Un menor irá a una clase de chicos de educación especial por burlarse de dos discapacitados

Un menor irá a una clase de chicos de educación especial por burlarse de dos discapacitados
RODRIGO PARRADO

El acusado grabó en su instituto a dos compañeros de aula con limitaciones y distribuyó las imágenes por wasap; ahora le toca a él ser el diferente

CARLOS MORÁNGRANADA

Ahora el diferente va a ser él. Tendrá que estar en un aula en el que el resto de los alumnos son de educación especial. Esa es la llamativa condena que ha impuesto el magistrado Emilio Calatayud, titular del Juzgado de Menores 1 de Granada, a un chaval que grabó a dos compañeros discapacitados con los que compartía clase en un instituto de la provincia para burlarse de ellos. En este sentido, distribuyó las imágenes en un grupo de wasap -del que no formaban parte los perjudicados- tras 'tunearlas' con comentarios o sonidos pretendidamente graciosos.

La víctimas eran alumnos de integración, es decir, que eran minoría en el centro. Y ese es precisamente el espíritu de la sentencia: que el acusado sienta lo que es formar parte de una minoría. Ahora le toca al procesado ponerse en la piel de las personas que son distintas.

La idea es que la experiencia le sirva de vacuna para no mofarse de los que no son como él. La verdad es que el estudiante en cuestión aceptó el castigo sin plantear batalla, lo cual supone un buen punto de partido para su rehabilitación. En consecuencia, no fue necesario celebrar la vista oral del juicio. Tras escuchar los cargos que la Fiscalía de Menores de Granada tenía contra él, reconoció que todo era cierto y aceptó la condena: 75 horas de prestación en beneficio de la comunidad con el siguiente contenido: deberá ir a aprender y echar una mano en una clase de educación especial, es decir, un aula en el que todos los alumnos padecen algún tipo de discapacidad.

Contra la integridad moral

Además, la resolución judicial ordena al chico que redacte un trabajo de no menos de treinta folios en el que tendrá que relatar las enseñanzas que extraiga de su 'inmersión' en la diversidad.

La sentencia precisa que el menor cometió un delito contra la integridad moral, que consiste en someter a otra persona a un trato degradante para humillarla.

Según el ministerio público, el adolescente ahora condenado grabó y fotografió, sin su consentimiento, a dos compañeros de clase que presentaban altos grados de discapacidad. Posteriormente, difundió esas imágenes, convenientemente retocadas para mofarse de las víctimas, en un grupo de wasap del que formaban parte todos los estudiantes del aula salvo los dos damnificados. Se da la circunstancia, según recoge la sentencia, de que la dirección del instituto en el que sucedieron los hechos ya había apercibido al acusado para que dejase de molestar a las chavales con discapacidad. Se ve que no hizo caso y lo que podía haber quedado en una broma de mal gusto, acabó por mutar en un delito.