Un menor imita llamadas de auxilio de mujeres maltratadas y moviliza a la Policía en vano

Una llamada falsa del adolescente ahora detenido obligó a desalojar el centro comercial Alameda en 2016. /RAMÓN L. PÉREZ
Una llamada falsa del adolescente ahora detenido obligó a desalojar el centro comercial Alameda en 2016. / RAMÓN L. PÉREZ

Es reincidente: fue condenado en 2018 por simular el acento árabe para hacerse pasar por un yihadista y avisar decenas de veces de la falsa colocación de bombas

Carlos Morán
CARLOS MORÁNGRANADA

La llamada era tan alarmante como un ataque cardiaco: una mujer asegura que acaba de disparar en el estómago a su exnovio porque la ha agredido. La víctima afirma que los malos tratos eran constantes y que el hombre había intentado matarla. Los responsables del teléfono de emergencias tratan de calmarla, le recomiendan que se aleje del herido y salga al exterior del piso para que los agentes de las fuerzas de seguridad, que ya están en camino, la localicen lo más rápidamente posible.

Vértigo, coches policiales a toda velocidad, nervios, las sirenas de las ambulancias... y nada. Era mentira. El suceso era una invención. Alguien, simulando la voz de una joven muy alterada, había alertado a la Policía y los equipos sanitarios por un incidente tan grave como falso.

Ocurrió el pasado mes de abril. Y no fue la única vez. Episodios similares se repitieron en varias ocasiones más. El guion siempre era el mismo: una víctima de violencia machista que pide auxilio porque está siendo atacada y, sin solución de continuidad, la inmediata reacción policial para impedir un desenlace fatal. Pero los esfuerzos son inútiles porque las llamadas, una media docena en unas pocas semanas, son una farsa, un engaño, un montaje.

Finalmente, los investigadores atan cabos y logran identificar al presunto autor de los avisos ficticios. Es un viejo conocido. Y aún no ha cumplido los 18 años. Era un menor reincidente que en 2018 ya fue condenado a 18 meses de internamiento en un centro para delincuentes juveniles por ser el responsable de casi 300 falsas llamadas de emergencia. En treinta ocasiones, habló con un acento similar al árabe para fingir que era un yihadista y dar más credibilidad a sus acciones.

Además de la pena de encierro, el adolescente debía abonar más de 50.000 euros al 112, la Guardia Civil y la Policía Nacional por los gastos derivados de sus 'bromas'.

Presumiblemente aún no le ha dado tiempo a pagar esa cantidad, pero ya se ha vuelto a meter en líos.

Esta pasada semana, fue detenido por fingir las llamadas de mujeres maltratadas en peligro de muerte y movilizar a la Policía en vano.

Tras pasar por la Fiscalía de Menores de Granada y reconocer los hechos, fue puesto a disposición del juez que, de acuerdo con el ministerio público, decidió internar al muchacho de forma cautelar (una figura similar a la prisión provisional que se aplica a los adultos) por la presunta comisión de los delitos de desórdenes públicos y usurpación de personalidad. La medida, que puede prolongarse durante seis meses prorrogables a otros tres más, incluye el mandato de que el chaval se someta a un tratamiento de salud mental, una directriz que ya se siguió cuando fue condenado por la primera oleada de telefonazos.

Aquella vez, el incidente más aparatoso causado por del chico tuvo lugar la mañana del 27 de julio de 2016, cuando decenas de clientes del centro comercial Alameda de Pulianas fueron desalojados por las fuerzas de seguridad después de que un comunicante anónimo avisara de que había un coche-bomba estacionado en el aparcamiento. La persona que telefoneó dijo ser un yihadista y habló con acento árabe, un detalle que hizo saltar todas las alarmas. Por fortuna, el aviso resultó ser falso.

Poco después, repitió la 'jugada' con el centro comercial Viapark de la localidad almeriense de Vícar. La Guardia Civil desplegó allí a 18 agentes de los Grupos de Reserva y Seguridad, además de artificieros de los Tedax junto a una unidad canina. Las fuerzas de seguridad cerraron los accesos del gran establecimiento y llevaron a cabo una inspección para confirmar que los usuarios no corrían ningún tipo de peligro.

El detenido confesó entonces que el móvil de esa frenética actividad no era otro que la fascinación que sentía al por tener el «poder» de movilizar a los servicios de emergencias.

Aparte de los falsos avisos de bomba, también telefoneó para denunciar supuestos secuestros y otras invenciones igualmente truculentas.