La odisea para recuperar a su hijo retenido en Irán por su pareja

Beatriz junto a su hijo en el viaje a Irán./IDEAL
Beatriz junto a su hijo en el viaje a Irán. / IDEAL

Beatriz Arrabal se refugia en la justicia española tras denunciar la desaparición del menor en Londres e intentar rescatarlo del país islámico

P. GARCÍA-TREVIJANOGRANADA

La pesadilla de Beatriz Arrabal Delgado, granadina de 36 años, comenzó con una simple frase al otro lado de la línea telefónica:«Hola mamá, estoy en Irán con papá». El que todavía sigue siendo su marido, Hamed Khakoar, también de 36 años y natural de Irán, se llevó a más de tres mil kilómetros de distancia y sin su permiso al pequeño Oliver, de cuatro años recién cumplidos, el 5 de noviembre de 2017. Mientras la mujer trabajaba, Hamed consiguió huir a Teherán con un permiso temporal de la embajada. Al llegar al domicilio que compartían en Londres, no supo donde estaban y horas después recibió la contestación que desde hace tiempo temía: «Mi pareja denunciada por malos tratos se había llevado a lo que más quiero».

«La luna de miel duró poco». Beatriz, como tantos otros españoles, dejó el país en busca de trabajo y tomó rumbo a Londres en 2009.La granadina encontró empleo de enfermera y se enamoró «ciegamente» de Khakoar: «Nunca había sentido tanta conexión con alguien, quizás fuera Londres. Todo avanzó muy rápido. Vivíamos en una burbuja», asegura. «Nuestra relación era genial, él era abierto y divertido. Nunca había hecho nada precipitado en mi vida. Mis conocidos decían que tuviera cuidado con las diferencias culturales, pero entonces no las había», relata Arrabal. «Nos casamos a los diez meses y en la noche de bodas noté un pequeño cambio en su comportamiento». «Empecé a sufrir violencia emocional y psicológica desde ese mismo día».

Los levantamientos de voz y el chantaje se volvieron habituales y, en noviembre de 2013, Beatriz fue víctima de la primera agresión física. Hizo acopio de fuerzas y se separó de él. Sin embargo, «salir del ciclo de violencia es muy difícil», eso ha aprendido ahora gracias al asesoramiento del Instituto Andaluz de la Mujer. En enero de 2014, le dio otra oportunidad y en marzo, embarazada ya de Oliver, volvieron a estar juntos. Beatriz sufría violencia a muchos niveles e incluso su pareja la aisló economicamente y socialmente, controlando sus relaciones y finanzas. En octubre de 2014, nació Oliver y, aunque el menor devolvió las ganas de vivir a la mujer, Arrabal se vio entre la espada y la pared: «Tenía mucho miedo de lo que pudiera pasar si me separaba». El niño creció y con sólo tres años intermedió en una pelea de sus progenitores. En aquel momento Beatriz se dio cuenta de que tenía que salir de esa situación como fuera por el bien de su hijo. En octubre de 2017 tomó la decisión de separarse. Arrabal contactó con los servicios sociales londinenses y el 1 de noviembre interpuso la denuncia por maltrato. Con ayuda de la Policía británica, el hombre abandonó el domicilio conyugal el 28 de octubre. Aunque Hamed merodeaba la casa en su coche, «por primera vez en mucho tiempo» sentía esperanza. Ocho días después su hijo estaba en un avión de camino a Irán con su padre.

El día 5 de noviembre de 2017 dejó que Hamed pasara la tarde con su retoño, pero nunca volvieron a casa. Los pasaportes de los tres miembros de la familia estaban en posesión de la autoridad inglesa mientras se gestionaba la concesión de la nacionalidad británica al menor, que sólo contaba con la española y la iraní. Padre e hijo obtuvieron un permiso temporal de la embajada de Irán para viajar al extranjero, una salida que a Beatriz no se le pasó por la cabeza.

No sin mi hijo

Esa noche denunció el secuestro, pero Beatriz estaba «atada de pies y manos». Reino Unido no podrá hacer nada hasta que Hamed y su hijo pisen suelo inglés, algo improbable. En tierra de nadie, sin poder apelar al convenio de la Haya, con depresión y en la ruina tras la huída de su marido, Beatriz puso en marcha con ayuda de su familia una campaña de 'crowdfunding' y recaudó 5.000 euros. Organizó el viaje y en marzo de 2018 aterrizó en Irán, con la excusa de volver con su marido, dispuesta a llevarse a su hijo a casa.

Hamed descubrió las intenciones de Beatriz a través del espionaje de su correo electrónico. Bajo el control de su maltratador y sin ninguna garantía, sus padres hablaron con su suegro para que dejara volver a Beatriz a España. Su suegro accedió y el 3 de julio la dejó en el aeropuerto. «Dejar a mi hijo allí es la decisión más difícil de mi vida», manifiesta. «Al llegar a España el 4 de julio me sentí feliz, estaba viva y liberada», dice. «El desenlace podría haber sido otro. Mi hermano tiene mi pasaporte para que no pueda hacer ninguna locura más. Si sé que está en el cajón el día menos pensado podría coger un avión para ver ami hijo», explica.

Beatriz sabe que su marido no hará daño a Oliver: «Mi hijo está bien. Tiene a sus abuelos y a su tía que lo miman. La familia de Hamed tiene una buena posición económica». «Oliver va a una guardería bilingüe, a clases de karate y ski. Es un varón y está a salvo, es lo único que me consuela». Mantiene contacto por videollamado con el pequeño cuando su padre le deja. Arrabal sigue recibiendo chantajes: «Hamed usa a mi hijo como arma desde Irán. Me envía vídeos de Oliver pidiéndome que vuelva con ellos». «Temo hacerlo porque podría ser la última vez. Allí estoy desamparada».

Beatriz ha vuelto a Granada donde trata de asentarse, busca trabajo en su profesión y quiere rehacer su vida para cuando se reencuentre con su hijo. Ahora mismo recibe atención psicológica y está en tratamiento contra la depresión. Con el firme propósito de recuperar a su hijo, la mujer comenzó en septiembre una batalla legal en la que le acompaña Enrique Vila, abogado experto en casos de secuestro internacional. Sabe que lo tiene difícil y reclamará «ante la mismísima ONU si hace falta». No tiene prisa, espera volver a reunirse con su hijo tarde o temprano.

Auxilio internacional

El defensor impuganará el matrimonio, inscrito en España e Irán, y pedirá la custodia del pequeño. «Es un caso dificil, estamos preparando un par de acciones por la vía civil y la vía penal». Una vez con la sentencia en la mano, solicitará su reconocimiento en Irán. La ejecución por parte de la república islámica está limitada por las «peculiaridades» de este tipo de países y sus diferencias con el derecho occidental. En última instancia, el abogado presentará el caso ante otros mecanismos internacionales y recurrirá al comité de los derechos del niño de la ONU. Aunquue algunos de estos tratados no han sido ratificados se puede instar a esos países a que lo cumplan. Un proceso largo que puede demorarse durante años, pero el único camino posible ya que el padre «se ha cerrado en banda».