Sulayr de Pampaneira: el festival de las buenas junteras

Sulayr Antonio Arias/
Sulayr Antonio Arias

Uno de los momentos más estremecedores del Sulayr llega cuando los miembros de los grupos Fandila, Sirkedjè y La Banda Morisca, con la colaboración de Antonio Arias, montan el taco. Nos encontramos en la soberbia -y abarrotada- iglesia de Pampaneira. Estamos al final de la grabación de una edición especial del mítico programa Discópolis y su director y conductor, José Miguel López, les pide a los músicos que se toquen algo juntos a modo de fin de fiesta. Y, como les digo, se arma un lío de no te menees. Aunque, en realidad, era imposible estarse quietos

JESÚS LENS

No sé si se conocían de antes, los unos y los otros, pero aquella actuación de All Stars fue completamente improvisada. ¡Y cómo les salió! Brillante. Vibrante. Emocionante.

Sulayr han sido tres días de música, charlas, talleres y conversaciones. De recuperación de antiguas tradiciones, de descubrimientos históricos y culturales de primer orden y de viajes musicales por todo el mundo. Así las cosas, Sulayr ya se ha convertido en uno de los festivales imprescindibles del verano musical granadino. Y me siento feliz por haberlo visto nacer... aunque esta haya sido su tercera edición.

Nos lo dice Nelia Reyes, la técnica de cultura de Diputación que junto a Ángel Pérez, el alcalde de Pampaneira; han redefinido una cita cultural que hasta este año no tenía identidad propia. Ahora sí. Tal y como nos explica Ángel, en La Alpujarra, una comarca de 25.000 habitantes, hay censadas personas de hasta cien nacionalidades diferentes, por lo que un festival de carácter étnico tiene todo la lógica y el sentido.

Durante estos días, Pampaneira ha sido lugar de descubrimiento, inspiración, encuentro e intercambio de experiencias, proyectos, ideas y vivencias. Era uno de los objetivos marcados por la organización. Y a fe que se ha conseguido.

Repasar el programa del Festival, a toro pasado, no tiene mucho sentido, así que me limitaré a contarles algunas cosillas que he vivido estos días, pero que tienen continuidad en el futuro. «El viaje de Lua», por ejemplo.

Era el jueves por la noche. El grupo de música tradicional de La Alpujarra Bele y Omín había inaugurado Sulayr y al terminar el concierto, su director Sixto Moreno corría Calle del Agua abajo, que su hermano Francisco Javier le esperaba para embarcarnos en un periplo musical por los cinco continentes.

Decenas de instrumentos musicales de todo el mundo se convierten en los visados que Sixto y Francisco Javier utilizan para conducirnos desde el desierto del Sahara y el norte de África al Extremo Oriente. De allí, un salto a las diferentes Américas y, antes de volver a Europa, una sorprendente parada en Oceanía, donde alucinamos con el Tambor de la Tormenta y el evocador Pandero Oceánico, por ejemplo.

Un viaje que tiene parada y fonda permanente y estable en el municipio alpujarreño de Lobras: los hermanos Moreno han creado un museo donde descansan decenas y decenas de instrumentos y donde muestran y explican a los viajeros este fascinante e ilustrativo recorrido musical de empaque global.

Otro de los hallazgos de Sulayr ha sido llevar conciertos en formato acústico a los diferentes tinaos de Pampaneira, completamente abarrotados para disfrutar de actuaciones de todo tipo y en las que se propiciaban esas buenas junteras que caracterizan al festival. Por ejemplo, el flamenco de David Heredia encontrándose con una especie de flauta-fagot que llevaba Alonso, uno de los miembros de Napoleón Solo. Y así todo.

Suenan el flamenco de Gallumba-Zarza, el folk americano de dos mujeres maravillosas como son Las Favoritas, la música para meditación de Zeguer en la Iglesia, cuyo artesonado de madera, el original, quita el sentido... Un placer, por cierto, que el párroco de la localidad -y de otros seis pueblos más de la Taha- ceda el templo para uso y disfrute musical de vecinos y forasteros. Un cura ilustrado, además, que Alfonso Aguilar es doctor en Filosofía y profesor de Metafísica. Un cura abierto de mente y tolerante al que la presencia de un renombrado Centro Budista en la comarca le parece algo excelente. ¡Así da gusto! Y qué historia tiene este hombre, entusiasta, emprendedor y colaborador... Como señala en Discópolis, «todo arte nos conecta con Dios y, para los no creyentes, con la trascendencia». De ahí que abrir la Iglesia a la música le parezca necesario y esencial.

Pero si hablamos de ritmos étnicos, folklore y cultura apegada a la tierra, de la música que se puede extraer de una botella de anís o de un almirez bien tocado; resulta imprescindible hablar, también, de una gastronomía rica y variada que hace mucho tiempo que trascendió el típico Plato Alpujarreño.

Recuerdo un viaje profesional por La Alpujarra, hace varios años, cuando tuve la ocasión de conocer los proyectos profesionales de varios restauradores empeñados en ofrecer una propuesta gastronómica original y diferente. Un compañero insistía en que aquello no podía funcionar allí. Que la gente, a estos pueblos, solo viene a comer jamón, papas a lo pobre, chorizo y morcilla. Y no, oigan, ¡NO!

Como además de escuchar música, estoy caminando mucho por los senderos y los caminos de La Alpujarra, confieso que me he empleado a fondo con el gazpacho. Pero como no solo de agua y tomate vive el hombre que anda en estos días de alerta amarilla por el calor, les recomiendo un fantástico guiso de conejo con caracoles. Y el cabrito. O choto. Uno de los bocados más suculentos de la comarca.

Y sí. Por supuesto que nos tomamos un buen plato de morcilla. Si no, ¿para qué? Y un poquito de melón con jamón. Y chuletas de cerdo, que el marrano es bocato di cardinale por estos pagos. Me quedo con las ganas, eso sí, de volver a «El Corral del Castaño», en Capileira, uno de los restaurantes más vanguardistas de esta parte de La Alpujarra. Cocina con corazón, se define, pero no hay forma de cuadrar los horarios.

-Pero, ¿cómo? ¿Terminas esta crónica de Sulayr y no hablas de La Banda Morisca ni de Sirkedjè?

-¡Tranquilidad! Todo se andará...