En busca de un tesoro escondido en el Darro

Vista de Puerta Real Torres Molina//
Vista de Puerta Real Torres Molina/

La aventura de buscar un anillo de ¿oro? en el Embovedado

AMANDA MARTÍNEZ

Esta curiosa historia la contaba IDEAL en su sección "Casos y Cosas" el 6 de junio de 1951. Les advierto que desconozco su final y ni siquiera he podido comprobar que la noticia fuera real, pero lo que sí es aseguro es que muchos lectores decidieron darla por cierta. La tarde del 5 de junio en la plaza del Humilladero corría el rumor de que un tesoro se ocultaba bajo el Embovedado. Habían visto a una pareja de turistas discutiendo en Puerta Real, frente al hotel Victoria, cuando la mujer se quitó un anillo y se lo entregó al caballero, que irritado lo tiró por uno de los respiraderos del Darro situado junto a una parada del tranvía. Colás, un limpiabotas que trabajaba en la zona, fue testigo de la discusión. Junto a un amigo suyo y sin pensárselo dos veces se fueron a por una linterna y se dirigieron al puente del Genil para, bajo la bóveda, ir río arriba en busca del tesoro. Los expedicionarios llegaron a la altura de la Virgen de la Angustias y se dieron la vuelta al comprobar que no eran gatos los animales que les seguían por el túnel. La historia del anillo que publicó el periódico despertó el espíritu aventurero de nuestros antiguos vecinos (también el hambre, que entonces en España se pasaba mucha) y cargados con antorchas y linternas, varias cuadrillas se lanzaron a las húmedas y tenebrosas oscuridades "darrenses" en busca de la sortija de... ¿oro? «¡Alto!», decía unos días después IDEAL ante el revuelo: «Nosotros nunca dijimos el metal de su composición». Pero ya no importaba. Se había despertado la fiebre del oro. Una de estas cuadrillas fue entrevistada por un redactor del periódico. La encabezaba un ebanista, el "Malamaera", a quien acompañaban "El Cojo", que trabajaba de limpiabotas en la Trinidad, "El Carpantas", un mozo de cuerda que fue todo el camino tocando la armónica para que sus compañeros no pasaran miedo, "El de Liria" y "El Gorila", que en la expedición perdió sus alpargatas y no dudó en calzarse unos tacones abandonados en el río. El anillo no lo encontraron, pero desde el día de la aventura a "El Cojo" no lo habían vuelto a ver por la Trinidad. Quizás había pillado un resfriado o quizás habría encontrado el tesoro...