Del fútbol a la informática

Igual nos iba mejor cuando nuestras pataletas no iban más allá de criticar al trencilla de turno con mayor o menor comprensión por el error humano

La sala VOR durante el polémico Athletic-Valencia. /RFEF
La sala VOR durante el polémico Athletic-Valencia. / RFEF
José Ignacio Cejudo
JOSÉ IGNACIO CEJUDOGRANADA

«La verdad os hará libres», recogen las escrituras que Jesús dijo a los judíos. La tecnología desde luego no. La revolucionaria entrada del videoarbitraje en el fútbol, un antes y un después, no ha hecho más que despertar polémicas. Algunas de ellas, como las más recientes, muy lejos de lo que viene a ser el juego, porque juego es por más millones de euros que mueva. La última es la guerra entre la Federación y Mediapro por la cesión de los derechos del VAR a Hawk-Eye.

Todo viene de una posible posición de fuera de juego en el gol de Cheryshev que dio la victoria al Valencia en San Mamés hace unos días. La Sala VOR concedió el tanto pero Mediapro, productor del partido, tiró una línea imaginaria por la que sí debería haberse invalidado. Para Rubiales fue una manipulación destinada a «crear una alarma social». LaLiga –o lo que es lo mismo, Tebas– lo justificó porque el videoarbitraje no remitió a la realización las imágenes sobre las que se apoyó hasta cuarenta minutos después, cuando se emitieron. Para el íntimo de Rubiales, claro, todo es una «obsesión enfermiza» de este con Mediapro.

Ahora el Leganés pide que se repita el partido ante el Levante porque le pitaron un penati en contra que fue fuera porque el VAR no funcionó. Igual nos iba mejor cuando nuestras pataletas no iban más allá de criticar al trencilla de turno con mayor o menor comprensión por el error humano. Hace poco se pusieron de acuerdo Mendilibar, ese Clint Eastwood de los banquillos españoles que ahora se sorprende apoyado en el genial y díscolo e incomprensible Orellana, y el también eterno a su manera Joaquín, que no todo iba a ir sobre chistes. «En el fútbol hay contacto, ¡esto es fútbol!», proclamaron ante la meticulosa revisión a cámara lenta de los roces. Al final, no deja de ser injusto que se prive a los árbitros de la falibilidad que derrochó Luuk de Jong en el Camp Nou. Qué tiempos cuando todo era menos serio, más básico, más primitivo. Más fútbol, en fin.