, Gila, Andrés Pajares… Humoristas, baile, cabaret, erotismo y cante de todos los estilos, tenían hueco en el escenario de la popular sala de fiestas. Lugar de encuentro de los calaveras granadinos, «el Rey Chico estaba concebido para Granada y los granadinos», escribió el redactor de IDEAL Enrique Seijas en la noticia del anuncio de su cierre como sala de fiestas en 1989. «Artistas que por su talla no podían venir a actuar a una sala demasiado pequeña, porque sus cachés entonces suponían un dineral, acudían a visitarlo, se tomaban una copa y hasta, en privado, se arrancaban con un bailecillo o cante para animar la velada». Era el lugar donde los granadinos llevaban a los invitados forasteros y las agencias de viaje a los turistas. «Recuerdo, le dijo Gómez, aquel inolvidable cuadro flamenco que formaron 'las viejas' del Camino, a las que incluso se les preparó un escenario que subía y bajaba porque les costaba subir escalones o las primeras actuaciones de 'La Coccinelli' la primera vedette transexual».

A partir de los años 70 se fue oscureciendo su estrella. Tuvo una serie de cierres intermitentes hasta su última apertura, en 1989, como tablao flamenco, una sala pequeña y acogedora que no consiguió ganarse a los granadinos ni a los turistas que veían más exótico ver espectáculos flamencos en las cuevas del Sacromonte.

Es la otra historia del Rey Chico, la que permanecerá en los recuerdos que guardan varias generaciones de granadinos, anécdotas de mil y una noches que consumieron cuando el local vivía sus años de esplendor quizás los que Virginio Sánchez quiso recuperar.

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