Un cinematógrafo en la casa del Padre Suárez

Un cinematógrafo en la casa del Padre Suárez

Hace 65 años se intentó derribar la casa natal del Padre Suárez para construir en ella un cine. Finalmente se rehabilitó como sede del Archivo de la Real Chancillería

AMANDA MARTÍNEZ

El 13 de noviembre de 1953 este periódico daba la voz de alarma: la casa natal del Padre Suárez estaba en peligro de ser demolida. El ayuntamiento había recibido la petición de su derribo para construir en su solar el negocio de moda, un cinematógrafo. La Comisión Provincial de Monumentos se reunió con carácter urgente y acordó solicitar al gobierno que la declarase monumento histórico y así evitar el derribo de tan notable edificio, no solamente por su arquitectura, netamente granadina, sino para salvar del olvido la memoria de uno de los grandes personajes de esta ciudad, Francisco Suárez.

En esta casa de la calle Pavaneras nació en la víspera del día de Reyes de 1548 el que conocemos como Padre Suárez. Hijo de Gaspar Suárez de Toledo, oidor de la Real Chancillería, era miembro de una familia de nobles granadinos a los que los Reyes Católicos recompensaron por su valor y entrega en la Guerra de Granada. Francisco creció en esta casa junto a sus siete hermanos.

Estudió en Salamanca, ingresó en la Compañía de Jesús a los 23 años y murió a los 79. Fue teólogo, filósofo, jurista y una de las figuras cumbres de la iglesia católica en el complicado siglo XVI por su lucha contra el protestantismo que amenazaba con la escisión de la iglesia católica y el imperio español. Llamado 'doctor Eximio' por el papa Pablo V, se dijo de él que fue «el primer filósofo de su tiempo» o, como lo describió Edmundo González Blanco, citado por Juan Bustos, «antiguo y moderno, místico y diplomático, creyente y razonador, elegante y sencillo, profundo y claro a la vez». Era una obligación de la ciudad el conservar con cariño la casa donde nació y darle un destino que estuviera a la altura.

Nobles vecinos

Las noticias sobre las posibilidad de su derribo no produjeron demasiado asombro en una Granada mermada en monumentalidad y carácter («y lo que quedaba por llegar», puede pensar el lector contemporáneo). En aquellos años (cuarenta y cincuenta del pasado siglo) muchos de estos palacios se reconvirtieron en casas de vecinos, otros se dejaron hundir o simplemente se destruyeron para hacer las nuevas calles de la ciudad moderna.

La casa de los Suárez ambienta uno de los barrios y rincones más genuinamente granadinos. En torno al convento de San Francisco, luego fue Capitanía y Gobierno Militar, se conserva la crónica de los linajes que han ennoblecido Granada. En la zona se alzaban las viviendas del Gran Capitán, la de los Fernández de Córdoba, la de los Granada Venegas, de los marqueses de Casablanca, la de los condes de Castillejo, la de los Cañaveral, la de los Condes de Gabia, la de los duques de Gor, la de los Téllez Girón o la de los condes de Villaalegre.

Los Suárez de Toledo construyeron su casa en el siglo XVI. En 1510 pertenecía a don Alonso de Toledo, abuelo del jesuita. En el siglo XVIII aún permanecía vinculada a la familia en la persona del vizconde de Rías, sobrino del Padre Suárez. Más tarde, fue la casa del marqués de Corvera y taller de una fábrica de sombreros. A principios del XX su propietario, el notario Felipe Campos de los Reyes, aquel que intervino en el interminable pleito del Generalife, la restauró. Para entonces el barrio estaba cambiando. Habían desaparecido algunas calles, como la del Beso, que daba a la plaza de los Tiros. Otras, como la de Ballesteros, quedaron reducidas. En los años cuarenta del siglo XX, Gallego Burín transformó la fisonomía de la placeta que tiene el nombre de su ilustre vecino, en un rincón delicioso, con detalles como el pilar de Don Pedro, la portada de la antigua cárcel y el monumento a Isidoro Máiquez.

