La viuda del hombre asesinado en Deifontes: «¡Papá! ¿¡Qué haces papá!?»

La viuda, acompañada por un joven. / ALFREDO AGUILAR

El suceso ocurrió en el centro del municipio de Deifontes y, según contó la viuda al alcalde, el detonante fue una discusión trivial entre su marido y su padre, el presunto homicida

Carlos Morán
CARLOS MORÁN

La hija del presunto homicida y esposa de la víctima mortal lo vio todo. Fue testigo de cómo su padre Antonio, de unos sesenta años, acababa de una puñalada con la vida de su marido, José, de poco más de treinta, según las declaraciones recabadas por IDEAL en el municipio de Deifontes, donde ocurrió el luctuoso suceso alrededor de las dos y media de la tarde de ayer.

Instantes después de recibir la cuchillada, José corrió unos pocos metros y se derrumbó por la pérdida de sangre. A pesar de los intentos por reanimarle, falleció en la céntrica calle Higuera de Deifontes, localidad situada a 26 kilómetros de Granada y con una población de menos de tres mil habitantes.

La joven viuda permaneció abrazada al cadáver del difunto durante unos minutos y luego se apartó del lugar del crimen sin poder contener el llanto.

Francisco Abril, alcalde de Deifontes, fue una de las personas que realizó maniobras de resucitación al cuerpo de José para tratar de devolverle la vida, pero fueron infructuosas.

El regidor tuvo oportunidad de conversar con la destrozada esposa de José y esta le contó que su padre, el presunto homicida, se acercó por la espalda a la víctima y le asestó una puñalada letal en el costado. La hoja del cuchillo que utilizó el agresor era de considerable longitud.

Después, el atacante regresó a su casa y allí permaneció hasta que fue detenido por agentes de la Guardia Civil. Según el relato del alcalde, el suegro del fallecido incluso preguntó si su yerno se encontraba bien.

Los investigadores de la Benemérita hallaron en la vivienda de Antonio el arma que presuntamente utilizó para apuñalar a José. Posteriormente, fue trasladado a la Comandancia de Granada, donde permanecerá custodiado hasta que sea conducido a los juzgados para prestar declaración.

Una disputa banal

En cuanto al móvil del crimen, Francisco Abril detalló que la viuda le contó que el detonante fue una discusión trivial que mantuvieron agresor y víctima instantes antes de que se produjera el suceso. «Ella me ha dicho -relató el alcalde de Deifontes a este periódico- que su padre le comentó a la víctima que se pasase por el Ayuntamiento para cobrar el cheque por el trabajo que había hecho durante las fiestas (que acabaron este pasado domingo) de controlador de las vallas para regular el tráfico. Yo había firmado ese cheque por la mañana, pero el chico le respondió a su suegro que ya iría», recordó el regidor el contenido de la conversación que mantuvo con la viuda poco después del homicidio.

Francisco Abril explicó que el propio agresor también había desempeñado la misma labor que su yerno durante los festejos. «Uno terminaba al amanecer y entonces entraba el otro», informó el alcalde sobre los pormenores de la relación laboral entre ambos. Así las cosas, el supuesto homicida, una vez concluido el contrato municipal, fue a ver a la víctima para urgirle a que se acercara al Ayuntamiento para cobrar. Y parece que lo hizo alterado. «Le llamó vividor o algo así», rememoró Francisco Abril. El aludido contestó que ya iría, que le dejase tranquilo y todo apuntaba a que la discusión se quedaría ahí.

«¿¡Qué haces papá!?»

Sin embargo, la semilla de la tragedia ya estaba sembrada. Supuestamente, el detenido fue directamente a su casa a buscar un cuchillo y luego regresó a buscar a su yerno. El regidor de Deifontes relató que la viuda vio el ataque y, espantada, gritó: «¿¡Qué haces papa!?» Pero Antonio no dijo nada. Presuntamente, se aproximó por la espalda a José, que estaba fumando un cigarrillo, y le asestó una puñalada en un costado que, a la postre, resultaría mortal.

Luego, y ajeno a los chillidos de su hija, volvió sobre sus pasos y se refugió en su vivienda hasta que la Guardia Civil le puso los grilletes para trasladarlo a la capital.

José apenas pudo dar unos pasos antes de caer derribado por la masiva hemorragia que le causó la herida.

El propio alcalde y otras personas trataron de reanimar sin éxito al infortunado joven, que expiró en la calle. «Perdía mucha sangre e intentamos taponar la herida, pero era imposible. No pudimos hacer más. Luego vino un vecino y cubrió el cadáver con una sábana».

La viuda estuvo abrazada al cuerpo sin vida de su marido durante unos dramáticos minutos.

El suceso ocurrió a las dos y media de la tarde. El sol pegaba con fuerza a esa hora y la mayoría de los vecinos de Deifontes se habían cobijado ya en sus viviendas para huir del calor. Fue entonces cuando una discusión intrascendente rompió la calma estival de la localidad. Poco después, la noticia ya había recorrido todo el pueblo. «¿Qué ha hecho?», preguntó a unos paisanos uno de los pocos habitantes de Deifontes que no estaba al tanto de los sucedido. «Pues que ha 'echao' a toda su familia por alto».