Hace 20 años, la Lotería de Navidad repartió en Granada 38.000 millones de pesetas

Funcionarios del ayuntamiento brindan por su suerte. /Alfredo Aguilar
Funcionarios del ayuntamiento brindan por su suerte. / Alfredo Aguilar

Enrique Requena, propietario de la administración de lotería número 4, en la calle Príncipe, supo camino del trabajo que el Gordo había caído en la capital granadina. Así lo vivimos

AMANDA MARTÍNEZ

El año que Bill Clinton se emocionó ante "la más bella puesta de sol del planeta", el que las Spice Girls cantaron desde el balcón de la Plaza del Carmen y el príncipe Abdullazih montó su campamento en el Llano de la Perdiz, terminó en Granada con un aunténtico aguacero... de millones. El día 22 de diciembre, a las 9,35 de la mañana, solo 18 minutos después de comenzar el sorteo de la Lotería de Navidad, los niños de San Ildefonso cantaron el 43.728, el Gordo, la alegría con la que un puñado de granadinos estaban a punto de concluir 1997. Aquella fue la sexta vez en toda la historia del sorteo que tocaba en Granada y hacía once años que la suerte no acariciaba esta ciudad con su varita mágica.

Enrique Requena, propietario de la administración de lotería número 4 de la calle Príncipe, supo camino del trabajo que el Gordo había caído en la capital granadina. No tardó en comprobar que fue él quien vendió en ventanilla los 1.300 décimos del número premiado "en total unos 35.000 millones de las antiguas pesetas", recuerda Requena. Le tocó a clientes fijos, abonados durante años a ese número, pero, también, al ser una administración del Centro, a muchos forasteros, que años más tarde han regresado de visita a la ciudad y han vuelto a comprarle lotería. "La constancia tuvo su premio", cuenta Requena, cuya administración estaba abonada a este número prácticamente desde que la abrió su madre en 1941: "Uno de los clientes llevaba casi desde su apertura abonado al 43.728 y, tras casi treinta años de fidelidad, murió sin que le tocase. La suerte tiene una deuda con esa familia". A él tampoco le tocó, pero reconoce ser afortunado porque aquel premio le "proporcionó una clientela fija y abundante, durante bastantes años, que después se ha mantenido".

Enrique Requena, propietario de la administración de la calle Príncipe.
Enrique Requena, propietario de la administración de la calle Príncipe. / Alfredo Aguilar

Gritos, abrazos y alegría desbordada que se vivió en el Ayuntamiento. El Gordo hizo millonarios a decenas de funcionarios, desde la señora de la limpieza al chófer del alcalde; afortunados que compraron sus participaciones a Francisco Redondo, ‘Paco el del puro’, taquillero del quiosco de la Acera del Casino. "Ha sido el mejor año de Granada", dijo un exultante Gabriel Díaz Berbel, alcalde de Granada, al que no le tocó: "Dicen que tengo baraka que en árabe quiere decir que uno atrae la suerte", declaró feliz mientras brindaba con los premiados.

En los alrededores de la calle Príncipe eran muchos comercios que tenían algún décimo o participación. En la Joyería San Eloy, por ejemplo, su propietario Félix Jiménez había regalado varios décimos premiados con el Gordo entre sus trabajadores. Antonio Gómez fue uno de los agraciados que estaba trabajando cuando recibió la llamada del jefe: les había tocado el Gordo. "No nos lo creíamos lo celebramos con champán en la tienda, vino la prensa, la radio, la tele…Yo llevaba un décimo, el premio me ayudó con la hipoteca y me compré un coche", explica. .. Los empleados del establecimiento se fueron a comer juntos para celebrarlo pero, volvieron a abrir por la tarde, que las puertas de la Navidad son días de muchos trasiego en la tienda. Eso sí, la felicidad con la que completaron aquella jornada es inolvidable y siguen jugando a ese mismo número con la confianza de que la suerte vuelva a sonreírles.

Y a ti, ¿cuánto?

Miguel Mejías, un jubilado de 71 años que frecuentaba el Club Taurino, compró 16 décimos que, como tenía por costumbre, regaló entre jubilados, un mendigo que frecuentaba la zona o el conserje del club, que dijo que emplearía el dinero para que su hijo se convirtiera en una gran figura del toreo. Mejías repartió 450 millones de pesetas. Cerca, en el colegio de Los Maristas, tocaron 1.500 millones.

Alumnas y trabajadoras de la academia de Peluquería Lepanto celebrando el premio.
Alumnas y trabajadoras de la academia de Peluquería Lepanto celebrando el premio. / González Molero

Al barrio de Cervantes llevó Iluminada el Gordo. Compró 30 décimos en la administración de la calle Príncipe y repartió un pellizco del premio entre unas ochenta mujeres que participaban en los talleres de la Asociación de Vecinos del barrio: "Siempre jugábamos un par de décimos con cuatro amigas", explica Iluminada. "Ese año estábamos en los talleres de manualidades y me propusieron comprar más décimos. En la administración me ofrecieron un número con dos ceros pero no me gustan los ceros, entonces cogí el 43.728 y tocó el Gordo".

Iluminada estaba preparándose para planchar cuando oyó su número: "Mi marido, que trabajaba en los talleres de Ideal, se había acostado porque acababa de llegar apenas una hora antes, mis hijas también dormían y recuerdo que estaba lloviendo. Cuando salió el número creía que vivía un espejismo, me puse muy nerviosa". Muy pronto esos nervios se convirtieron en un estallido de alegría: "El premio traía muchas ilusiones y muchos proyectos; a una compañera se le casaba su hija y le iba a echar una mano, otra se compró un coche, una pagó la entrada de un apartamento. Recuerdo una vecía que tenía ganas de un reloj de oro y otra que tenía mucha ilusión por ‘unos pelos’ (un abrigo de visón)... Una compañera perdió su participación y yo le di los cinco millones igual, porque sabía que lo había jugado".

Una de las agraciadas fue la presidenta de la Asociación de Vecinos, Elisa de la Torre López: "Yo compré una participación de 500 pesetas, pero mi marido me dijo que comprara una más y, mira por donde nos tocó. La celebración fue tremenda le tocó a muchas personas del barrio que hacía mucha falta, somos un barrio de trabajadores". A partir de aquel día la Asociación vende su propia lotería pero Iluminada sigue comprando sus décimos en la calle Príncipe "a ver si nos vuelve a tocar, que ya han pasado 20 años".

Los granadinos, que aquel año jugaban 3.065 millones de pesetas del sorteo, también recibieron parte del tercer premio, 2.736 millones del 17.033, vendido en la localidad de Armilla, cuyo club de fútbol repartió una serie completa en participaciones y un quinto, 500 millones más, también vendido en la capital.

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