Aliatar II

Sala del Aliatar antes de la reforma en 1993 /Juan A. Palma/Archivo de IDEAL
Sala del Aliatar antes de la reforma en 1993 / Juan A. Palma/Archivo de IDEAL

Hace 25 años el cine reabrió sus puertas por unos días antes de transformarse en multisalas

Un caballero medieval galopaba Reyes Católicos abajo a lomos de un blanco corcel. Parecía haberse escapado de otra época, que había rasgado la pantalla del Aliatar para darse un garbeo por la ciudad de la Alhambra ante la mirada pasmada de quien se cruzaba con él. Igual les ocurría a los protagonistas de 'Los Visitantes', la comedia francesa con la que se reabría la mítica sala de cine granadina, aunque solo por cuarenta días. Después el Aliatar volvió a cerrar sus puertas para transformarse en un multicine.

Corría el mes de diciembre de 1993. Contaban que la televisión primero y después el videoclub, estaban acabando con las grandes salas. Aliatar, con poco más de setecientas butacas, había cerrado sus puertas en febrero de 1989, un poco antes de que lo hiciera el Alhambra, otro clásico.

Atrás quedó la época dorada del séptimo arte en esta ciudad que comenzó precisamente tras la apertura del cine de la calle Recogidas. Fue la primera sala de lujo de Granada, cómoda, moderna y la primera en abrir en la capital tras la Guerra Civil.

De carbonería a cine

En 1935 un empresario, dueño de una carbonería en Puerta Real, decidió reconvertir su negocio en un cinematógrafo. La guerra frenó sus aspiraciones y su almacén de carbón sirvió de depósito de chatarra para bombas antes de que, en 1940, comenzaran las obras. Lo cuenta Pepe Nadal en el librito 'Cines de Granada'. La sociedad Cinematográfica de España encargó a Francisco Prieto Moreno su construcción. El arquitecto proyectó un edificio único en sus estilo, de carácter historicista con detalles neomudéjares. Pero el Aliatar fue pionero en otros aspectos. Fue el primero en construirse sin escenario, «dando paso a una total liberación del esquema teatral heredado del pasado», explica Salvador Mateo Arias Romero en su tesis doctoral 'Granada: el cine y su arquitectura'.

Prieto Moreno aprovechó al máximo un espacio que no parecía adecuado para la construcción de una gran sala. Situó en alto el patio de butacas, dejó la planta inferior como un lujoso hall con un bar y en el anfiteatro, que ocupaba prácticamente la mitad de la superficie en planta, se instalaron butacas de la misma calidad que las del patio, otra novedad en una época en la que en 'el gallinero' las localidades eran más baratas. Dos millones y medio de pesetas costó aquel cine de paredes forradas de terciopelo y suelos de baldosas de corcho conglomerado que amortiguaban el sonido.

Arias, citando a Juan de Dios Caballero Solier, cuenta que unos meses antes de finalizar las obras el arquitecto y el dueño del cine se dieron cuenta de que no habían construido la cabina de proyección que fue añadida de manera improvisada poco antes de que, el 5 de septiembre de 1942, se apagaran las luces de la sala y se encendiera el motor del proyector para ver 'Escuadrilla' con Alfredo Mayo y Luchi Soto.

«Fue un revulsivo para las salas granadinas, explica Nadal en su libro, puesto que dotado como estaba de cómodas butacas tapizadas, magnífica calefacción y aceptable refrigeración, obligó al resto de locales a plantar cara a la competencia». El Coliseo Olympia, el Teatro Cervantes, el Salón Nacional y la Plaza de Toros del Triunfo compartían cartelera con la pantalla del Aliatar.

Desde entonces, no faltó a su cita con los espectadores. Fueron los años en los que era necesario comprar entradas para los estrenos con días de antelación, los años en los que los niños se agolpaban ante las taquillas para ver la sesión continua de los domingos, «los años de Sara Montiel cantando cuplés y de Aurora Bautista interpretando a Juana de Arco. Los años que no pude ver a Rita Hayworth en Gilda porque en los Maristas nos dijeron que era un pecado gravísimo eso de que una mujer se quitara lentamente su largo guante», recuerda José Luis Entrala en el artículo 'Historia de una muerte anunciada' (IDEAL 19 de febrero de 1989).

En 1959 el Aliatar cerraba temporalmente sus puertas para adaptarse a los nuevos tiempos e incorporar a su sala las últimas tecnologías del Cinemascope y Technicolor. 'Las cuatro plumas' fue la primera película en color cuando había quien pensaba que aquello sería una moda pasajera. Gary Cooper, Spencer Tracy o Marilyn Monroe, emocionaban a los espectadores que comentaban en la cafetería del Victoria el último estreno.

También vinieron al Aliatar grandes estrellas del cine patrio a presentar sus películas como Conchita Velasco y Miguel Ligero, que estrenaron en 1964 'La Verbena de la Paloma' o Marisol, que vino a Granada a la 'premiere' de 'Tómbola'. En su pantalla los granadinos lloraron con 'ET', que fue la peli más taquillera; se rieron con 'Mujeres al borde de un ataque de nervios', la que más tiempo en cartel mientras 'El libro del buen amor', fue la primera cinta que mostró un pezón al espectador.

De multisalas a discoteca

Con la película 'Adiós muchachos' el cine cerró sus puertas en 1989. De los más de veinte locales que llegó a tener la ciudad en los años 50, quedaban el Isabel la Católica, el incombustible Madrigal, una sala X, el Granada 10, que alternaba la discoteca con proyecciones de cine, y los Multicines Centro, que tenía ocho salas.

Fue cuando Pepe Nadal y Alfredo Guisado maduraron la idea de rehabilitar el edificio del Aliatar. Se pensó en convertir todo el espacio en galerías comerciales, pero el Ayuntamiento no lo permitió. Después se barajó convertirlo en casino, idea que tampoco prosperó. En otro momento alguien propuso instalar un cabaret. Finalmente, el 17 de noviembre de 1994, reabrió con tres salas con capacidad para unas setecientas personas, con 'Reality bites', la peli sobre la Generación X con Winona Ryder, 'Traición al jurado' y 'El Perfume de Ivonne'de Patrice Leconte en cartel y un precioso mural de Juan Vida en el techo del hall de acceso al cine y a los doce locales comerciales.

El último capitulo del Aliatar se escribió en 2007 cuando cerró sus puertas dejando huérfanos a los cinéfilos que acudían a sus dos salas (la grande se transformó en una discoteca) para ver el cine que quedaba al margen de los circuitos más comerciales. Premonitoriamente uno de sus últimos estrenos fue 'De latir mi corazón se ha parado'.

Desde 2015, el Aliatar es una discoteca.