25 años del accidente de avión que conmovió a Granada

Fuselaje del avión siniestrado, sobre la pista del aeropuerto./
Fuselaje del avión siniestrado, sobre la pista del aeropuerto.

Un Douglas bautizado como Castillo de Butrón se partió en dos al tomar tierra en el aeropuerto por un cúmulo de negligencias. Tres de sus pasajeros rememoran en este vídeo el suceso que cambió sus vidas

JAVIER MORALES

El Douglas DC-9 Castillo de Butrón cayó a plomo sobre el asfalto mojado del aeropuerto de Granada el 30 de marzo de 1992. Se quebró en dos al tocar tierra con un centenar de personas a bordo; sólo cuatro resultaron heridas de gravedad. Se achacó el siniestro a un cúmulo de negligencias de la tripulación. Ha pasado un cuarto de siglo desde entonces y las imágenes de aquel día siguen nítidas en la mente de sus pasajeros, que rememoran en el vídeo [completo al final del texto] el día en que volvieron a nacer.

En los asientos del pájaro metálico operado por la compañía Aviaco viajaban entre otros un grupo de 23 japoneses; el entonces gerente de la Orquesta Ciudad de Granada, Francisco Rico; el secretario general del Granada CF, Roque Antonio Jiménez; el profesor y poeta Álvaro Salvador; un gigante estadounidense llamado James; el ingeniero valenciano José Miguel Martí, y tres amigos periodistas: Antonio Barragán, Carlos Landa y Víctor Romero. De sus testimonios se nutren las páginas del suplemento especial con el que este diario informó sobre el "milagro", que no tuvo precedentes ni réplicas en la historia de la aviación.

De la cizalladura a la negligencia

No tardaron en llegar las hipótesis sobre lo ocurrido. Roque Antonio Jiménez, el directivo del Granada que iba a bordo, tenía carnet de piloto y fue contundente: "Esta maniobra de aterrizaje no ha sido en ningún momento ortodoxa". También pilotaba el entonces diputado nacional del PP y líder de la oposición en el Ayuntamiento de Granada, que luego gobernaría, Gabriel Díaz Berbel. Kiki presenció la colisión desde la terminal y relató en estas páginas su hipótesis:"El avión se quedó sin sustentación por el vieno racheado". Por su parte, Aviaco atribuyó el "panzazo" a las turbulencias de aquel día de tormenta. En concreto, a un "reventón descendente", o un "golpe de viento en cizalladura". En fin:que el Castillo de Butrón perdió apoyo en el aire justo en el momento del aterrizaje. Un argumento que recalcaron en días posteriores. Se descartó que piloto o copiloto hubieran manejado la nave bajo los efectos del alcohol. Los propios pasajeros pidieron que se sometieran a las pruebas. Hay quien dice que también los pilotos insistieron en ello, para desmontar cualquier bulo, y que tras el test cataron una copa de whisky para contrastar ambos resultados. En el 95, una comisión de la Dirección General de Aviación Civil determinó que en la cabina de pilotos viajaba un ocupante extra. También que el piloto cedió los mandos al copiloto, que inició la maniobra por debajo de la altura estipulada y con excesiva velocidad. Pero son todavía muchos los pormenores por esclarecer.

Aquel vuelo despegó de Madrid con retraso y el trayecto transcurrió sin sobresaltos. Hubo algún pasajero, como James, que aquella noche contó a IDEAL que al avión le costó tomar altura. Una apreciación que no quedó demostrada. Sí coincidieron los testimonios en la narración del tramo final del vuelo: cuando se abrocharon los cinturones para afrontar el aterrizaje. Instantes después el avión viró de forma brusca. "Yo he venido tres veces a Granada y siempre se gira un poco fuerte, pero lo de hoy ha sido una exageración en un avión comercial", resumió James.

