Viaje a las Albuñuelas

Fue el primer gitano español catedrático de Universidad. Escritor, dramaturgo y poeta, José Heredia Maya alcanzó metas insospechadas para los de su raza, dando además muestras de una creatividad, en la que nunca fue ajena su condición de nacimiento. El autor de 'Camelamos Naquerar', se adelantó a su tiempo y a sus contemporáneos

José Heredia, en el carmen del Olivo, su lugar favorito en Granada. /JUAN ORTIZ
José Heredia, en el carmen del Olivo, su lugar favorito en Granada. / JUAN ORTIZ
TITO ORTIZ

Una tarde estábamos sentados en un banco de plaza Nueva, esperando a que Fernando Miranda abriera La Trastienda de la placeta de Cuchilleros y Pepe Heredia me dijo: «Profesor sahumerios, ¿usted me llevaría a Las Albuñuelas a ver a mí madre?». «Acaso lo dudáis profesor», le respondí. Yo sabía que el poeta atravesaba una racha en la que estaba reñido con los coches y la conducción. Como los compadres, nos hablábamos de usted, inmersos en la más profunda intimidad de nuestra larga y fuerte amistad. Yo tenía en aquel tiempo un Seat 131 blanco que, tras echar gasolina en el Paseo del Salón, encaminó sus ruedas a la carretera de Motril. Cuando llegamos a Dúrcal paramos, como era de ordenanza obligada, a beber agua del enorme pilar y proseguimos el camino. Yo no había estado nunca en Las Albuñuelas, aunque siempre había oído la excelencia de su fruta y de sus gentes.

Horadamos sus escasas calles hasta llegar a una especie de plazoleta pequeña o calle con anchurón, donde Pepe se apeó y tocó a la puerta. Al instante una mujer de avanzada edad, de luto riguroso y pañuelo atado a la barbilla, nos recibía con el encanto y la sencillez de las personas humildes y educadas. Era su madre, a la que por fin le daba unos besos después de varios meses sin verla. Aquella gitana tenía en su porte y tratamiento la mesura y la educación de siglos de historia en su alma. No era de extrañar que el niño le hubiera salido poeta. Pasamos una tarde con ella que no podré olvidar mientras viva. Mientras regresábamos, el autor de 'Camelamos Naquerar' no hacía más que decirme que aquel viaje había sido impagable y que siempre estaría en deuda conmigo, asunto éste que resolvimos en La Trastienda dejándome invitar a un vino del tonel, que escanciaba con protocolo y finura Fernando Miranda.

Un gitano del Valle de Lecrín

La familia de José Heredia Maya, de condición humilde hasta decir basta, se sacrificó no solo para darle estudios al niño cuyo destino estaba en la venta de telas por los pueblos de alrededor, sino hasta llevarlo a la Universidad, donde se convertiría en el primer catedrático gitano de España. Estudió Filología Románica y nada más terminar los estudios ya era profesor universitario, a la vez que publicaba su primer libro de poemas, 'Penar Ocono'. Alexandre, Otero o Hierro, tres columnas de la poesía española se rindieron a su obra y lo animaron a seguir por ese camino. En 1976 estrena su espectáculo 'Camelamos Naquerar', protagonizado por su amigo Mario Maya, quien lo pasearía por todo el mundo como muestra artística y literaria de la persecución de los gitanos. Fundó el 'Seminario de Estudios Flamencos' en la Universidad de Granada, uno de cuyos cursos culminó con la primera visita de Camarón a la ciudad de la Alhambra, y además puso en marcha el Aula de Poesía, junto al poeta Álvaro Salvador.

Su creación poética era fértil, así como su militancia antirracista, defendiendo la libertad del pueblo gitano y su igualdad de condiciones con respecto al resto de la sociedad. Fruto de ese maridaje, escribe en 1983 su 'Macama Jonda', la boda de un gitano con una mora de Tetúan que le permite traer a la península al mismísimo maestro Chekara, con toda su orquesta, para estrenar en el auditorio otra obra de proyección y vigencia sin límites. Enrique Morente, María la Negra, El Polaco y El Parrón fueron los que la estrenaron, y tras los ensayos se fomentaba la tertulia en 'El Avellano', de la calle La Colcha, regentado por el periodista Paco Espínola.

Uno de sus últimos trabajos fue la obra 'Un gitano de ley', basada en la vida del gitano Ceferino Giménez, hombre de profundas convicciones religiosas que fue fusilado en 1936 y al que la iglesia subió a los altares.

Con ese motivo vine de Sevilla para entrevistarlo para el programa de flamenco de Canal Sur TV. Me recibió en su precioso carmen del Olivo, junto a la Cruz de la Rauda. Testigo de nuestra conversación fue su hijo, que nos acompañó en todo momento. Para lograr imágenes de recurso, lo sacamos a pasear por las calles cercanas junto a la muralla árabe albaicinera, y esa fue la última vez que nos dimos un abrazo de compadres hasta el más allá.