Sacromonte y Albaicín son una trampa para los coches anchos

Dos coches circulan por el estrechamiento de la calle San Juan de los Reyes/A. M.
Dos coches circulan por el estrechamiento de la calle San Juan de los Reyes / A. M.

Las estrechas calles impiden el paso a los vehículos grandes generando destrozos en las viviendas y carrocería

ÁNGELA MORÁNGranada

Las calles del Albaicín y Sacromonte conforman un laberinto en el que perderse paseando suele ser muy habitual pero, al parecer, también está a la orden del día despistarse mientras se conduce. El pasado domingo, un Mini de color azul se encajó en Montes Claros, una estrecha calle del Sacromonte, hasta el punto, que tuvo que acudir una grúa a sacarlo de la trampa. El curioso hecho, que puede sonar a broma, es muy usual conforme explican los vecinos que, además, tiran de ingenio para poner soluciones ante la oleada de coches que entran pero no salen –al menos por sí mismos–, de su barrio.

La calle más conflictiva es San Juan de los Reyes. Con entrada por la cuesta del Chapiz, se advierten desde el Arco Jesús de la Amargura. Dos señales que indican el peligro de escoger ese camino. 'Imposibilidad física de paso'. Ese es el letrero que tiene su réplica en inglés, 'Physically impossible entry'. Los dos mensajes están acompañados de una imagen que prohíbe la entrada a vehículos que midan más de 1,80 metros de ancho. Pues estas advertencias no son suficientes. «Existen tres problemas, las señales deberían colocarse a la altura de la vista, la mayoría no conoce las medidas exactas de su coche por lo que piensan que ellos sí entrarán y la cabezonería», explica Ana Raczkowski, directora de apartamentos Alhambra. Raczkowski dice que en el estrechamiento de esta calle se quedan «a diario» varios coches y, aunque su establecimiento se encuentra en una calle cercana, sabe cuando alguien está en apuros. «El olor a goma quemada y los pitidos son señales indiscutibles de que ya hay otro coche incrustado en San Juan de los Reyes», comenta la directora que, dice, siempre advierte de forma reiterada a sus clientes de que «no hagan caso al GPS».

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Este sistema de navegación es el principal causante de estos atascos según informan los vecinos. «Los turistas llegan a la ciudad y siguen las instrucciones que les indica el navegador y parece que se olvidan de mirar las señales de tráfico», razona Paco Medina, propietario de una cochera junto al estrechamiento de menos de 1,80 metros. Medina se ha convertido, incluso, en un profesional de los taponamientos. «Muchas veces he tenido que sacar los coches marcha atrás porque los propietarios estaban nerviosos». Medina propone una solución con la que, dice, se eliminaría el problema. «Deberían colocar en el arco, además de las señales, dos bolardos de plástico, «si tocas los pivotes, no puedes pasar por la calle, es de cajón», explica el vecino.

Una situación que genera grandes retenciones en la vía. Francisco Javier Molina, vecino del Sacromonte, ya tiene estudiado el protocolo a seguir si quieres adentrarte en estos barrios con el coche. «Recoger los espejos al principio de la calle y tener mucha maña», explica Molina y añade que no entiende cómo puede quedarse un coche atascado teniendo a la vista las señales.

Los coches que corren la 'mala suerte' de medir más que las calles por donde intentan pasar salen de los pasadizos con rozaduras, abolladuras y espejos rotos, pero no son las únicas víctimas, las paredes de las casas quedan, literalmente, destrozadas.

Este periódico ha intentado contactar con la propietaria de la casa cuya fachada está más perjudicada por el pasadizo pero no se encontraba en el lugar. Una vecina de la casa limítrofe ha informado que la dueña arregló «un par de veces la fachada pero ya ha desistido por la cantidad de veces que se la destrozan», dice la chica que vive junto a la afectada.

Los vecinos han decidido tomar medidas de manera individual. En las calles más problemáticas se pueden ver los 'apaños' que los propietarios han inventado para evitar los continuos estropicios. Placas de hierro y refuerzos en tuberías y ventanas, protegen, en la medida que pueden, las pareces de las viviendas.

Pepe Ortega, vecino del bajo Albaicín desde hace treinta años, dice haber visto la evolución del barrio. «El Albaicín no está hecho para coches, en todo caso para burros, que hay muchos», explica Ortega indignado por la situación que se vive en las protegidas calles. Sostiene que la mayoría de los vecinos ha optado por comprarse coches pequeños, tipo Smart. «Es imposible que los giros que marcan estas callejuelas las haga un coche grande, el camión del butano hace peripecias y eso que es de los pequeños», dice Ortega.

Por su parte, la Policía Local indica que situaciones como la que se vivió el pasado domingo en Sacromonte con el Mini azul, «no son habituales». Asimismo, sostienen que existe una señalización que prohíbe la entrada y marca las limitaciones pero la gente, al final, «se atreve demasiado».