Y ahí fue cuando algunos entendieron que algo iba mal. Pasaron unos cinco minutos hasta que el estruendo del choque confirmó los presagios de quienes tras la rotación ya pensaron en despedirse. Por la cabeza de Víctor Romero, redactor deportivo de este diario, pasó fugaz la sensación de que al día siguiente se publicaría su última pieza sobre baloncesto: El Granada, en la zona más difícil de la permanencia. Tanto él como Barragán y Landa habían cubierto ese fin de semana el accidente ocurrió un lunes el encuentro que enfrentó a los granadinos con el Dyc Breogán de Lugo.

Volaban con frecuencia acompañando al equipo nazarí, así que estaban acostumbrados a la maniobra de aterrizaje en Granada. Víctor, un tipo noble y de voz profunda que se presta al cachondeo y la poesía como ya sabrán sus lectores empezó a bromear: "Hoy va a haber sustitito, le habrán dado el carnet en la tómbola...". Así lo escribió en su testimonio del accidente, titulado La noche que volví a nacer. Añadió que la sensación que sintieron entonces "sólo puede describirse como de acojono". Todavía hoy quita hierro al asunto con alguna rima ingeniosa, pero lo cierto es que los instantes entre aquel movimiento "de columpio de feria" y la llegada a pie de los pasajeros hasta la terminal fueron agónicos.

Quebrado en dos

La secuencia del accidente sigue con la llegada a tierra. Dicen que el avión caía demasiado rápido y con más inclinación de la normal: en picado. El piloto luego supieron que fue el copiloto quien se encargó del intento de aterrizaje corrigió levantando el morro ya a escasos metros sobre la pista. La cola del avión tocó el suelo y el fuselaje se partió en dos: la zona delantera se desplazó unos cien metros y el tercio trasero, con menor peso, giró sobre sí mismo mientras adelantaba al otro fragmento por la zona exterior de la pista. Una postal macabra que se hizo eterna para los familiares que contemplaron el suceso desde la terminal.

En la pista, hubo quien tardó unos segundos en reaccionar, hasta que sus compañeros de viaje advirtieron de que el aparato podía estallar en llamas en cualquier momento. En plena huida, Landa advirtió a Romero de que se había dejado el portátil en el asiento. Lo que hoy es un objeto cotidiano, por aquel entonces era un arma pionera para el periodista. Un tesoro por el que el plumilla no dudó en volver a atravesar el pasillo del Douglas.

Aturdidos, en shock, mareados, atónitos ante lo que contemplaban, doloridos tras el golpe y la salida del avión, los viajeros emprendieron a pie el camino hasta la terminal para encontrarse con sus familiares. Otros, como Víctor Romero, tuvieron que hacer cola en la cabina para llamar a casa: "Vais a ver lo del avión en la tele, pero no os preocupéis que estoy bien".

(En el vídeo de abajo puedes escuchar la historia al completo)

En el edificio estaba el gobernador civil de Granada, Gerardo Entrena, que despedía a unos directores enerales. Se puso de inmediato al frente del dispositivo de emergencias. Sólo hubo una veintena de contusionados y un traumatismo craneoencefálico:el sufrido por un hombre que cayó mal en el suelo al saltar del fuselaje.

En caliente, algunos pasajeros criticaron la organización del plan. Pero lo cierto es que el despliegue ante la primera emergencia en el aeródromo, inaugurado dos décadas antes, transcurrió bien engrasado. Los bomberos mojaron avión y pista para evitar incendios, las ambulancias trasladaron a los lesionados y las fuerzas de seguridad recuperaron las maletas e iniciaron la investigación.

Los restos del Castillo de Butrón permanecieron en el aeropuerto. En 2005, un grupo de artistas lo rescató para diseñar que llegó a la Feria de Arte Contemporáneo (Arco).

Víctor Romero guarda el billete que le dio acceso al vuelo, así como el periódico del día después, en el que se publicaron las impactantes imágenes a golpe de flash de González Molero y Ramón L. Pérez. Romero no titubea al hablar sobre la tarde en la que él y otras 97 personas renacieron. A los cuatro días volvió a embarcar en avión y dejó en tierra cualquier trauma. Hoy cumple 25 años.

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