El pasado íbero de la muralla zirí de Granada

Estructura de Bab Qastar, acceso a la Alcazaba Cadima/Ramón L. Pérez
Estructura de Bab Qastar, acceso a la Alcazaba Cadima / Ramón L. Pérez

La excavación en San Cecilio ha podido definir la evolución completa del tapial defensivo de la Alcazaba Cadima

Amanda Martínez
AMANDA MARTÍNEZ

Los trabajos de restauración de la muralla zirí en el entorno de la ermita de San Cecilio se toparon con un importante hallazgo hace ya unos meses. Son los restos de Bab Qastar, una puerta fechada en el S XI y uno de los accesos más antiguos a la Alcazaba Cadima. Cuando apenas quedan unos meses para que la recuperación completa de la muralla concluya, dos de los responsables de la obra, la arquitecta Isabel Bestué y el arqueólogo Manuel Pérez, han comparecido ante los medios de comunicación acompañados por la subdelegada del gobierno en Granada, Inmaculada López Calahorro, para dar a conocer cómo marchan los trabajos y los resultados de la excavación arqueológica.

Los hallazgos son extraordinarios: por un lado, sobre la propia estructura de la ermita de San Cecilio, ha aparecido el armazón de la conocida como puerta del Castro, casi íntegro, explica la arquitecta Isabel Bestué. El arco de la puerta, que ahora se esconde parcialmente tapado por unas lonas, quedara a la vista, al igual que el forro que la recubría, una sillería parecida a la del campanario de la iglesia de San José. Por otro lado, los restos arqueológicos en el interior del solar, «nos hablan de estructuras fortificadas con diversas torres y lienzos de murallas que aparecen en distintas cotas. El propio interior de la ermita, al poder despejar paramentos, nos proporcionan una imagen muy diferente de lo que es en la actualidad y de lo que va a ser una vez que concluyan los trabajos», apunta Bestué.

Los intervención han podido definir la evolución completa del tapial defensivo. Todo parece indicar que se construyó en época íbera, entre los siglo X a I a.C, que fue objeto de modificaciones en época romana y, posteriormente, de ampliaciones y reconstrucciones durante la fundación de la ciudad de Granada en época zirí. «Estamos ante 2.500 años de muralla». Explica el arquitecto Manuel Pérez. «La muralla es un ente vivo sensible a las circunstancias políticas, a los cambios históricos».

Por su parte, la subdelegada del Gobierno en Granada, Inmaculada López Calahorro que ha visitado las obras, ha apuntado que la aparición de estos hallazgos ha hecho necesaria la redacción de un proyecto específico que ha exigido una inversión extraordinaria de 132.360 euros, que se suman a la inversión incial de 1,3 millones asumidos por el Ministerio de Cultura y Deporte, «lo que muestra el compromiso que tiene este gobierno con el patrimonio de Granada y la conservación de la muralla zirí», un plan que concluirá su ejecución a finales de 2019.

Bab Qastar

Las obras de recuperación de las murallas se centran en cuatro tramos: la Torre de las Tres Caras, torres y restos de lienzos situados en la plaza del Cementerio de San Nicolás y la puerta del Castro.

Conocida también como puerta de Hernán Román o Fernán Román, Manuel Gómez Moreno Martínez, que la documentó en una obra inconclusa: 'Monumentos Arquitectónicos de España. Volumen de Granada del año 1907', escribió que este nombre se debía a un vecino que, allá por el siglo XVI, tenía una huerta cercana y no, como sostenía Luis del Mármol Carvajal, al topónimo de Hizna Román, Castillo del Romano o del Granado. Gómez Moreno la describe así en su «Guía de Granada»: «Ábrese entre gruesas torres y estaba cubierta por una bóveda semicilíndrica de piedra de La Malahá, así como las paredes interiores y algunas esquinas, donde las lajas aparecen dispuestas como en el puente del Jenil».

En el imaginario granadino caló la idea de que en este lugar estuvo preso San Cecilio y algunos de sus discípulos antes de ser martirizados. César Girón, en su libro «Iglesias de Granada», apunta a una tradición sobre la aparición en este lugar de una pequeña imagen del patrón de Granada. Una y otra leyendas son razones más que justificadas para que, en el siglo XVIII se erigiera aquí una capilla. La ermita tiene una «humilde portada encalada en fábrica de ladrillo, compuesta por un arco de medio punto enmarcado por un alfiz adintelado. Sobre ella hay una hornacina también en ladrillo y encalada, en cuyo interior hay una imagen en piedra arenisca de San Cecilio». El interior puede verse desde la reja que la cierra y solo se abre el día del patrón.