30 niños saharauis conquistan la Alhambra

Los niños saharauis posan en la Alhambra junto a sus monitores/ALFREDO AGUILAR
Los niños saharauis posan en la Alhambra junto a sus monitores / ALFREDO AGUILAR

Los pequeños saharauis descubrieron ayer los entresijos de la fortaleza de mano del programa 'Vacaciones en paz'

ÁNGELA MORÁNGranada

Los niños saharauis del programa 'Vacaciones en paz' llevan ya once días en Granada. No llega todavía al las dos semanas pero una treintena de estos pequeños ya ha conquistado la Alhambra, en concreto, la Torre de la Vela. Asomados a l os muros de la famosa fortaleza gritaban a la ciudad y observaban, desde las alturas, el que será su hogar hasta finales de agosto. Ensimismados con la grandeza de la fortaleza, recorrieron los jardines, salas y fuentes reparando en todo tipo de curiosidades. «Mira esa pintura», «Mira el agua», «Mira los peces», decían a sus compañeros y monitores.

Vestidos con chalecos naranjas para no despistarse del grupo, los treinta niños y niñas aprendieron jugando los entresijos de la Alhambra, entre ellos y como curiosidad, las empinadas escaleras que suben a la Torre de la Vela. «Es curioso ver cómo los niños se adaptan a la ciudad, por ejemplo, subir y bajar escaleras les resulta complicado al principio y desconocen como hacerlo; en una ocasión, una niña empezó a subir las escaleras de su casa de acogida a gatas pero es que también quería bajarlas de la misma forma», explicó Gracia Fernández, presidenta de la asociación.

«Descubrir un frigorífico, una tienda de zapatos, de chucherías o un grifo del que siempre sale agua, es una experiencia que les hace alucinar y son momentos preciosos»

La visita turística que comenzó a las diez de la mañana, acabó a las doce y media con distintas sensaciones. «Me ha gustado mucho», dijo Data, una pequeña saharaui. Asimimo, Huda, otra niña de doce que lleva tres veranos viniendo a Granada, opinaba que era bonita pero que hacía mucho calor. «Hay que tener en cuenta que son niños, tienen entre 9 y 12 años y a ellos, como a cualquiera de su edad, lo que les interesa son los helados, las piscinas y los juguetes», explicó Laura León, una madre que repite desde hace siete años en el programa.

Procedentes de los campamentos de refugiados de Tinduf, los niños descubren las comodidades a las que estamos acostumbrados en España. «Descubrir un frigorífico, una tienda de zapatos, de chucherías o un grifo del que siempre sale agua, es una experiencia que les hace alucinar y son momentos preciosos», relató Pilar, coordinadora voluntaria y familia de acogida. Durante la estancia en Granada, tanto en la capital como en pueblos cercanos, los pequeños tienen una agenda de lo más atareada. Visita a la Alhambra, al río Dílar, campamentos, manualidades, playa, piscinas, montañas... Un sinfín de experiencias que se llevarán y contarán con entusiasmo a sus familias en Tinduf.

«La gente suele pensar que estos intercambios no son buenos para los niños porque les enseñamos unas comodidades a las que ellos no pueden acceder, pero no es así, ellos vienen de vacaciones y se lo pasan genial pero cuando llega agosto están deseando volver con su familia y recuperar sus costumbres»

Las coordinadoras y familias de acogida, quisieron destacar los puntos positivos de estos intercambios. «La gente suele pensar que estos intercambios no son buenos para los niños porque les enseñamos unas comodidades a las que ellos no pueden acceder, pero no es así, ellos vienen de vacaciones y se lo pasan genial pero cuando llega agosto están deseando volver con su familia y recuperar sus costumbres», sostuvo la presidenta, una opinión que reiteraron las familias.

Muchos de los niños repiten en este programa y se nota. Algunos llevan viniendo cinco años a Granada y se defienden con soltura en el español. Otros, balbucean cada palabra nueva que escuchan. Están dispuestos a aprender y disfrutar y las familias están encantadas. «Estos niños son muy atentos, hace unos años, ya llevamos más de veinte acogiendo, llegó una niña que al percatarse de que la abuela no tenía silla para sentarse en una verbena, fue a casa corriendo a coger una para ella», contó Rosario, otra madre de acogida que, además, quiso hacer un llamamiento para que los granadinos se animen a participar. «Hace unos años recibíamos a 300 chavales, ahora sólo podemos acoger a 100, es una pena que la gente no lo haga», concluyó.