Dos muertos en aguas de Fuencaliente

Dos pescadores fallecieron asfixiados en La Palma durante la última erupción volcánica en España. El territorio nacional creció 2,2 kilómetros cuadrados con la lava y la ceniza arrojada

JULIÁN MÉNDEZ
Vecinos de Fuencaliente huyen mientras al fondo se divisa la columna del volcán del Teneguía. :: R. C./
Vecinos de Fuencaliente huyen mientras al fondo se divisa la columna del volcán del Teneguía. :: R. C.

La última erupción volcánica registrada en España tuvo lugar en la isla canaria de La Palma, duró 23 días y se cobró la vida de dos pescadores de Fuencaliente que murieron asfixiados por los gases en un barranco costero, cuando trataban de recuperar del océano peces muertos por la actividad del volcán.

Ocurrió en el sur de la isla, junto a la aldea de Los Quemados, entre el 26 de octubre y el 18 de noviembre de 1971. Hace de esto 39 años; ayer mismo, al decir de vulcanólogos como Ramón Ortiz, profesor de investigación en el CSIC. Estas gentes consideran que un volcán está «activo» cuando ha tenido actividad en los últimos 100.000 años. La Prensa de la época resaltó que la erupción que dio origen al volcán del Teneguía (hoy monumento natural) hizo crecer a España: fueron dos kilómetros y pico ganados al Atlántico por la lava que manó de la fisura volcánica.

La erupción vino precedida de cerca de un millar de pequeños temblores de tierra. El 25 de octubre hubo uno tan fuerte que varios edificios de Fuencaliente se agrietaron. Primero fueron los vecinos de Mazo, Los Llanos de Aridane y El Paso los que acudieron a contemplar el espectáculo. Luego, hasta se ofertaron viajes desde la Península con el lema 'Viaje a La Palma, vea el volcán'. «Aquella erupción fue una anécdota y un ejemplo de cómo no se deben hacer las cosas. En aquel tiempo los motores de los aviones que aterrizaban en La Palma eran de pistón y no les afectaba la ceniza. Los de ahora no son tan seguros», apunta Ortiz. La fluidez de la lava y la escasa población de la zona limitaron los daños (al margen de la muerte de los dos pescadores que recuerda Ortiz, un joven vulcanólogo entonces) a la destrucción de unos cientos de viñas de uva malvasía y a la desaparición de la playa de Fuencaliente. Un grupo de turistas sufrió intoxicaciones por los gases al rebasar el cordón de seguridad establecido en torno al cráter, que crepitaba y producía un repicar de piedra y lava, como si se tratara de descargas de fusilería. La experiencia de La Palma (aunque en Canarias hay documentadas 17 erupciones en tiempos históricos) no alcanza la gravedad de crisis como la del Pinatubo («récord de incidentes en aviación, más de 50 aviones en vuelo resultaron afectados», dice Ortiz) o la del volcán Arenas en Nevado del Ruiz (Colombia) cuando el lodo se cobró 30.000 vidas, entre ellas la de la pequeña Omaira Sánchez.

El reo del Monte Pelado

El profesor Ortiz asegura que los vulcanólogos pueden hoy predecir las erupciones y evitar tragedias como aquellas. O la que en 1902 casi borra a Martinica del mapa. La erupción del Mont Pelée mató a 30.000 personas, «incluidas las fuerzas vivas». «Sólo se salvó un condenado a muerte que debía ser ejecutado al día siguiente. Fue indultado. Nadie se atrevió a terminar con su vida».