El edificio «tiene bella portada, rematada por amplio balcón decorado con sencilla labor renacentista», la describe Antonio Gallego Burín en su 'Guía de Granada'. Juan Bustos, en uno de los artículos de la colección 'Andar y ver', cuenta que algunas casas antiguas del Realejo habían estado comunicadas a través de galerías con el Mauror y las Torres Bermejas. Parece que también lo estaba esta natal del Padre Suárez. Cuentan que cuando era propiedad del notario entraron inexplicablemente en ella dos cerdos que se les habían escapado a dos gitanas que los llevaban por la Puerta del Sol. El pintoresco suceso dio mucho que hablar en la Granada de entonces.

Archivo de la Chancillería

Adquirido por el Ministerio de Educación Nacional para albergar la sede del Archivo Histórico Provincial y el de la Real Chancillería, en una visita a Granada en junio de 1958, el Director general de Archivos y Bibliotecas, José Antonio García Noblejas, dijo a este periódico que sería «el más moderno, seguro y bien acondicionado de la nación». No sabemos si en su inauguración se cumplieron las expectativas, pero fue la salvación de un riquísimo tesoro histórico constituido por los 30.000 legados de la Real Chancillería de Granada creada por los Reyes Católicos en Ciudad Real y trasladada a Granada el 8 de febrero de 1505, primero a una casa de la calle Oidores y luego al edificio de Plaza Nueva. Solo había dos chancillerías en el país: la de Granada y otra en Valladolid, así que toda la vida de los españoles (la demarcación granadina comprendía el Sur de la Península y las islas Canarias), estaba escrita en aquellos amarillentos legajos donde transcurren la justicia de la sociedad de la época: pleitos de hidalguía, capellanías, incautación de bienes de moriscos a cargo de la Inquisición, propiedad de aguas, decretos... en fin, todo lo que tenía relación con la vida pública de España hasta 1850 cuando se suprimen las Chancillerías para dar paso a las actuales audiencias.

Hasta el momento del traslado, los papeles se conservaban en cajas en los sótanos de la audiencia granadina en condiciones totalmente rudimentarias y peligrosas, expuestos a los riesgos de viejas cañerías de agua, al polvo, a los insectos y roedores y apilados hasta el techo, lo que obligaba a los archiveros a trabajar heroicamente y utilizar enormes escaleras para alcanzar algunos documentos.

En octubre de 1966 el ministro de Educación Manuel Lora-Tamayo inauguró las instalaciones del archivo. La casa se conservó manteniendo el espíritu de la época en la que vivió el Padre Suárez y es el núcleo de recuerdos de esta ciudad al sabio filósofo granadino.

Tras las huellas del Padre Suárez

En 1896, el ayuntamiento colocó en la fachada de su casa natal una lápida: «En esta casa nació Francisco Suárez, insigne comentador de Aristóteles y de Santo Tomás, clarísimo filósofo, teólogo profundo, jurisconsulto notable», se lee. Es solo uno de los homenajes que Granada le ha rendido al preclaro granadino.

En 1917, se celebró en Granada un congreso internacional para reivindicar su figura en el tercer centenario de su muerte. Le acompañó una gran velada en el Realejo que se iluminó con luz eléctrica y se decoró con gallardetes y banderas. La fachada de su casa también se alumbró y se adornó con tapices de la iglesia de San Nicolás y guirnaldas de flores. También el patio donde se ofreció «un delicado 'luch' servido por el acreditado Café Alameda», dice la crónica de 'EL Defensor'. Con motivo de aquella efeméride, el arzobispado encargó al escultor José Navas Parejo el relieve que se conserva en la esquina de la antigua Curia y sede de la primera Universidad de Granada. En 1953 se colocó el busto del jesuita, obra de Martínez Olalla, en la Facultad de Derecho y un instituto lleva su nombre. En 2017 se celebró el cuarto centenario de su muerte, efeméride pasó desapercibida en su ciudad.

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