La belleza del otoño tardío

Las aristas del Molinillo, bajo las que discurre el río Fardes./
Las aristas del Molinillo, bajo las que discurre el río Fardes.

Las últimas lluvias recuperan la imagen de bosques y riberas a un paso del invierno

JUAN ENRIQUE GÓMEZ

Las hojas caen sobre las riberas del Darro y los remansos del Genil. El agua ha logrado cambiar la imagen agostada de los campos y ayuda a la naturaleza a cumplir su ciclo, a que árboles y arbustos ralenticen su actividad vital para adaptarse a la falta de luz y los previsibles fríos del invierno. Las alamedas y bosques de ribera se tiñen de ocres, bronces y dorados, pero lo hacen dos meses después de que la llamada estacional les indicase que era el momento de cambiar, de dejar caer sus hojas para permitir el paso de un nuevo manto verde que tendrá que llegar al final del invierno para proteger las flores de la primavera, y a su vez cubrir el suelo de un sustrato orgánico que alimentará la tierra.

La imagen de los bosques encantados, de las orillas, arroyos y caminos, cubiertos de hojarasca, llega cuando está a punto de empezar la etapa invernal, una situación que los expertos miran con una cierta prevención, como un aviso del cambio del clima, como un elemento precursor de que los ciclos vitales modifican su inicio y final.

La lluvia y el frío de la mañana han logrado reverdecer los campos, que hasta ahora aún lucían la capa ocre de los prados secos. Esa imagen de esperanza se ha mezclado con el manto y la luz del otoño. El resultado es una extraordinaria explosión de belleza que se hace patente en los valles que discurren bajo las laderas de Valparaíso (Sacromonte) y la colina de la Sabika, coronada por la fortaleza y palacios de la Alhambra, desde donde es posible seguir el oculto cauce del río Darro a través de los dorados de álamos, sauces, fresnos y majuelos. En el entorno de Granada, las sierras de Huétor y las estribaciones norte de Sierra Nevada, aglutinan paisajes impresionistas. El Fardes, desde el Molinillo traza un eje rojo y ocre que discurre hacia el altiplano, y en Lugros y Jérez, los barrancos se tiñen con el color de arces y castaños. Solo quedan días para el invierno, pero al fin legó el otoño.