¿Por qué San Cecilio es el patrón de Granada? La historia de una leyenda

¿Por qué San Cecilio es el patrón de Granada? La historia de una leyenda

Fue el primer obispo de Granada cuando la ciudad, aún bajo la dominación romana, se llamaba Ilíberis, y murió martirizado en un horno de cal en el monte Ilipulitano, junto al valle del Darro, asesinado por los soldados del emperador Nerón por no renegar de su fe en Jesucristo

AMANDA MARTÍNEZ

Historia, tradición y leyenda se dan la mano en el Sacromonte cada mes de febrero cuando la ciudad celebra la romería de San Cecilio. Ya el Santo Patrón es en sí historia y leyenda. Fue el primer obispo de Granada cuando la ciudad, aún bajo la dominación romana, se llamaba Ilíberis, y murió martirizado en un horno de cal en el monte Ilipulitano, junto al valle del Darro, asesinado por los soldados del emperador Nerón por no renegar de su fe en Jesucristo. Tengan un recuerdo para él y para sus compañeros mártires cuando el día de la romería afronten las siete cuestas que suben hasta el templo abacial.

La historia también cuenta que, en 1595 en este monte de Valparaíso, «monte pelado de piedras azules», varios buscadores de oro encontraron una mina que los cristianos cerraron y taparon tras la conquista árabe para que sus riquezas no cayeran en manos enemigas. En ella, aparecieron unos restos humanos junto a una lámina de plomo que, en extraños caracteres grabados a buril, contaba el martirio que sufrió un tal Mesitón y que estaba enterrado ahí mismo.

El impacto que produjo en Granada tan sorprendente descubrimiento no sería más que el modesto comienzo de una vertiginosa serie de nuevos hallazgos que, el entonces arzobispo de Granada Pedro de Castro, entusiasmado, se encargaría de patrocinar y financiar. A los cinco días se localiza una nueva plancha esta vez con la historia de Hiscio, discípulo de Santiago, que había padecido martirio de fuego durante el segundo año de reinado de Nerón. Valparaíso se convertía así en un «Monte Sagrado». El tercer plomo encontrado narra la muerte de Tesifón, otro discípulo del apóstol que, según la lámina sepulcral que acompañaban a estos restos, era un árabe que antes de su conversión se llamaba Aben Attar.

Martirio de san Cecilio, zona central de un grabado de Francisco Heylan realizado para la Historia eclesiántica de Granada.
Martirio de san Cecilio, zona central de un grabado de Francisco Heylan realizado para la Historia eclesiántica de Granada. / IDEAL

Las excavaciones continuaron y poco despues descubrieron unos libritos de hojas redondas de plomo, conservados en piedras horadadas. El arabista Miguel Hagerty, autor de la primera versión castellana de los libros plúmbeos, al reconstruir la historia de aquellos descubrimientos, cuenta cómo el propio Ambrosio de Vico, maestro mayor de las obras de la Catedral y autor del primer plano de la ciudad, fue también testigo de uno de esos hallazgos como también lo fue la niña Isabel Ruiz, que encontró la plancha más significativa, la que sería la primera piedra de la Abadía: una lámina cuya inscripción latina informaba del martirio de San Cecilio en aquel lugar, el 1 de febrero del año 55. Se encontraron un total de 22 libros de plomo.

El Sacromonte, «convertido en relicario de los restos» del patrón de Granada y de otros once mártires de la fe cristiana, como lo definió en un artículo publicado en este periódico el profesor Roldán Hervás, se convirtió en un lugar de peregrinación para la ciudad que llenó de cruces la colina que subía hasta el Sacromonte mientras don Pedro de Castro asumía la ingente tarea de levantar junto a las cuevas, una gigantesca Abadía. «Granada por poco no se consume en llamas de devota alegría por las noticias de su patrono», escribe Hagerty. Al mismo tiempo hay quien niega en rotundidad la veracidad de lo que cuentan esos plomos. A esta apasionada confrontación Pastor de los Cobos la llamó ‘Guerras católicas granatenses’.

Historia escrita en plomo

El descubriento de los libros plúmbeos llegó en un momento crucial de la historia. En 1568 los moriscos de las Alpujarras se rebelan y la orden de su expulsión estaba cerca (lo ejecutaría Felipe III en 1609). «Con los libros religiosos legados por Valparaíso, los moriscos del antiguo reino de Granada no pretendieron más que provocar una opinión favorable a su causa, que no era otra que la de continuar viviendo en la tierra que les había visto nacer», escribe César Girón. Los libros querían demostrar que existía una tradición cristiana en Granada anterior a la dominación musulmana. Y casi lo consiguen. Pero mientras que el Vaticano avaló la autenticidad de las reliquias, consideró heráticos los plomos que fueron trasladados al Vaticano en 1642 y devueltos a la ciudad tres siglos despues. Estamos en la «ancha zona de los misterios de la historia» como apuntó Juan Sánchez Ocaña en un artículo escrito en IDEAL. Hoy se consideran unos documentos «falsos históricos» que «fueron escritos por extraños y depositados en aquellos parajes con una intención».

Fiesta popular

En 1599, ante el temor de que la ciudad sufriera una epidemia de peste que asolaba la Península, el Cabildo de Granada ofrece a su Patrón el voto de subir cada 1 de febrero al lugar donde estaban depositadas sus reliquias y honrarle con una ofrenda de incienso y flores.

Esta es la historia, y la leyenda, que está detrás del sabor de las tradicionales habas, las salaíllas y la típica tortilla sacromontana. Detrás de la fábula que casa a los solteros que besan la piedra negra y descasa a los que rozan la blanca que guardan las Sagradas Cuevas. Detrás de los romeros que suben las Siete Cuestas para disfrutar de uno de los parajes más bellos de la ciudad.

 

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