Las celebridades que descansan en lugares religiosos de Granada

Sepulcro de los Reyes Católicos en la Capilla Real./CARLOS P. DE COSO
Sepulcro de los Reyes Católicos en la Capilla Real. / CARLOS P. DE COSO

Los restos mortales de un centenar de celebridades históricas reposan en el suelo sagrado de los santuarios, claustros e iglesias granadinos

PILAR GARCÍA-TREVIJANOGRANADA

El prior del valle de los Caídos, el benedictino Santiago Cantera, no autoriza el acceso para la exhumación del dictador Francisco Franco, enterrado allí desde 1975. En estos meses de polémica, los familiares han mostrado la intención de trasladar los restos -si hay que hacerlo- a la cripta familiar en la catedral de la Almudena.

El traslado de Franco no es un hecho aislado. En Granada, a lo largo de la historia -reciente y no tan reciente- varias personalidades célebres fueron reubicadas, entre ellos Los Reyes Católicos, Gran Capitán o Mariana Pineda. Con anterioridad al cambio en el Derecho Canónico, en 1787, el monarca Carlos III prohibió las inhumaciones en el interior de los templos para evitar focos epidémicos, pero la Iglesia, en algunos casos, consiguió escapar de la restricción que obligaba la salida de los cuerpos a los cementerios y extramuros de la ciudad y preservaron el lugar de descanso de ciertas personalidades a perpetuidad. Sólo basta dar un paseo por las principales templos, conventos y monasterios de Granada para observar que son muchas los personajes ilustres que reposan en suelo bendito.

María José Collado Ruiz, doctora en Historia del Arte y profesora en la Universidad de Jaén, explica que la reconquista del Reino Nazarí supuso el establecimiento de las prácticas funerarias castellanas, por esta razón se comenzó a enterrar intramuros para diferenciarse así del culto musulmán. Los cuerpos ocupaban el suelo de las Iglesias desde el último trance -a última fila del templo-, hasta los pies del altar, a través de la compra de una sepultura en propiedad o de derechos temporales adquiridos, dependiendo de los recursos económicos de los feligreses. Los más afortunados eran propietarios de capillas y criptas privadas por haber contribuido a la Iglesia con grandes cantidades de dinero o la donación de sus bienes, como la cesión de la capilla mayor de la Iglesia San José a don Pedro de Carrillo Montemayor y su esposa Leonor de Manrique, que proclamaron con una titulatura que utilizarían el lugar para la sepultura de los suyos, o la capilla colateral al presbiterio en propiedad de la familia Martín de Caicedo en San Andrés.

En Santa Ana una lápida recuerda alguno de los entierros ilustres que celebró la capilla, entre los que destaca Francisco Bermúdez de Pedraza o el pintor José Risueño. Los templos fueron la pompa fúnebre de muchos autores, entre los muros de San Miguel descansaron insignes artistas locales como el pintor Anastasio Bocanegra, Juan de Sevilla, el escultor Diego de Mora, Agustín de Vera y Moreno y Felipe González. También la capilla de nuestra señora del Socorro en San Ildefonso fue propiedad del jurado Pedro Martínez y sus hijos, al igual que lo fue el Colegio San Justo y Pastor de la familia de López de Fonseca. Del paso de estos granadinos ilustres tan sólo quedan lápidas en recuerdo, escudos familiares y retratos, en gran parte por las reformas en los templos y el remozado de las solerías que provocó que las sepulturas que no se habían reubicado con la prohibición de las inhumaciones se vaciaran. Sin embargo, hay algunos que conservan el privilegio de estar enterrados en sagrado: la Iglesia de Santo Domingo, Perpetuo Socorro, la Catedral, San Pedro y Pablo... son muchos los ejemplos, algunos más llamativos que otros. En la Catedral de Granada la Duquesa de Galatino conserva su derecho a ser enterrada allí, al igual que los descendientes de Domingo Pérez Herrasti, que tienen su propio espacio en la Iglesia de San Pedro y San Pablo.

Recompensa a la santidad

Los templos granadinos custodian relicarios y fieles encaminados a la santidad. La Iglesia del Perpetuo Socorro alberga los restos del sacerdote redentorista Francisco Barrecheguren y su hija desde la década de los 90, ambos en proceso de canonización. A escasos metros en la basílica de San Juan de Dios yace el santo que le dio nombre al templo. El ilustre enfermero portugués conserva el afecto de todos los granadinos y visitantes que cinco siglos después guardan cola para venerarlo. Además de los restos del santo, la momia de San Feliciano y 190 reliquias santorales cedidas por el Vaticano, descansan en el suelo fray Alonso de Jesús y Ortega, prior del hospital y general perpetuo de toda la Orden, que remodeló el edificio y otros primeros hermanos hospitalarios. Sus tumbas se reubicaron dentro de la basílica tras la reforma de 2013 y pasaron de estar en la entrada del templo a situarse en las inmediaciones del altar. También la Abadía del Sacromonte aguarda los cuerpos de los religiosos que murieron en el recinto, entre los que destaca Don Pedro de Castro, enterrado en la cripta de la colegiata. Por último, pero no menos importante, el santuario-museo de Fray Leopoldo es el centro de la peregrinación en la ciudad. Los restos mortales del beato yacen en el monumento edificado en su honor.

Sin embargo, compartir suelo sagrado ha dejado de ser un privilegio reservado para unos pocos. Cada vez son más los templos que ofrecen espacio en sus criptas y columbarios para el resto de los mortales. El Perpetuo Socorro alberga una cripta para depositar las cenizas de los difuntos. Además del santuario, la iglesia del convento de San Antón de las Hermanas Clarisas Capuchinas y la iglesia de Santo Tomás de Villanueva venden columbarios para que los fieles depositen sus cenizas. Una práctica en extensión que requiere el desembolso de una media de 2.750 euros para las urnas individuales y más de 8.000 euros para nichos familiares.

Traslados menos polémicos

Isabel de Castilla y Fernando de Aragón descansaron en la cripta del convento de San Francisco de la Alhambra de forma temporal y una vez finalizada la construcción de la Capilla Real, sus restos mortales, junto con los de Juana y Felipe, fueron trasladados. Lo mismo pasó con Mariana Pineda, la libertaria contraria al régimen absolutista de Fernando VI que fue ejecutada con el método de garrote vil en 1831. Su cuerpo se depositó en el cementerio de Almengor hasta que el Ayuntamiento de Granada metió sus restos en una urna de nogal durante dos décadas. Más tarde, tras recibir el título de Heroína de la Libertad, se le concedió un lugar en la cripta de la catedral en 1856, donde también descansan Alonso Cano. La capilla mayor del Monasterio de San Jerónimo fue el lugar escogido para trasladar los cuerpos del Gran Capitán y su esposa desde la Casa Grande del Convento de San Francisco en 1522.

 

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