La población en los municipios de Granada envejece de forma irremediable

Mayores charlan en la plaza de la Constitución de Ferreira./
Mayores charlan en la plaza de la Constitución de Ferreira.

La falta de alternativas laborales ahuyenta a los jóvenes de municipios como Ferreira, cuyo porcentaje de abuelos se aproxima ya al 40%

JORGE PASTORGranada

El banco del cruce de Dólar se va poblando poco a poco. Son las diez de la mañana en Ferreira, un pequeño pueblo blanco clavado en la falda de la Ragua cuyo único sustento económico son los almendros. Manuel, José y el otro Manuel, todos con cayado en la mano derecha, repasan la actualidad. Hablan de política y de cómo se dará la cosecha este año. Temas más o menos recurrentes. Temas más o menos apasionantes. «A éste -dice Manuel en referencia al otro Manuel- le quitaron el biberón el otro día». «Noventa años y aún parece un chiquillo», bromea. Y es que, según las estadísticas oficiales, Ferreira comparte con Gobernador los oropeles de los municipios más longevos de la provincia (datos de 2015). El 36% de sus habitantes supera los sesenta y cinco años. Esto significa, para que se hagan una idea, multiplicar por dos la media nacional que, según el Instituto Nacional de Estadística, en 2016 sobrepasó por primera vez la barrera psicológica del 18%.

Datos preocupantes en España, en Andalucía y en Ferreira. Sí, datos preocupantes no porque haya muchos abuelos, que siempre es positivo por el plus de experiencia y cordura que aportan a la sociedad, sino porque hay pocos jóvenes. Un desequilibrio que reaviva debates de tanta trascendencia como el del mantenimiento del sistema público de pensiones -el Gobierno tiene previsto sacar 7.300 millones este 2017, por lo que sólo quedarán otros 7.300 millones-.

Granada sufre un grave problema de envejecimiento. Según el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía, 51 de los 172 municipios granadinos rebasan el veinticinco por ciento de vecinos con más 65 losas, una tendencia que se acentuó durante los años de la crisis debido principalmente a la emigración y a que en infinidad de municipios de Granada se registran tasas negativas de crecimiento vegetativo (nacimientos menos defunciones). Dos de las secuelas más graves de unos años durísimos para los entornos rurales -y también para los urbanos-.

Pero regresemos nuevamente al cruce de Dólar, en Ferreira, donde unas líneas más arriba dejamos a Manuel (75 años), José (65 años) y el otro Manuel (90 años) charlando amigablemente de lo divino y lo humano. «Coincidiendo con el veraneo podemos estar aquí perfectamente el doble», comenta Manuel, quien agrega que «a partir de finales de agosto la cosa ya flojea». «Mire usted, periodista -tercia el otro Manuel-, la gente se marcha porque aquí falta el trabajo y porque la situación sigue empeorando porque no hay agua para los campos; no nieva como antes». «Ésta es la base fundamental», recalca el otro Manuel mientras que Francisco, con los 65 años y un finísimo sentido de la ironía, aclara que la plaza de la Constitución de Ferreira no se ha movido. Se encuentra exactamente a 1.269 metros de altitud, como cuando nevaba.

«Ya no quedan negocios»

Manuel lamenta que en Ferreira ya no queden negocios. Tan sólo dos panaderías, la farmacia y el bar que hay en el hogar del pensionista. «No hay ninguna entidad financiera; para comprar o sacar dinero hay que bajar a La Calahorra o a Guadix». El pescadero sí que pasa por Ferreira todos los días. Despacha en su furgoneta. Género fresco. De primera. Bacaladillas, pijotas y boquerones.

La vida en Ferreira es tranquila. Muy tranquila. Ahora que aprieta el calor, los mayores buscan la sombra por la mañana y pasean por la tarde. Las calles son empinadas. Los maceteros adornan las casas, siempre encaladas. Los agricultores 'velan aperos' y preparan sus explotaciones. La recolección aún queda lejos, en septiembre, pero la floración ya anticipa cómo irán las cosas. Esta campaña, que no ha llovido mucho, las previsiones de producción no son muy positivas. Todo depende del precio. De que se venda bien -estos años atrás el kilo de pipa se ha cotizado por encima de los siete euros-. Poco más. En Ferreira ya quedan pocas huertas y poco a poco fueron cerrando hasta una decena de granjas ganaderas. Poca actividad económica más allá de la agricultura. Los ferrileños tienen puestas ahora todas sus esperanzas en la fábrica de molinos de viento, que reabrió el pasado verano, y que se retome la explotación en las minas de hierro de Alquife, otrora el principal sustento de la comarca del Marquesado.

De ello, de expectativas, conversan Paco (47 años), José (42 años) y Juan (60 años) mientras apuran unas alhambras en el Hogar de Ferreira, un establecimiento hostelero donde se desarrolla buena parte de la vida social de la localidad. «Yo estoy un poco desgastadillo, pero cuando me lavo parezco otro», comenta Juan con guasa. El contrapunto humorístico a un análisis de la realidad sobrado de cordura y sentido común. «Para que haya más empresas y oportunidades laborales para los jóvenes hace falta más inversión y más infraestructuras», comenta José, quien lamenta las dificultades para ocuparse en una zona que vivió tiempos mucho mejores gracias a la minería. Juan, ya en tono más severo, lamenta que España este siendo 'colonizada' poco a poco por los «dineros» extranjeros. «Ellos vienen aquí para hacerse dueños; nosotros nunca lo hemos hecho con ellos». Francisco escucha con atención. Asiente con la cabeza cuando le parece bien. Y no duda en intervenir, replicando, cuando el resto de contertulios aborda cuestiones espinosas como la supuesta visita de aviones que espantan las nubes. «Pues yo no creo que eso sea así», defiende Francisco.