De Titán al acelerador de partículas

Rafael Rodrigo en su despacho del Ministerio, con el informe europeo sobre el acelerador (el libro azul) encima de la mesa./CIENCIA
Rafael Rodrigo en su despacho del Ministerio, con el informe europeo sobre el acelerador (el libro azul) encima de la mesa. / CIENCIA

Perfil de Rafael Rodrigo, director general de Coordinación de Política Científica | El astrofísico que participó en misiones como Cassini o Rosetta jugará un papel protagonista en la candidatura granadina

Javier Morales
JAVIER MORALESGRANADA

Cassini paseó por el espacio camino a Saturno, regaló a los terrícolas imágenes sobrecogedoras de sus anillos, mostró las tormentas en la superficie de Titán y aventuró un océano bajo Enceladus. Dos décadas en el espacio y ocho mil millones de kilómetros recorridos gracias a la contribución de centenares de investigadores europeos y americanos. Uno de ellos fue Rafael Rodrigo (Granada, 1953), que no duda a la hora de elegir esta misión entre su álbum de recuerdos científicos. Lo hace con la precisión que se le presupone por su experiencia como astrofísico y la serenidad implícita en su ADN de gestor. En su currículum se amontonan las publicaciones en revistas de prestigio, pero también los cargos en estancias autonómicas y nacionales. El último, la coordinación de Política Científica del Ministerio que encabeza el astronauta Pedro Duque. Como una de sus 'manos derechas', jugará un papel clave en la candidatura al acelerador de partículas.

Así lo entienden los impulsores granadinos del proyecto. Rafael Rodrigo presidió -una vez que el ministro abandonó la sala- la primera mesa de trabajo del curso, el encuentro en el que quedó sellado el cronograma de actuaciones para los próximos meses. Asume el reto, el asunto prioritario del Ministerio en materia de infraestructuras -lo dijo el propio Duque- con confianza en el éxito y cautela: si Japón se interesa por el acelerador de partículas, las aspiraciones de España pueden quedar en eso, simples aspiraciones.

Las de Rafael Rodrigo se forjaron entre los Maristas y el instituto Padre Suárez. Buen estudiante, desde pequeño se decantó por las ciencias, inspirado por los profesores del instituto. O quizás por la geometría de la Alhambra: es uno de esos granadinos que pueden presumir de haber jugado al escondite por sus patios.

Dirigió el CSIC entre los años 2008 y 2012 y ha publicado en revistas científicas de prestigio

Lo suyo era la Física, pero la titulación todavía no estaba disponible en la Universidad de Granada, así que dio un paso intermedio y cursó Matemáticas. Luego afrontó el doctorado en Ciencias Físicas. Y de ahí, a las atmósferas planetarias, los cometas...

Su carrera comenzó en el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA), en 1975. De su faceta investigadora destaca dos proyectos: el relacionado con la sonda Cassini y, más recientemente, el de la nave Rosetta, que en 2014 depositó instrumentos de medición sobre el cometa Churyumov-Gerasimenko, un hito en la historia de la astronáutica. Rodrigo, junto a otros investigadores, recibió dos premios de la NASA y otro par de la Agencia Espacial Europea por sus contribuciones a estas misiones.

En el ámbito de la administración -entre otros logros- dirigió el IAA entre 1990 y 2004, época en la que gestionó también el Programa de Investigación Espacial de la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología. En 2006 llegó a ser vicepresidente de Organización y Relaciones Institucionales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Un par de años más tarde ascendió a la presidencia del CSIC, donde permaneció hasta 2012.

Tardó dos semanas en aceptar la propuesta del ministro Pedro Duque

Fue un periodo duro, tras el cual se tomó un año sabático, viajó a Puerto Rico y luego a Suiza, donde ha pasado los últimos seis años y ha dirigido el International Space Science Institute, trabajo que ha simultaneado con su labor en el Centro de Astrobiología, en Madrid.

¿Gestión o 'laboratorio'? Rafael Rodrigo reconoce que la investigación aporta más satisfacciones, mientras que la administración está cargada de sinsabores, a causa de las trabas burocráticas y la falta de reconocimiento de los colegas. Quizás lo mejor es compaginar ambas facetas, y así lo ha hecho en las últimas décadas, nunca con 'carnet' político, sino con la neutralidad técnica de un científico.

La llamada de Pedro Duque

Ahora, Rodrigo se adentra en una nueva atmósfera: la del Ministerio de Ciencia. No lo tenía previsto. Hasta que recibió una llamada de Pedro Duque, con quien ha mantenido una relación muy estrecha, pues el astronauta dirigía un curso de verano de la Universidad Politécnica de Madrid en el que participó Rodrigo. Duque explicó cómo imaginaba el Ministerio, Rodrigo compartió sus impresiones y al final, el ministro le ofreció el cargo. Rafael tardó dos semanas en aceptarlo.

Ahora, su trabajo consiste a grandes rasgos en coordinar los siete organismos públicos de investigación, las grandes infraestructuras españolas en esta materia y la participación del país en proyectos internacionales. Apoyado, claro, en un equipo numeroso.

Carlos Alejaldre, director de uno de esos centros, el Ciemat, y cabeza 'técnica' de la candidatura al acelerador, concluye que Rodrigo demuestra un «magnífico carácter humano y calidad como profesional».

Cuando culmine esta etapa, Rafael no se jubilará. Pretende dedicar un año a cerrar flecos en sus investigaciones, entre ellas un proyecto europeo compartido con suizos, franceses y alemanes, además de un estudio sobre modelos teóricos de atmósferas planetarias.

Y habrá tiempo para el hogar. Está casado con una madrileña, tiene un hijo y un nieto. En el poco tiempo libre que ahora le queda escucha música clásica, rock y jazz. Se relaja en las 'jam sessions' -improvisaciones de jazz- o con puzzles de esos que, a ratos, también elevan las pulsaciones. Junto a los fogones se decanta por preparar platos japoneses, cocina más allá del ahora omnipresente sushi, y guisos de nuestro recetario.

Granada

Desde la perspectiva de la lejanía -son muchos los años fuera, aunque mantiene aquí su vivienda- percibe Granada como un atractivo para cualquier persona, una ciudad cómoda, amistosa, repleta de vida cultural, de esas que piden una estancia más allá del recorrido turístico.

Si decide regresar junto a la Alhambra de sus juegos infantiles para pasar los años venideros, una vez cumplida su misión en el Ministerio y culminadas las investigaciones pendientes, quizá pueda ver en marcha ese laboratorio de física por el que suspiran políticos, científicos y empresarios granadinos.

El acelerador. Un túnel por el que se deslizarán a toda velocidad -a toda- porciones de materia imperceptibles para el ojo humano. El extremo opuesto a las grandes masas planetarias en torno a cuales orbita la vida de Rafael Rodrigo.

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