Manuel Ocón: guardián de tradiciones y costumbres de Granada

Manuel Ocón, en su barrio del Realejo/RAMÓN L. PÉREZ
Manuel Ocón, en su barrio del Realejo / RAMÓN L. PÉREZ

Cofrade, amante del arte y de las tradiciones, Manolo Ocón es buen conocedor de fiestas tan granadinas como el Día de la Cruz

FERNANDO ARGÜELLES

Si a los vecinos del barrio del Realejo se les dice el nombre de Manolo Ocón, todos saben inmediatamente donde ubicarlo. Eso sí, el sitio varía dependiendo de la época del año. Si es en Cuaresma, seguro que muchos lo buscan en torno a una cofradía, mientras que si lo que está por llegar es la Navidad, es muy probable que esté pensando ideas para montar un belén. Si es a finales del mes de abril, como ahora, las cruces de mayo están en su mente, y hasta hace no mucho en sus manos creativas. Y es que este hombre de pelo canoso y gesto afable está íntimamente vinculado al mundo de las tradiciones de Granada. Y eso que él no nació en la capital, sino en la localidad de Iznalloz. Allí vio la luz en abril de 1948, aunque pronto llegó a la capital, para estudiar en el Instituto Padre Suárez.

Actualmente jubilado, Manolo Ocón ha sido funcionario municipal del Ayuntamiento de Granada, un trabajo que le permitió mantener contacto con muchísimas personas. Los que le conocen no dudan en calificarlo como un hombre costumbrista, amante de las tradiciones y fiel guardián de la esencia de la ciudad. «Desde muy joven siempre he estado implicado en las tradiciones de nuestra tierra», asegura. Y es que además de en el mundo cofrade, los belenes o las cruces, Ocón también se ha involucrado en la festividad del Corpus, la organización de cabalgatas de Reyes Magos, la romería de San Cecilio y hasta en los carnavales, a pesar de la poca tradición que dicha fiesta tiene en Granada.

Desde pequeño tuvo inquietud por el arte y de todo cuanto a su alrededor gira, considerándose, hoy en día, un gran baluarte en este aspecto. Tal vez sea en el mundo cofrade donde más conocido es Ocón, y precisamente desde ahí se ha involucrado en muchas otras costumbres de la ciudad. Actualmente es cofrade de la Hermandad de las Tres Caídas y Rosario, habiendo pertenecido además a la junta de gobierno de Santa María de la Alhambra y a la de la hermandad del Nazareno. «Llegué al mundo cofrade como casi todos en mi época, de mano de algunos amigos que salíamos en las cofradías, siendo la primera hermandad en la que participé la de Paciencia y Penas allá por el año 1960», recuerda. En el mundo de la Semana Santa ha dejado una huella imborrable y cualquier cofrade al que se le pregunte por él solo tiene palabras de afecto y cariño.

«Hay muchos momentos importantes en mi vida cofrade, pero recuerdo con especial emoción mi primera salida de costalero en el año 1978 con el 'Manuel' de la cofradía de La Concha y cuando un grupo de costaleros fundamos la Hermandad del Nazareno, allá por el año 1980», dice.

Cruces de mayo

Desde el seno de las cofradías comenzó a participar activamente en la celebración del 3 de mayo con el montaje de cruces muy recordadas todavía por los vecinos del Realejo, ya que en la mayoría de los casos consiguieron premios. Entre las más relevantes en cuyo montaje participó están las instaladas en la actual plaza de Carlos Cano los años 1981, 1982 y 1987. En los años 1986 y 1996 es el artífice de la cruz de la Hermandad del Huerto de los Olivos en el patio de las Comendadoras de Santiago y en el año 1988 monta la de los 'Costalero Nazarenos' en la calle Nicuesa.

Tal es su afición al montaje de las cruces y la buena mano que en ello pone que, entre 1991 y 1993 fue el artífice de la cruz municipal de la Plaza del Carmen, montando después la de la Corrala de Santiago (de la Asociación de vecinos Realejo-San Matías), o la instalada en 2004 en la Plaza de Mariana Pineda. Recuerda cómo «los que trabajábamos en los montajes de aquellas cruces siempre obtuvimos premios. Puedo presumir de haber conseguido galardones en todas las categorías. Además, no solo conseguíamos premios en el concurso del Ayuntamiento, también ganamos cuatro 'Claveles de Plata', un reconocimiento de la Asociación Granada Histórica y Cultural».

Del montaje de tantas cruces de mayo guarda imborrables recuerdos y numerosas anécdotas. «Quizás la anécdota que más recuerde es aquella vez que no pudimos conseguir claveles para la cruz y tuvimos que recurrir a otro tipo de flor menos adecuada para la misma. Al final resultó todo un éxito de crítica y público. O también aquella otra vez en la que hicimos una cueva con todas las características propias en su interior, hasta el punto de que el público, saltándose las barreras que impedían el paso, se metían dentro y se sentaban en la mesa junto a la chimenea, lo que nos hizo temer por la seguridad del montaje. Nos pasamos dos días sujetándolo todo para evitar cualquier peligro a los visitantes».

Para Ocón, una cruz debe recordar hoy en día aquellas otras cruces que en un principio se montaban en casas y patios de vecinos con lo mejor que había en cada casa, por lo que deberán estar presentes prendas de ajuar como colchas, mantones, espejos, macetas, cuadros, imágenes y todo tipo de flores, predominando el clavel en la propia cruz, «que no necesariamente debe ser rojo, pero si es lo tradicional», indica con la maestría que da el haber sido autor de tantas cruces que han hecho disfrutar a los granadinos durante décadas. «Tampoco debe falta la cera como ofrenda litúrgica, pues no se puede olvidar que es una recreación de altar, por lo que se deberá hacer en diferentes alturas con la cruz en el lugar más alto. Deben predominar colores vivos y alegres como fiesta de plena alegría y triunfo», señala.

La fiesta de los 80

«Actualmente la fiesta ha perdido en popularidad debido a los abusos y desmadres ocurridos a finales de los años noventa, pero con las nuevas medidas parece ir recuperándose lentamente y ajustándose a lo que debe ser esta celebración en la que el respeto hacia todos debe imperar». Sobre la presencia de barras, opina que «todo en su justa moderación es lo ideal, pero algunas veces confundimos la libertad con el libertinaje y eso da lugar a las prohibiciones actuales y a que vaya decreciendo el número de cruces en las calles, surgiendo el montaje en patios particulares de colegios o entidades donde los verdaderos amantes de esta fiesta pueden disfrutar en un ambiente de familiaridad y cordialidad», asevera.

Recuerda con añoranza «el ambiente sano que imperaba en los años ochenta, cuando visitar las cruces y pasear por Granada era un placer para los sentidos, algo que ojalá vuelva con el tiempo ya que es labor de todos conservar esta tradición, que junto a otras hacen que el nombre de Granada suene aún más fuera de nuestras fronteras. Debemos salir todos a la calle a divertirnos y a convivir este gran Día de la Cruz». También ha destacado en el montaje de belenes, algunos años incluso el de la propia Catedral de Granada. Ha escrito en numerosas publicaciones y ha colaborado también con distintas emisoras de radio con programas sobre Granada, siempre en la faceta artística y de conocimiento. Y tiene un libro escrito, 'Un siglo de Cuaresmas y algo más…', donde recoge muchas de esas historias, llenas de granadinismo, de las que él es guardián.